sábado, 17 de enero de 2026

La tensión entre Memoria, Identidad y Reparación

"La tensión entre Memoria, Identidad y Reparación", es un ensayo crítico de Fernando Pequeño (enero de 2026) que establece un diálogo reflexivo con la obra de la académica y ex presa política Gladys Estela Loys. El texto analiza el ensayo de Loys publicado en las Memorias del XI Coloquio Latinoamericano y Caribeño de Educación en Derechos Humanos (2025).

El escrito comienza con una declaración de principios sobre el género, subrayando que el término "preso político" debe ser inclusivo y abrazar las diversidades sexogenéricas (LGBT) históricamente marginadas. Se destaca el respeto por la labor de Loys, quien, a pesar de su gran autoridad moral, aboga explícitamente por la horizontalidad y lo colectivo, rechazando ocupar lugares de centralidad heroica.

El núcleo del ensayo aborda tres ejes fundamentales:

  1. La Paradoja del Reconocimiento Estatal: Se analiza la contradicción de los ex presos al repudiar al Estado como ente opresor mientras, simultáneamente, dependen de él para obtener un reconocimiento que revierta su "muerte civil". El autor advierte que las leyes indemnizatorias son insuficientes si no restituyen la dignidad de la lucha política.
  2. La Dimensión del Trauma y la Identidad: Pequeño plantea una observación profunda sobre la relación entre el dolor y la investigación académica. Sugiere que existe el riesgo de que el trauma se convierta en el único fundamento de legitimidad, lo cual podría fijar a los sujetos en una recurrencia del dolor pasado, obstaculizando una "reparación plena".
  3. La Emancipación Descentrada del Estado: El texto propone una autonomía que no dependa del reconocimiento oficial. Sin embargo, advierte que esta descentralización puede generar nuevas jerarquías internas basadas en el "prestigio del sobreviviente" o en la densidad del testimonio.

El ensayo concluye que la verdadera emancipación requiere que el colectivo se encuentre en la potencia del presente, rompiendo el "círculo trágico del trauma" para que la herida no sea el único eje organizador de la identidad política. Es, en esencia, un llamado a una soberanía subjetiva que trascienda la mirada del Estado.