sábado, 8 de agosto de 2026

Soberanías del secreto, cuerpos que no callan

Bajo el título "El género en la encrucijada y la necesidad de un diálogo interdisciplinar", la Mesa 3 del Congreso de Filosofía UNSa 2026 reunió ocho ponencias que recorrieron, en una misma mañana, la mitología clásica, la teoría queer, el derecho penal, el capitalismo de plataformas y la vigilancia digital. Sobre un eje mayoritariamente centrado en la denuncia de las asimetrías patriarcales, la propuesta de Fernando Pequeño Ragone —"Soberanías del secreto: mandos afectivos y vigilancia en el Departamento de Anta"— introdujo un descentramiento: desplazó la mirada de la víctima del dispositivo de poder hacia las micropolíticas con que el deseo y la masculinidad rural lo eluden, defendiendo el secreto como tecnología legítima de protección frente a la transparencia neoliberal. El recorrido —de Filomela y el telar mudo a los algoritmos de la manósfera, pasando por el desmantelamiento del Ministerio de las Mujeres— compone un diagnóstico de época: mientras las políticas públicas de género retroceden, la violencia digital se expande como su reverso tecnológico, y la universidad pública insiste en sostener la pregunta por los cuerpos que la historia continúa intentando silenciar. 


Soberanías del secreto, cuerpos que no callan

Notas sobre la Mesa 3 de Género en las XX Jornadas de Filosofía del NOA
Congreso de Filosofía UNSa 2026 — Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Salta

 

Contenidos

I.Una mesa dentro de un congreso: el marco institucional

II.El eje matriz de la mesa y el descentramiento que propone Pequeño Ragone

III.Las ocho exposiciones: un recorrido

1.Genealogía del silencio y sororidad radical en la Antigüedad

2.Micropolítica del deseo y descolonización del inconsciente

3.Jerarquías ontológicas y el cuerpo negro feminizado

4.El amor romántico en la red: vigilancia y nuevos mitos

5.Epistemologías de la incomodidad y poder en el territorio

6.Acoso sexual y asimetría epistémica en la Universidad

7.El desmantelamiento de las políticas de género en Argentina

8.Metafísica del odio y la manósfera

IV.A modo de cierre: pensar el género en tiempos de repliegue

 

Sintesis auditiva


I. Una mesa dentro de un congreso: el marco institucional

Entre el 5 y el 7 de agosto de 2026, la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta fue sede de las XX Jornadas de Filosofía del NOA, bajo el título “Filosofía, Universidad y Región: problemáticas y desafíos”. Son dos décadas de continuidad institucional colocan a estas jornadas entre los espacios más estables de producción filosófica del norte argentino, un ámbito donde la disciplina no se practica como ejercicio abstracto sino como intervención situada sobre los problemas de una región concreta. Es en ese marco —regional, universitario, acumulado en el tiempo— donde se inscribe la Mesa 3, dedicada al género, desarrollada la mañana del viernes 7 de agosto en el anfiteatro O bajo el título “El género en la encrucijada y la necesidad de un diálogo interdisciplinar”.

El título de la mesa merece detenerse un instante, porque anuncia dos operaciones distintas y las funde en una sola convocatoria. “La encrucijada” supone una crisis o un cruce de caminos: el género, dice el título, no es un campo resuelto sino un nudo problemático que exige decisiones. Y “el diálogo interdisciplinar” propone el método para transitar esa encrucijada: ninguna disciplina aislada —ni el derecho, ni la filosofía clásica, ni la sociología digital— alcanza para dar cuenta de un fenómeno que atraviesa la mitología antigua, las políticas públicas contemporáneas y los algoritmos de las redes sociales al mismo tiempo. Ocho ponencias, presentadas en dos sesiones consecutivas, respondieron a ese llamado con una amplitud de registros que va de la filología clásica al análisis de encuestas sobre vínculos digitalizados, pasando por la filosofía política, la teoría queer, el derecho penal y la crítica al capitalismo de plataformas.

II. El eje matriz de la mesa y el descentramiento que propone Pequeño Ragone

La línea matriz que organiza el conjunto de las ponencias se articula, mayoritariamente, en torno a la denuncia y el análisis de las asimetrías, las opresiones y las instituciones patriarcales que subordinan o invisibilizan a la mujer y a lo femenino. Las exposiciones recorren un eje eminentemente defensivo y crítico frente a la sujeción: la revisión filosófico-histórica del silenciamiento y la exclusión —presente en los trabajos sobre la mitología clásica y la herencia platónica—, la opresión estructural o la falta de derechos en sectores específicos, y la respuesta ante las dinámicas de poder institucional, digital o estatal que se despliegan en las ponencias sobre vínculos románticos en red, políticas públicas de género y violencia política digital.

Sobre ese fondo compartido, la propuesta que Fernando Pequeño Ragone introdujo —bajo el título original “Soberanías del secreto y picadas del deseo: una epistemología de la incomodidad frente a la vigilancia patriarcal-capitalista en el NOA”— genera una tensión epistemológica y política concreta con el eje hegemónico de la mesa. No se trata de una tensión de oposición frontal, sino de lo que cabría llamar un descentramiento: mientras el grueso de las exposiciones aborda el impacto directo del dispositivo de poder patriarcal sobre las mujeres y las corporalidades feminizadas, la ponencia de Pequeño Ragone desplaza el foco hacia los modos en que el deseo y la masculinidad o subjetividad local negocian, eluden o fisuran ese mismo control. Expresiones como “soberanías del secreto” y “picadas del deseo” —esta última tomada del léxico rural, donde la picada nombra el sendero angosto que atraviesa el monte— señalan un abordaje territorial e informal en el que el sujeto no solo padece la norma patriarcal, sino que habita zonas de opacidad, de “incomodidad”, sustraídas al ojo vigilante del sistema.

El segundo movimiento de ese descentramiento es de orden epistemológico: mientras trabajos como los dedicados al desmantelamiento institucional de las políticas de género, a la opresión estructural o a las dinámicas universitarias analizan marcos del derecho, de la universidad o de las políticas públicas, Pequeño Ragone propone una “epistemología de la incomodidad” radicada específicamente en el NOA. Ello interpela de manera directa a las teorías de género más tradicionales, en la medida en que no se limita a un análisis del daño o de las políticas institucionales de reparación, sino que indaga en las complejidades, las contradicciones y las territorialidades propias de los varones y las subjetividades que transitan la vigilancia patriarcal-capitalista en la región.

Cabría subrayar, con todo, que esta tensión no clausura el diálogo interdisciplinar que la mesa se propuso como programa, sino que lo exige con mayor urgencia. Al introducir las fisuras del deseo y la vigilancia desde un enfoque crítico de la masculinidad y de lo cotidiano en el NOA, el trabajo de Pequeño Ragone demanda que ese diálogo no se reduzca únicamente al estudio de las consecuencias del patriarcado sobre la mujer, sino que incorpore, de manera urgente, las dinámicas del sujeto que sostiene, padece o distorsiona el propio mandato de masculinidad. En ese sentido, la ponencia funciona menos como una objeción externa que como un pliegue interno de la misma pregunta que convocó a la mesa.

III. Las ocho exposiciones: un recorrido

La jornada estuvo articulada, en su conjunto, por una tensión ontológica de fondo: la dialéctica entre los dispositivos de captura —institucionales, mitológicos y algorítmicos— y aquellas potencias de fuga que emergen desde la subalternidad para reclamar el derecho a la existencia. Lo que allí se puso en juego fue, en última instancia, la capacidad de la filosofía para desnaturalizar las estructuras de dominación que, bajo el velo de la transparencia digital o de la tradición clásica, persiguen la domesticación de los cuerpos. Ese hilo conductor permite recorrer, ponencia por ponencia, un arco que va de la Antigüedad clásica a los algoritmos contemporáneos.

1. Genealogía del silencio y sororidad radical en la Antigüedad

La primera ponencia, titulada “La voz del telar: dispositivos de poder y huelga ontológica en la mitología clásica”, recurrió a la “caja de herramientas” teórica de la filósofa argentina María Cecilia Colombani, articulada con la matriz genealógica de Michel Foucault, para desmenuzar la violencia soberana en la Antigüedad. El análisis de los mitos de Filomela e Iole reveló que la violación y la mutilación de la lengua no constituyen desórdenes individuales, sino un suplicio anatomopolítico destinado a garantizar el monopolio de la palabra oficial, reduciendo la feminidad a la mudez del oikos.

Un punto de inflexión analítico particularmente fecundo fue el debate sobre la violencia epistémica alojada en la traducción del latín. Se discutió cómo la interpretación de la partícula “ut + subjuntivo” —como cláusula concesiva o como cláusula final— altera radicalmente la percepción del poder en juego: mientras una traducción tradicional centra la agencia en la primacía de Hércules, una lectura crítica permite vislumbrar el silencio de Iole como una forma de resistencia imperturbable. Frente a la clausura del logos emerge así la noción de “huelga ontológica”: una sustracción activa que bloquea al opresor. El telar de Filomela reconvierte, en esta lectura, la techné en un contradiscurso material que funda una sororidad radical, fracturando el canon biopolítico a través de lo que la ponencia denominó infanticidio genealógico. En el intercambio con el público se destacó, además, la figura de Baco o Dioniso como el “dios sin forma”, cuyo éxtasis permite que el cuerpo escape a su estatuto de botín o de procreador, fracturando la estabilidad de la física antigua para proponer una ética del desborde.

2. Micropolítica del deseo y descolonización del inconsciente

María Bernardita Bencenialvo presentó “Lo torcidito: la potencia creadora frente al capitalismo mundial integrado”, a partir del análisis de la obra de la actriz trans Eva Parra. Aplicando las categorías de Gilles Deleuze, Félix Guattari y Suely Rolnik, la exposición cartografió la micropolítica del deseo y denunció cómo el Capitalismo Mundial Integrado opera mediante lo que la ponencia llamó el “caifaceo de la pulsión vital”: un proceso que despoja a la creación de su destino ético para transformarla en mera creatividad mercantilizada. El sistema busca, en esta lectura, “enderezar lo torcido” o directamente extirparlo, imponiendo una rufiantización de la subjetividad.

La ponencia distinguió tres sentidos de la cultura —cultura-valor, de carácter segregatorio; cultura-alma, de carácter aislante, y cultura-mercancía, de carácter serializado— y presentó el “devenir-mujer” y el “devenir-homosexual” como líneas de fuga que desafían el palocratismo dominante. Un momento de particular tensión política fue la referencia al registro de la obra de Eva Parra en el Instituto Nacional del Teatro, donde la burocracia institucional borra su identidad de género al inscribirla bajo su nombre de varón, evidenciando que la institución continúa operando como un espacio patriarcal que neutraliza la potencia creadora. La exposición concluyó con un llamado a la descolonización del inconsciente, como condición para evitar que la singularidad quede confinada en guetos.

3. Jerarquías ontológicas y el cuerpo negro feminizado

Bárbara desarrolló “Más allá del icono: simulacros y zonas de no-ser en la herencia platónica”, una crítica radical a la ontología platónica en La República. La ponencia sostuvo que la distinción entre iconos —copias legítimas— y simulacros —fantasmas que quiebran la correspondencia con la idea— constituye la piedra angular de las exclusiones políticas contemporáneas, en la medida en que la dialéctica platónica funciona como un ejercicio de purificación orientado al triunfo de la semejanza sobre la diferencia.

Recuperando a Frantz Fanon, la expositora analizó cómo esa jerarquía condena al cuerpo negro feminizado a lo que denominó la “región del no-ser”. El ideal de “blanquitud” opera, en esta lectura, como criterio de humanidad que desplaza lo racializado hacia lo defectuoso, convirtiendo la reproducción en un laboratorio de blanqueamiento destinado a que la descendencia habite la zona del ser. La interacción con el público subrayó, además, la epistemología de la corporalidad presente en la gestualidad de la propia expositora —cuya impronta evocó, para parte de la audiencia, la figura de Dora Barrancos—, mostrando que el cuerpo habla allí donde el logos intenta callar. La conclusión formuló un imperativo ético: romper con la economía afectiva del amo e inventar formas de vida que escapen al veredicto ontológico de Occidente.

4. El amor romántico en la red: vigilancia y nuevos mitos

Marina Coronado y María de la Paz Porcar presentaron “Vínculos datificados: la persistencia del mito romántico en los entornos digitales del NOA”, basada en un relevamiento estratégico de ciento treinta y ocho encuestas realizadas en Salta y Jujuy. La ponencia expuso la persistencia de los mitos románticos, ahora virtualizados bajo nuevas herramientas de control: aunque el discurso formal de las y los encuestados pregona la “deconstrucción”, las prácticas relevadas revelan una profunda ansiedad ante el ghosting y una presión por la espectacularización de la pareja en redes sociales como forma de validación del afecto.

El análisis destacó cómo el sistema neoliberal opera una erradicación de la vulnerabilidad, transformando el amor en una transacción de visibilidad o en un riesgo que el algoritmo debe gestionar. El control se desplaza, en esta descripción, hacia la vigilancia de la última conexión y la ubicación compartida, creando una identidad digital de pareja que funciona como una nueva forma de subordinación. Las redes, concluyeron las expositoras, no han eliminado el mito romántico: lo han dotado de una infraestructura de vigilancia que mercantiliza la intimidad y penaliza la opacidad afectiva.

5. Epistemologías de la incomodidad y poder en el territorio

Fernando Pequeño Ragone presentó “Soberanías del secreto: mandos afectivos y vigilancia en el Departamento de Anta”, introduciendo la noción de “epistemología de la incomodidad” y recurriendo al uso de modelos de inteligencia artificial —Gemini y Claude— como herramientas de asedio analítico para tensionar las estructuras de poder en el Departamento de Anta, en las cercanías del pueblo de Las Lajitas y del Parque Nacional El Rey. El estudio contrastó el mando patriarcal de finca, propio de la organización rural tradicional, con una propuesta de poder basada en el cuidado y la afectividad situada.

La exposición problematizó de manera visceral el límite de la insinuación erótica en relaciones asimétricas —patrón y peón—, advirtiendo que cualquier avance del deseo en esos contextos corre el riesgo de reeditar el llamado “derecho de pernada” (droit du seigneur), una herencia colonial que continúa acechando a los territorios rurales. Asimismo, se defendió el secreto como una tecnología de protección frente a la exigencia de transparencia total propia del neoliberalismo. Esta escala micro se articuló con la macroeconomía de los bonos de carbono, en la que organizaciones no gubernamentales conservacionistas privatizan el territorio y criminalizan a los pobladores locales que van a pescar al río. La conclusión validó la importancia de las “zonas opacas” como defensa frente a un sistema que busca convertir todo cuerpo y todo territorio en un dato administrable.

6. Acoso sexual y asimetría epistémica en la Universidad

Beatriz expuso “La ética académica en jaque: taxonomías del acoso y el fracaso pedagógico”, abordando el acoso sexual como un problema de integridad institucional. Siguiendo la distinción de Catherine MacKinnon, diferenció entre el “quid pro quo” y el “acoso por ambiente” —esta última modalidad capaz de degradar el desempeño sin necesidad de una condición explícita—, y recuperó a Amia Srinivasan para desarmar la noción de consentimiento bajo condiciones de asimetría epistémica: el docente que instrumentaliza la transferencia erótica de la alumna incurre, en esta lectura, en un fracaso pedagógico antes que meramente ético.

La ponencia presentó una taxonomía del “profesor lascivo”, distinguiendo entre el acosador público —caracterizado como “el buen tipo”— y el privado —el conservador que utiliza el atril como barrera—, y señaló roles específicos como el del “seductor intelectual”, que se sirve de contenidos de humanidades o de psicología para extraer vulnerabilidades. El debate posterior reafirmó que la igualdad de género no constituye una formalidad administrativa, sino la condición misma de posibilidad de la vida académica, exigiendo que la energía erótica sea redirigida hacia el conocimiento y no hacia la apropiación personal.

7. El desmantelamiento de las políticas de género en Argentina

Gabriela Gaspar desarrolló “Del Ministerio a la resistencia: retrocesos institucionales y violencia política digital”, analizando el impacto del cambio de gobierno de diciembre de 2023, caracterizado por la desaparición del Ministerio de las Mujeres y el desmantelamiento de programas como el Acompañar y la Línea 144. Este retroceso institucional deja a las mujeres, sostuvo la exposición, en un desamparo material absoluto, en la medida en que la autonomía física resulta imposible sin autonomía económica.

La ponencia denunció, además, la emergencia de una “muerte civil” digital: un hostigamiento organizado —doxeo, troleo— destinado a silenciar a mujeres políticas y periodistas. Esa violencia política digital atenta contra la pluralidad democrática al forzar el retiro de las voces disidentes del debate público. En el plano local, se alertó sobre la fragilidad de la paridad de género en Salta, advirtiendo que, sin representatividad real en las cabezas de lista, los marcos normativos se vuelven letra muerta frente a un sistema que utiliza la virtualidad para anular la disidencia.

8. Metafísica del odio y la manósfera

La ponencia de cierre, a cargo de Luisa Sánchez junto a un colega, se tituló “Algoritmos de la reacción: la manósfera y la capitalización del malestar masculino” y definió la “metafísica del odio” como la anulación de la otredad al servicio de la sostenimiento de una identidad colectiva. El foco se puso en la manósfera —incels, MGTOW—, comunidades que capitalizan la soledad de los varones jóvenes, y se destacó el papel ideológico de Peter Thiel y de un ecosistema de Silicon Valley reaccionario y anarcocapitalista, orientado a predecir y monetizar el comportamiento humano a través de lo que la ponencia denominó el “Gemelo Digital Social”.

Este sistema, sostuvieron los expositores, no solo promueve la misoginia organizada, sino que ofrece una narrativa de victimización masculina frente al avance de derechos. La conclusión subrayó que la manósfera constituye el brazo digital de un patriarcado renovado que se sirve de algoritmos para restablecer un orden natural percibido como vulnerado, enfatizando la necesidad urgente de una alfabetización digital que permita a los varones gestionar su afectividad por fuera de los esquemas del odio organizado.

IV. A modo de cierre: pensar el género en tiempos de repliegue

Leída en conjunto, la Mesa 3 no puede desprenderse del contexto político en el que se celebró. Sus propias ponencias lo hicieron explícito: el análisis de Gabriela Gaspar sobre la desaparición del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, el desmantelamiento del programa Acompañar y de la Línea 144, así como la fragilidad de la paridad de género en Salta, describen un escenario de repliegue institucional que no es un telón de fondo abstracto, sino la condición material sobre la que se produjo cada una de las ocho exposiciones. En ese sentido, cabría sostener que la mesa funcionó, en la aula universitaria, como una suerte de contrapeso discursivo frente a la retracción de las políticas públicas de género en la Argentina contemporánea: allí donde el Estado retira estructuras de protección y financiamiento, la universidad pública —y particularmente un espacio como este, sostenido durante veinte ediciones— retiene y produce marcos conceptuales que permiten nombrar lo que las políticas dejan de nombrar.

El segundo emergente que atraviesa transversalmente la jornada es el de la violencia digital, presente no como un tema aislado en una única ponencia sino como un hilo que conecta casi la totalidad de las exposiciones de la segunda sesión. Los vínculos datificados y la vigilancia de pareja que describieron Coronado y Porcar, la muerte civil digital y el doxeo que denunció Gaspar, la manósfera y el Gemelo Digital Social que analizaron Sánchez y su colega, y las propias “vigilancia patriarcal-capitalista” y “transparencia totalitaria del algoritmo” que Pequeño Ragone situó en la escala rural del Departamento de Anta, componen entre todas un mapa de un mismo fenómeno observado desde distintas latitudes: la digitalización no ha disuelto las estructuras patriarcales, sino que les ha provisto de una infraestructura nueva, más difusa y más difícil de nombrar que la violencia institucional tradicional, precisamente porque opera bajo la promesa de la transparencia y de la conexión.

Frente a ese doble movimiento —el repliegue de las políticas públicas y la expansión de la vigilancia digital—, podría pensarse que la propuesta de Pequeño Ragone adquiere una relevancia particular, en la medida en que no se limita a describir el fenómeno desde la perspectiva de quien lo padece, sino que ensaya una defensa del secreto y de la opacidad como formas legítimas de resistencia. Esta hipótesis, cabe advertirlo, no está exenta de tensión: la reivindicación del secreto en contextos de asimetría —como el vínculo patrón-peón que la propia ponencia problematiza— exige un cuidado analítico constante, ya que la misma opacidad que protege a un sujeto de la vigilancia estatal o corporativa podría, en otras condiciones, encubrir relaciones de poder no resueltas. El propio expositor pareció ser consciente de ese riesgo al advertir explícitamente sobre la posible reedición del derecho de pernada, lo cual sugiere que su propuesta no busca una defensa incondicional del secreto, sino una distinción situada entre la opacidad que protege y la opacidad que encubre.

En la síntesis final que cerró la jornada se sostuvo que el silenciamiento de los cuerpos sigue siendo el cimiento del poder político, pero que la alianza colectiva encuentra siempre fisuras para hacer estallar el monopolio de la palabra oficial. Frente a la transparencia totalitaria del algoritmo y la vigilancia digital, se afirmó, la universidad pública se reafirma como el espacio donde “el secreto” y “lo opaco” operan como mecanismos de defensa legítimos para las subjetividades subalternas. Sin pretender zanjar aquí una discusión que las propias ponencias dejaron abierta, puede decirse que la Mesa 3 del Congreso de Filosofía del NOA 2026 documenta, con la diversidad de sus ocho voces, un mismo diagnóstico de época: en un momento en que las políticas públicas de género retroceden y la violencia digital se expande como su reverso tecnológico, el pensamiento crítico producido desde una universidad regional del norte argentino insiste en sostener, entre el mito clásico y el algoritmo contemporáneo, la pregunta por los cuerpos que la historia —y la actualidad— continúan intentando silenciar.



miércoles, 5 de agosto de 2026

Soberanías del secreto. Ensayo Congreso Filosofía UNSa 2026

Este ensayo propone una epistemología de la incomodidad para analizar la gestión de tierras y las masculinidades rurales en el Noroeste argentino. El autor utiliza su propia experiencia administrando una finca en Salta para cuestionar los mandatos patriarcales de autoridad y propiedad heredados de su linaje. A través de un enfoque interdisciplinario, el texto examina cómo el secreto actúa como una herramienta de protección para sujetos subalternos frente a la vigilancia del capital. Asimismo, vincula estas tensiones domésticas con problemas de mayor escala, como el neoliberalismo de la conservación y el control corporativo del territorio. Finalmente, la obra defiende la memoria histórica y los vínculos afectivos como formas legítimas de habitar la tierra sin replicar lógicas de dominación tradicionales.

XX Jornadas de Filosofía del NOA, la Mesa 3 se ubica el día viernes 7 agosto, de 9 a 12,30hs, en el Anfiteatro P (Sector de Aulas Norte).

Sintesis 


Ver el ensayo completo aqui. 


Soberanías del secreto y picadas del deseo: una epistemología de la incomodidad frente a la vigilancia patriarcal-capitalista en el NOA

Ponencia en las XX Jornadas de Filosofía, U N Sa. Mesa N° 3. XX Jornadas de Filosofía del NOA, la Mesa 3 se ubica el día viernes 7 de agosto, de 9 a 12,30hs, en el Anfiteatro P (Sector de Aulas Norte).


¿Puede el secreto ser una forma de cuidado, y no de sometimiento? Esta ponencia parte de un caso situado en el monte de Anta —la gestión cotidiana de una finca familiar— para pensar cómo se reconfiguran las masculinidades rurales del NOA cuando el mando heredado del padre ya no alcanza, y cuando la opacidad, antes que la transparencia obligatoria, se vuelve una estrategia de resguardo frente a la vigilancia patriarcal. El argumento no se detiene ahí: la misma lógica que exige volver legible todo deseo, todo vínculo, toda práctica que escapa a la clasificación, reaparece —a otra escala— en la conservación ambiental neoliberal, que necesita "limpiar" el territorio de presencia humana para capturar su valor financiero, incluso apoyándose en las fuerzas de seguridad provinciales.

Se invita especialmente a colegas que trabajan sobre conservación ambiental, extractivismo y ecología política, y a quienes investigan género y masculinidades, a un debate que no busca cerrar la tensión entre cuidado y poder, sino sostenerla a la vista: ¿qué territorios —familiares, corporales, comunitarios— seguimos exigiendo que se vuelvan transparentes, y a qué costo? Los esperamos en la Mesa 3 de las XX Jornadas de Filosofía del NOA para pensarlo juntos.

Sintesis auditiva


Sintesis visual


El ensayo académico

Soberanías del secreto y picadas del deseo

Una epistemología de la incomodidad frente a la vigilancia patriarcal-capitalista en el NOA

Fernando Pequeño Ragone

XX Jornadas de Filosofía del NOA — Mesa 3: El género en la encrucijada y la necesidad de un diálogo interdisciplinar

asistido por Gemini Notebook, Gemini Pro y Claude IA
A cerca de mi escritura asistida con IA.

 

Contenidos:

1.Introducción: objetivos, fundamentos y el método de una epistemología incómoda

2.La espacialidad: Los Pozos, Anta y el monte como texto

3.Los interlocutores del informe

4.Desarrollo

4.1Nombrar el monte: la topografía lingüística como aparato de poder

4.2El mando que no alcanza: R., C. y las dos gramáticas de la autoridad

4.3El vaso lleno: Elsa y el habitus de la gratitud

4.4El secreto como tecnología del cuidado

4.5La insinuación y su límite: una tensión que la epistemología no cierra

4.6Habitar al padre: nombre, cuerpo y memoria

5.Extensión: de la picada del monte al cercamiento verde — la herida neoliberalde la conservación

6.Conclusión: el valor del encuentro

Referencias

 

1. Introducción: objetivos, fundamentos y el método de una epistemología incómoda

Este ensayo parte de un problema que no admite resolución cómoda: ¿cómo se administra un territorio familiar —una finca de aproximadamente cuatro mil hectáreas en el departamento de Anta, provincia de Salta— sin repetir mecánicamente el mandato patriarcal que ese mismo territorio parece exigir como condición de legitimidad? La pregunta no es retórica ni meramente autobiográfica: es, ante todo, una pregunta metodológica sobre qué clase de conocimiento puede producirse desde el cuerpo propio del investigador cuando ese cuerpo está, además, atravesado por el deseo, el linaje y la propiedad.

El objetivo de esta ponencia es doble. Por un lado, presentar un caso empírico —la gestión cotidiana de la finca Los Pozos y su comparación con la vecina Estancia González— como un laboratorio situado para pensar las masculinidades rurales del Noroeste argentino, la función del secreto y la reconfiguración del mando más allá de la orden vertical heredada del padre. Por otro lado, extender esa misma gramática crítica —la de la vigilancia, la transparencia obligatoria y el secreto como recurso de quienes son subalternizados— hacia un problema de escala mayor: la conservación ambiental neoliberal y su alianza con las fuerzas de seguridad provinciales, tal como se ha documentado en el propio departamento de Anta (Pequeño Ragone, 2026d).

El fundamento metodológico de este cruce es lo que llamo, siguiendo un entramado de referencias que se dejan interpelar entre sí, una epistemología de la incomodidad. Tres operaciones la sostienen. En primer lugar, la sublimación freudiana (Freud, 1930/1992), entendida no como represión sino como redirección: el prejuicio y el juicio moral inmediato del investigador frente a lo que observa en su propio territorio se posponen —no se anulan— para dar lugar a la comprensión. En segundo lugar, el asedio deconstructivo de raíz derridiana (Derrida, 1967): la insistencia en no domesticar lo inasimilable, en dejar que la contradicción entre el ensayo teórico y la práctica de campo permanezca visible en vez de resolverse en una síntesis apresurada. En tercer lugar, la advertencia spivakiana sobre la violencia epistémica (Spivak, 1988): el riesgo, siempre latente en cualquier etnografía del propio territorio, de hablar en nombre del subalterno o de reducir su experiencia a mera ilustración de la tesis del investigador. A esto se suma una cuarta operación, la noción de inmanencia: la comprensión de que el deseo y la pulsión se transforman en el propio terreno de sus prácticas, sin necesidad de apelar a mandatos trascendentes que vengan a autorizarlos o condenarlos desde afuera.

Esta tríada metodológica exige, sin embargo, una advertencia que planteo desde el inicio y que sostendré a lo largo de todo el texto: una epistemología que se declara incómoda no puede permitirse estar cómoda consigo misma. Si el asedio deconstructivo se ejerce con rigor contra las estructuras de poder ajenas —el patrón terrible, el mando ausente del hermano, la corporación que financia a la policía provincial—, ese mismo asedio debe poder volverse sobre la posición de enunciación de quien escribe. Este ensayo no resuelve esa vuelta reflexiva mediante una afirmación tranquilizadora de la propia virtud; la sostiene, deliberadamente, como pregunta abierta, y la retoma de manera explícita en el apartado 4.5.

2. La espacialidad: Los Pozos, Anta y el monte como texto

Anta es, ante todo, un departamento hecho de distancias. Las hectáreas de monte chaqueño-salteño que componen la finca Los Pozos separan a la casa principal de Las Lajitas, el pueblo más cercano, y esa distancia física —recorrida en camioneta, a pie por picadas abiertas por trabajadores cuyo nombre rara vez figura en los títulos de propiedad, o a caballo, según quién la transite— es también una distancia de clase, de lenguaje y de mando. El monte no es, para quien lo administra, un paisaje contemplable: es una topografía productiva, cuadriculada por represas, potreros, alambrados y rodeos que llevan nombres criollos —el rodeo de los quebrachos, la represa de la Matilde, el potrero de la bomba— que operan como un capital simbólico cerrado (Bourdieu, 1980). Nombrar el territorio con esa nomenclatura equivale, en el habitus rural del NOA, a poseerlo; no nombrarlo, o nombrarlo desde otro registro, es quedar posicionado, al menos provisoriamente, en su periferia.

A esa espacialidad productiva se le superpone otra, comparativa, que este ensayo incorpora deliberadamente: la de la vieja casa de la Estancia González, próxima al Parque Nacional El Rey, donde un asado compartido en julio de 2026 funcionó como un segundo campo de observación (Pequeño Ragone, 2026c). Ambas fincas comparten una misma gramática espacial: la casa como centro simbólico del mando antiguo, el corral como centro de una gestión que aspira a ser eficiente y ya no solo heredada (Pequeño Ragone, 2026c). Esa duplicación del escenario no es un recurso decorativo: permite comprobar que las tensiones descritas aquí no son anecdóticas de una sola familia, sino un patrón regional de la administración territorial de muchas familias y explotaciones en el NOA rural.

Finalmente, esta espacialidad se amplía, en el penúltimo apartado de este ensayo, hacia una escala departamental y provincial: la de un predio sobre el curso del Río Seco donde la misma lógica de cuadriculación y vigilancia del territorio se ejerce ya no en clave familiar, sino corporativa y estatal (Pequeño Ragone, 2026d).

3. Los interlocutores del informe

El corpus que sostiene este ensayo articula un diario personal de más de cuarenta años con conversaciones etnográficas registradas en el campo. De ese archivo se desprenden cinco posiciones que se desarrollan extensamente en el cuerpo del texto.

R., hermano del autor, encarna el modelo de mando heredado del padre pero ejercido desde la distancia: la orden dictada por mensaje de texto desde la ciudad, la autoridad que se reclama sin la presencia física que la sostenía en la generación anterior.

Los trabajadores locales de la finca —jóvenes vinculados a través de redes de recomendación vecinal, con quienes el autor comparte tareas cotidianas de traslado, alimentación y trabajo de campo— constituyen una segunda posición, deliberadamente presentada aquí de manera colectiva y no individualizada. Esta decisión no es solo metodológica: la posición estructural de subalternidad económica de estos trabajadores exige un resguardo de su identidad que excede la prolijidad académica y se vuelve, en sí misma, objeto de reflexión en el apartado 4.4.

C., vecino y finquero baqueano de la Estancia González, funciona como el "guardián de la memoria": su vínculo con el territorio es corporal antes que discursivo, y su presencia en el asado de julio de 2026 ofrece un contrapunto generacional al mando ausente de R.

Elsa, vecina de Los Pozos, introduce una cuarta posición: la de un habitus agrario que no nombra primero la opresión sino la gratitud, y que desestabiliza —productivamente— la propia disposición crítica del autor (Pequeño Ragone, 2026a).

Finalmente, el padre del autor —fallecido— y su abuelo materno, el Dr. Miguel Ragone, gobernador de Salta desaparecido en marzo de 1976 durante la última dictadura cívico-militar (CONADEP, 1984), constituyen una posición ausente pero estructurante: el territorio de Los Pozos es, en un sentido literal, el cuerpo donde ambos linajes —el productivo y el de la memoria de los derechos humanos— disputan un legado.

4. Desarrollo

4.1 Nombrar el monte: la topografía lingüística como aparato de poder

El primer nudo que este ensayo problematiza es el aparentemente menor: la confesión de no manejar todavía los nombres criollos con que el hermano y los trabajadores locales organizan la espacialidad de la finca. Lejos de ser un dato técnico, esta confesión pone en escena lo que Bourdieu (1980) describió como la dimensión performativa del lenguaje: quien nombra el territorio, lo clasifica y, al clasificarlo, lo posee. El rodeo de los quebrachos o la represa de la Matilde no son topónimos neutros; son un código cerrado que convalida la pertenencia al "varón productivo" y que, para quien no lo domina con soltura, produce una experiencia de extranjería parcial dentro de la propia familia.

Sin embargo, el ensayo sostiene que existe más de una forma legítima de tomar posesión de un territorio. Frente a la cartografía productiva de R. —que nombra el monte según su rendimiento económico y su funcionalidad logística—, se ensaya aquí una cartografía afectiva: caminar la picada a pie, reconocer la loma, seguir el zigzag de un alambrado nuevo, no para dominar el espacio con la lengua criolla de la producción sino para tramitarlo desde la memoria de una infancia transcurrida en el mismo suelo. Esta inversión metodológica —primero andar, después, si se quiere, nombrar— no es un gesto poético: es la primera instancia en que el mando patriarcal, que se ejerce mediante la nomenclatura técnica, encuentra un límite que no proviene de la confrontación directa sino de la sustitución del registro mismo de la posesión.

4.2 El mando que no alcanza: R., C. y las dos gramáticas de la autoridad

El segundo nudo, que atraviesa tanto el registro de Los Pozos como el de la Estancia González, es la crisis de un mando que se ejerce desde la ausencia. R. administra la finca familiar mediante una fórmula que se repite casi textualmente en el testimonio de C. sobre su propia estancia: "hagan, y yo vengo a ver si está hecho" (Pequeño Ragone, 2026c). Esa fórmula resume una autoridad que aspira a heredar el lugar simbólico del padre sin heredar la presencia física que, durante cincuenta años, validó esa autoridad ante los trabajadores.

La literatura sobre sucesión en explotaciones agropecuarias familiares confirma que esta discontinuidad no es un problema anecdótico de una sola familia: la transferencia del uso del patrimonio y de la gestión de la explotación rara vez coincide con la transferencia efectiva del reconocimiento social que legitima el mando (Driver, 2002, como se citó en Instituto Plan Agropecuario, s.f.), y una transición fluida entre generaciones exige procesos de acompañamiento sostenidos en el tiempo, no solo la transmisión formal de un título (Jack et al., 2019, como se citó en VV. AA., 2022). R. recibe el cargo, pero no recibe, todavía, el reconocimiento: confunde el modelo gerencial de sus pares urbanos —con encargados, estructura y distancia profesional— con la realidad de una finca donde, según sostiene también C., la autoridad se valida "con el cuerpo puesto, no con el mensaje enviado" (Pequeño Ragone, 2026c).

Frente a ese mando aséptico, el autor construye —no sin ambivalencia— un modo de coordinación que no elimina la distancia de poder (sería ingenuo pretender una horizontalidad inexistente entre propietario y trabajador) pero que la ejerce desde la previsión y el cuidado antes que desde la reacción al acontecimiento. Cocinar para los trabajadores, trasladarlos, compartir la tarea cotidiana no disuelve la asimetría estructural, pero construye una legitimidad distinta de la del temor al patrón terrible: la de quien aloja, en algún sentido, la subsistencia de quienes trabajan con él. Esta misma dualidad —mando por acontecimiento versus mando por previsión— reaparece en la Estancia González bajo otra forma: allí es la "pirca", la vieja pared de piedra seca levantada por los bisabuelos de C. sin argamasa ni ingeniería, la que condensa metafóricamente la solidez que ambos interlocutores anhelan y que contrastan con la volatilidad presupuestaria del mando ausente (Pequeño Ragone, 2026c).

4.3 El vaso lleno: Elsa y el habitus de la gratitud

No se trata aquí solo de una sospecha crítica sobre la construcción de mando y el modo de habitar la tierra. Elsa Q., vecina de Los Pozos, nombra su relación con la tierra en términos de asombro agradecido antes que de queja: frente a las plantas dañadas por la desidia y el abandono, su respuesta no es la denuncia sino la gratitud por el aire limpio y la fruta al alcance de la mano (Pequeño Ragone, 2026a). Leída desde Bourdieu (1980), esta disposición no expresa ingenuidad sino un habitus distinto: donde el autor, formado en la sospecha institucional, tiende a nombrar primero lo que falla, Elsa nombra primero lo que sostiene.

Este contrapunto es metodológicamente decisivo para la epistemología de la incomodidad que este ensayo propone, porque advierte contra el riesgo, señalado por Spivak (1988), de que la voz teórica del investigador termine sustituyendo por completo las voces situadas que dice recuperar. Elsa no valida ni refuta la lectura crítica sobre el mando patriarcal de la finca; simplemente proviene de otro campo de experiencia y de capital, uno donde la gratitud y el cuidado de lo heredado no son necesariamente síntomas de sumisión, sino una ética agraria con su propia consistencia interna.

4.4 El secreto como tecnología del cuidado

El tercer nudo —y el más denso desde el punto de vista de la teoría de género— es la reconfiguración del secreto. En un territorio como el de Anta, marcado por lo que Segato (2003, 2016) describe como el mandato de la masculinidad —la exigencia de que el varón demuestre constantemente su potencia, su distancia jerárquica y su pertenencia al pacto de virilidad colectiva—, la disidencia sexual y afectiva no siempre puede permitirse la visibilidad sin pagar un costo de estigma o violencia. En ese contexto, el autor sostiene que ocultar y triangular información ante ciertos miembros del entorno familiar, con el fin de resguardar la identidad de trabajadores locales que eligen no hacerse evidentes en su propio territorio, no constituye una complicidad con el clóset sino una tecnología del cuidado: lo que Glissant (1990) llamó el derecho a la opacidad, entendido como la facultad de un sujeto de no ser completamente descifrado por la mirada dominante.

Esta distinción es crucial porque separa dos gestos que, vistos desde afuera, podrían confundirse: el camuflaje del dominador, que oculta su deseo para conservar intacto su estatus ante sus pares sin ceder ningún privilegio, y el resguardo del subalterno, que protege del escrutinio a quien no cuenta con el capital cultural ni la posición social para exponerse sin consecuencias. Desde Bourdieu (1980) y Segato (2003), la asimetría de campo entre el propietario letrado y el trabajador rural hace que la exigencia de una transparencia absoluta —la misma que reclaman, en el registro familiar, el hermano y la vigilancia materna— constituya, en sí misma, una forma de violencia epistémica que Spivak (1988) advirtió al hablar de la imposibilidad estructural de que el subalterno hable en sus propios términos dentro de un dispositivo que no fue diseñado para alojarlo.

4.5 La insinuación y su límite: una tensión que la epistemología no cierra

Llegados a este punto, el ensayo debe volver el asedio deconstructivo sobre sí mismo, tal como anunciamos en la introducción. El material de campo registra, además del secreto como resguardo, una escena de contención erótica: el autor opta, en un encuentro de trabajo con un trabajador local, por la insinuación antes que por el avance físico. El argumento que se ha ensayado hasta aquí —y que no descarto— es que ese gesto desarma, al menos parcialmente, la vieja matriz del "derecho de pernada" patronal: no fuerza el cuerpo del otro, no lo convierte en objeto de una urgencia unilateral, deja al otro intacto como sujeto deseante y no como propiedad disponible.

Pero una epistemología que se llama incómoda pierde su nombre si se detiene ahí, satisfecha de su propia sutileza. Conviene entonces preguntar, con el mismo rigor que este ensayo aplica a R. o a la corporación ambiental del apartado siguiente: ¿alcanza la ausencia de avance físico para neutralizar una asimetría que es, ante todo, estructural y no solo interpersonal? Foucault (1976) mostró que el poder y el placer no son necesariamente antagónicos, sino que suelen estar entrelazados en el mismo dispositivo discursivo; la intención genuina de cuidado no garantiza, por sí sola, que la posición de propietario y empleador deje de operar como marco silencioso de cualquier insinuación, por sutil que sea. Un trabajador económicamente dependiente puede experimentar como difícil de rechazar incluso el gesto más cuidadoso, precisamente porque quien lo insinúa es también quien decide su continuidad laboral. Segato (2003) advirtió que el pacto patriarcal no se sostiene únicamente en los "varones terribles" que ejercen la violencia abierta, sino también en formas más sutiles de apropiación que se legitiman por contraste con esa violencia manifiesta; nada garantiza que la posición de enunciación del propio autor esté exenta, por su autoconciencia teórica, de reproducir alguna variante de ese mismo pacto.

Este ensayo no ofrece, entonces, una resolución tranquilizadora de la tensión, y sostiene que no ofrecerla es más honesto —y más filosóficamente productivo— que forzar una síntesis. La ética de la insinuación sin avance mitiga la asimetría; no la disuelve. Butler (2006) recordó que toda relación ética se construye necesariamente sobre condiciones de vulnerabilidad desigualmente distribuidas, y que reconocer esa desigualdad —en lugar de neutralizarla discursivamente— es la condición misma de una relación que no se engañe sobre su propia estructura de poder. Sostener esta pregunta abierta, en lugar de clausurarla con la autoabsolución de la buena intención, es lo que distingue —o al menos aspira a distinguir— a esta epistemología de la incomodidad del "simulacro de la deconstrucción" que el propio autor ha criticado en otros varones aliados: el riesgo de usar el vocabulario crítico para blindar, en última instancia, la propia posición.

4.6 Habitar al padre: nombre, cuerpo y memoria

El último nudo del cuerpo central de este ensayo desplaza el eje del análisis desde el presente productivo hacia la memoria. La expresión que sintetiza esta capa —"habitarlo a mi papá"— constituye una transgresión sintáctica deliberada: el verbo habitar, que en su uso corriente toma como objeto un espacio, se aplica aquí a una persona. Desde Lacan (1966), esta operación puede leerse como una forma singular de servirse del Nombre del Padre sin subsumirse a su ley: el autor no continúa la ganadería intensiva ni el estilo de la orden distante, pero tampoco rechaza el territorio paterno desde afuera; lo habita desde su propia diferencia, obligando a ese suelo —que en vida del padre jamás lo habría alojado tal como es— a recibirlo en sus propios términos.

Desde Winnicott (1965), el trabajo cotidiano sobre la finca —limpiar un galpón, restaurar un injerto liquidado por el ganado, sostener una relación de cuidado con los trabajadores— puede leerse como una función de sostén: no la eliminación del daño sino la construcción de un entorno suficientemente bueno para que una herida antigua cicatrice sin desorganizar al sujeto. Esta lectura se profundiza cuando se advierte que la finca aloja, además, una memoria histórica que excede lo estrictamente familiar: el abuelo materno del autor, el Dr. Miguel Ragone, gobernador de Salta, fue secuestrado y desaparecido en marzo de 1976 durante la última dictadura cívico-militar argentina (CONADEP, 1984). Habitar el territorio de Los Pozos es, entonces, también un acto de memoria situada: el linaje productivo que representan el padre y el hermano convive, en el mismo suelo, con un linaje de la memoria, la verdad y la justicia que la propia biografía familiar no puede disociar del ejercicio cotidiano del mando sobre la tierra.

5. Extensión: de la picada del monte al cercamiento verde — la herida neoliberal de la conservación

Las tensiones descritas hasta aquí en clave familiar y territorial no son ajenas a una dinámica de escala mayor que se ha vuelto tangible en el propio departamento de Anta. Scott (1998) describió cómo los Estados modernos —y, cabría agregar, las corporaciones que hoy administran capital ambiental global— dependen de que la realidad social se vuelva "legible": cuadriculable, censable, transparente a una mirada administrativa que no tolera la opacidad de las prácticas situadas. Esta misma exigencia de legibilidad, que en el registro familiar se manifestó como la demanda de transparencia absoluta sobre el deseo y la identidad de los trabajadores, reaparece, en una escala departamental, en el despliegue territorial de fundaciones de conservación que administran entre 17.000 y 20.000 hectáreas sobre el curso del Río Seco (Pequeño Ragone, 2026d).

El caso documentado por el autor en un ensayo previo (Pequeño Ragone, 2026d) resulta ilustrativo: mientras los estatutos de estas fundaciones proclaman la "coexistencia armónica" bajo estándares internacionales de conservación forestal y mercados de bonos de carbono (Verra, s.f., como se citó en Pequeño Ragone, 2026d), la práctica territorial incluyó la denuncia de jóvenes de comunidades vecinas ante la Policía de Salta por realizar pesca de subsistencia, y su posterior detención durante varias horas. Este episodio no es un exceso aislado, sino la expresión concreta de lo que la ecología política ha denominado neoliberalismo de la conservación (Igoe & Brockington, 2006): un modelo que necesita "limpiar" el paisaje de presencia humana para capturar el valor financiero de una naturaleza supuestamente prístina, transformando el sustento cotidiano de las poblaciones locales en un presunto crimen ambiental.

Resulta especialmente significativo, desde la perspectiva de género y poder que organiza este ensayo, que ese mismo entramado corporativo diseñe y financie capacitaciones técnicas para la División Ambiental y Rural de la Policía de la Provincia de Salta en Las Lajitas (Pequeño Ragone, 2026d), en un mecanismo que subordina la doctrina de la fuerza pública a los intereses de administración de "externalidades ambientales" de actores privados con participación directa en sociedades agropecuarias y forestales de la región. La ecuación es, como advierte Svampa (2019), la misma que rige buena parte del extractivismo latinoamericano: a más control corporativo del territorio, menos democracia y menos deliberación comunitaria sobre su destino.

La homología con el núcleo temático de este ensayo no es forzada: en ambos registros —el familiar y el corporativo-estatal— el poder se ejerce exigiendo que lo que escapa a la clasificación (el deseo disidente, la pesca de subsistencia, el vínculo afectivo no autorizado) se vuelva legible, y castigando lo que se resiste a esa legibilidad. Frente a esto, las mismas proposiciones que este ensayo defiende en clave de masculinidades —el secreto como tecnología del cuidado, la previsión y no la reacción al acontecimiento como forma de mando legítimo— encuentran su correlato político en las proposiciones que distintos movimientos socioambientales del NOA vienen formulando: la desmilitarización de la fiscalización ambiental, la construcción de protocolos en asambleas populares y no en escritorios corporativos, y la incorporación remunerada de jóvenes locales como guardianes y mediadores interculturales del monte, en lugar de su persecución (Pequeño Ragone, 2026d; Trucco et al., 2010).

6. Conclusión: el valor del encuentro

Este ensayo comenzó con una pregunta sobre cómo administrar un territorio heredado sin repetir su mandato más rígido, y termina, quizás inevitablemente, en el valor del encuentro como forma de conocimiento situado. El asado compartido en la Estancia González —donde el fuego jerarquiza antes que gastronomiza el vínculo (Screti, 2019; Sumpter, 2015)— y las jornadas de trabajo cotidiano en Los Pozos no son anécdotas ilustrativas de una tesis previa: son, en sentido estricto, el método. Turner (1969) llamó comunitas a ese espacio liminal donde las jerarquías estructurales se suspenden momentáneamente y emerge una forma de vínculo que no estaba prevista en el mapa oficial del territorio; algo de esa comunitas atraviesa tanto el silencio compartido frente al fuego con C. en la Estancia González; como la construcción, más frágil y más cuidadosa, de una proximidad no dominante con los trabajadores de la finca.

El valor de estos encuentros —y, por extensión, el valor de este mismo encuentro académico en el marco de las Jornadas de Filosofía del NOA— no reside en que resuelvan las tensiones que este ensayo se propuso desanudar. Reside, más bien, en que hacen posible sostenerlas visibles, en diálogo, sin la falsa comodidad de una síntesis prematura. Una epistemología de la incomodidad que mereciera su nombre no podría aspirar a menos: ni a la condena moralizante que Spivak (1988) advirtió como violencia epistémica, ni a la autoabsolución que el asedio deconstructivo (Derrida, 1967) precisamente busca impedir. Entre el monte de Anta, la pirca de la Estancia González y la mesa de esta Mesa de Género, lo que se juega —y lo que vale la pena seguir pensando entre disciplinas— es la posibilidad de habitar un territorio, una herencia y un deseo sin necesitar, para ello, ni la vigilancia patriarcal que los nombra desde afuera ni el silencio cómplice que renuncia a nombrarlos del todo.

Referencias

Bourdieu, P. (1991, 1980). El sentido práctico. Traducido por Álvaro Cruz. Madrid: Editorial Taurus.

Bourdieu, P. (2000). La dominación masculina (J. Jordá, Trad.). Anagrama. (Obra original publicada en 1998)

Butler, J. (2006). Vida precaria: el poder del duelo y la violencia (F. Rodríguez, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 2004)

CONADEP. (1984). Nunca más: Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. Eudeba.

Derrida, J. (1971, 1967). De la gramatología. Traducido por Oscar del Barco y Conrado Ceretti. Buenos Aires / México: Siglo XXI Editores.

Foucault, M. (1976). Historia de la sexualidad 1: La voluntad de saber. Siglo XXI.

Freud, S. (1992). El malestar en la cultura. Amorrortu. (Obra original publicada en 1930)

Glissant, Édouard. (2017, 1990). Poética de la relación. Traducido por Senda Inés Sferco y Ana Paula Penchaszadeh. Bernal: Editorial Universidad Nacional de Quilmes.

Igoe, J., & Brockington, D. (2006). Conservación neoliberal: una breve introducción. Conservación y sociedad. (Neoliberal conservation: A brief introduction. Conservation and Society), 4(3), 448-471.

Instituto Plan Agropecuario. (s.f.). Sucesión generacional en empresas familiares agropecuarias. En Familias y campo: Rescatando estrategias de adaptación (pp. 115-140). http://planagropecuario.org.uy/publicaciones/libros/Familias_y_campo/Capitulo_3_115.pdf

Lacan, J. (1966, 1971–1972). Escritos (2 vols.). Traducido por Tomás Segovia (con la colaboración de Armando Suárez). México / Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

Martínez Alier, J. (2004). El ecologismo de los pobres: Conflictos ambientales y lenguajes de valoración. Icaria.

Pequeño Ragone, F. (2026a, 9 de julio). El injerto de mi padre [Diario personal inédito].

Pequeño Ragone, F. (2026b, 12 de julio). Habitarlo a mi papá: Cuerpo, nombre y territorio en el umbral de Los Pozos [Ensayo personal inédito].

Pequeño Ragone, F. (2026c, 18 de julio). La pirca y las piedras sueltas: Crónica psicoanalítica y etnográfica de un mediodía en la Estancia González [Ensayo personal inédito].

Pequeño Ragone, F. (2026d, 4 de julio). El tejido herido de Anta: Conservación neoliberal, privatización de la fuerza y proposiciones para una seguridad intercultural [Ensayo inédito, asistido por herramientas de IA].

Reed-Danahay, D. (Ed.). (1997). Autoetnografía: Reescribir el yo y lo social (Auto/Ethnography: Rewriting the Self and the Social). Berg.

Screti, F. (2019). Carne, carbón, y cojones. La representación de la masculinidad en anuncios suizos contemporáneos: el caso de Bell. Discurso & Sociedad, 13(4), 765-797.

Scott, James C. (2023, 1998). Los dominados y el arte de la resistencia / Los ojos del Estado: De cómo ciertos esquemas para mejorar la condición humana han fracasado. Traducción de Pilar López-Máñez. Valencia: Publicacions de la Universitat de València (PUV).

Segato, R. L. (2003). Las estructuras elementales de la violencia. Prometeo Libros.

Segato, R. L. (2016). La guerra contra las mujeres. Traficantes de Sueños.

Spivak, Gayatri Chakravorty (2011 1988,). ¿Puede hablar el subalterno? Traducido por José Amícola y Marcelo Topuzian. Buenos Aires: El Cuenco de Plata.

Sumpter, K. C. (2015). Masculinidad y consumo de carne: Un análisis a través del prisma teórico de la masculinidad hegemónica y las teorías alternativas de la masculinidad. (Masculinity and meat consumption: An analysis through the theoretical lens of hegemonic masculinity and alternative masculinity theories). Sociology Compass, 9(2), 104-114. https://doi.org/10.1111/soc4.12241

Svampa, M. (2019). Las fronteras del extractivismo en América Latina: Conflictos socioambientales, giro ecoterritorial y nuevas dependencias. Bielefeld University Press.

Trucco, C. E., Saravia, M., Moschione, F., Bonduri, Y., Tolaba, M., Goitia, I., Pizarro, E., Sánchez, M. E., De Gracia, J., Lizárraga, L., & González, M. (2010). Relevamiento socio-ambiental y propuestas de la unidad de conservación interjurisdiccional en Anta [Informe técnico]. Salta.

Turner, Victor (1988, 1969). El proceso ritual: Estructura y antiestructura. Traducido por Beatriz García Ríos. Madrid: Editorial Taurus.

VV. AA. (2022). El relevo generacional y su importancia para el desarrollo de los territorios rurales. Fundación Cajamar. https://publicacionescajamar.es/wp-content/uploads/2022/03/me-35-el-relevo-generacional-y-su-importancia-para-el-desarrollo-de-los-territorios-rurales.pdf

Winnicott, Donald. W. (1993, 1965). Los procesos de maduración y el ambiente facilitador: Estudios para una teoría del desarrollo emocional. Traducido por José Luis Etcheverry. Buenos Aires: Editorial Paidós.




lunes, 18 de mayo de 2026

La clase sobre Epistemología de las Masculinidades: el Giro Crítico

Cada año, la Comisión de la Mujer de la Universidad Nacional de Salta dicta su Seminario de Género, abierto a cualquier estudiante de la casa. Es el mismo espacio en el que me formé hace veinte años. Esta vez fui quien recibió la invitación: las docentes me convocaron para compartir mis estudios y posiciones sobre el campo de las masculinidades en Salta. Lo que sigue es una síntesis de la dinámica de aquella clase.

Por Fernando Pequeño Ragone

 

Gabriela Gaspar en el dictado de la primera parte de la clase

 

1. Momento de presentación

Fernando Pequeño es presentado en la clase por la profesora Luz Sánchez, quien lo identifica como uno de los pioneros en trabajar seriamente el tema de las masculinidades. Su intervención se produce en la segunda parte de un seminario donde previamente se abordó el concepto de género, quedando pendiente profundizar específicamente en las masculinidades.

En cuanto al objetivo de la clase, Fernando plantea una dinámica centrada en el intercambio y el debate más que en una transferencia magistral de textos. Los puntos clave que definen su propósito son:

  • Generar un diálogo abierto: Su intención principal es realizar un recorrido rápido por los conceptos mediante infografías y videos para luego "ir a los bifes", es decir, charlar directamente con los estudiantes sobre sus opiniones y percepciones.
  • Obtener insumos para su investigación: Fernando expresa explícitamente su interés en escuchar a los alumnos, ya que sus devoluciones le sirven como material para las investigaciones y trabajos que él mismo desarrolla.
  • Provocar e incomodar: El autor menciona que su pauta es "bombardearlos un poquito con un montón de información e incomodarlos" en lugar de presentar contenidos cómodos o simplistas. Esto se vincula con su propuesta de una "epistemología de la incomodidad" para estudiar cómo circula el poder en los varones.
  • Localizar el campo de estudio en Salta: Busca orientar la charla hacia la evolución y el surgimiento de los estudios de masculinidad específicamente en el contexto de Salta, analizando la transición desde una sociedad feudal hasta la tematización académica del género.
  • Evaluar la utilidad de las herramientas teóricas: Plantea como objetivo reflexionar si los conceptos de género y masculinidad, tal como se usan hoy (a veces mercantilizados por ONGs), sirven realmente para la emancipación comunitaria o si se han convertido en herramientas de dominación.

Finalmente, Fernando les solicita como "compromiso" y devolución de la clase que escriban una breve reflexión sobre lo tratado, lo cual refuerza su objetivo de convertir la sesión en un proceso de construcción colectiva de conocimiento.

 

2. Las masculinidades

Teorizar las masculinidades en Salta requiere comprender la sociogénesis de una región que transita desde estructuras feudales hacia una academia contemporánea. Este giro crítico propone que el género ya no es un "tema de mujeres", sino una interpelación directa a los varones sobre sus privilegios y su responsabilidad en la reproducción del poder.

Bajo la perspectiva de Fernando Pequeño Ragone, se desarrollan los siguientes pilares conceptuales:

  • Epistemología de la Incomodidad: Plantea que el investigador y el varón deben habitar el "asedio". Esta categoría implica explorar el lado oscuro de la luna (el poder), ese territorio de violencia y dominio que la academia suele evitar. Investigar la masculinidad exige la sublimación de la incomodidad propia para desvelar los mecanismos de opresión desde su centro.
  • Masculinidad Hegemónica vs. Rural: Se problematiza el modelo urbano (blanco, productivo, joven) frente a la ruralidad. En los contextos rurales, los varones, aunque dominantes en sus hogares, operan como sujetos subalternos en el sistema capitalista global, evidenciando gradientes de poder donde el privilegio es, a menudo, un espejismo que los convierte en ejecutores de un sistema que también los explota.
  • El Trípode Ontológico: La identidad masculina se analiza desde la intersección entre el Cuerpo (biología/carne), el Deseo (autoadscripción/psicología) y el Género (mandato social).

Para evitar la cooptación conservadora del campo, se identifican cuatro trampas:

  1. Ontologización: Creer que el género es una esencia fija y no una actuación cotidiana.
  2. Simetría victimista: Equiparar el malestar emocional masculino con la opresión estructural sufrida por las mujeres.
  3. Atomización neoliberal: Sustituir la lucha colectiva por la terapia individual o el consumo de "ética masculina".
  4. Blindaje ilustrado: El uso del lenguaje de deconstrucción como un escudo moral para no alterar la realidad material de los privilegios.

Frente a esto, emergen las Alternativas desde el Sur, que proponen la Sociogénesis (preguntarnos cómo somos producidos como comunidad en lugar de "quién soy yo") y la Desenajenación. Siguiendo a Rita Segato, se entiende la violencia no como poder real, sino como una actuación desesperada por cumplir un mandato de virilidad. La ruta hacia el cambio es la corresponsabilidad y la acción material compartida.

3. Debate Estudiantil y la Aplicación de la Teoría al Poder

El diálogo entre estudiantes y docentes reveló que la desconfianza hacia la categoría "masculinidad" es una herramienta de indagación legítima. Los estudiantes sistematizaron tres preocupaciones centrales:

  1. La construcción de la identidad del varón trans y su potencial para subvertir o replicar el binarismo.
  2. La sospecha sobre la categoría “género” como un concepto que puede resultar trunco o insuficiente para capturar la diversidad de experiencias.
  3. La manifestación del poder en rituales cotidianos, ejemplificada en el fútbol y el sacrificio de animales.

Sobre este último punto, el debate aportó una distinción crucial: la masculinidad se performa a través del modo del sacrificio. Mientras un "sacrificio misericordioso" busca evitar el sufrimiento del animal, el sacrificio brutal actúa como una demostración de dominio y virilidad. Esto ilustra que el poder no es solo el acto (matar para comer), sino la performance de la dominación. El poder fluye independientemente del género en situaciones específicas (como una empleadora frente a un empleado), pero las estructuras sostienen rituales donde, por ejemplo, los varones dominan el discurso mientras las mujeres asumen el trabajo doméstico de servicio.

 

4. Visiones en torno a la ontología y el peligro de reducir la diversidad

La problematización sobre las ontologías surgió a partir de la inquietud de un estudiante que cuestiona si la existencia de diversas masculinidades (más allá de la hegemónica, como las rurales, gay o trans) implica necesariamente distintas estructuras del "ser" o diferentes ontologías.

A continuación, se detalla cómo se desarrolla esta problematización en la clase:

4.1. El riesgo del relativismo

Ante la pregunta del estudiante sobre si cada tipo de masculinidad requiere una ontología propia, respondí que no es conveniente crear una ontología para cada caso particular. Sostiene que debe existir un "norte" o una inteligibilidad común del concepto de varón; de lo contrario, se corre el riesgo de relativizar todo y perder cualquier punto de referencia teórico.

4.2. La "ontologización" como trampa

En el material audiovisual presentado, identifico la ontologización como una de las cuatro trampas del concepto de masculinidad. Esta trampa consiste en:

  • Tratar el género como una esencia fija o algo que simplemente "se es".
  • Distraerse en definir la "esencia" de ser varón en lugar de desmantelar los mecanismos históricos de dominación.
  • Propongo, siguiendo a Judith Butler, que el género no es algo inamovible, sino una actuación o performance diaria.

4.3. El "Trípode Ontológico" de la masculinidad

Para resolver la duda de los estudiantes sobre qué es lo que une a todas las masculinidades (incluyendo a hombres trans y cis) en un mismo "casillero" o categoría, propongo una estructura basada en tres conceptos fundamentales que definen esta ontología,:

  • Cuerpo: Referido a la carne, la medicina y la genitalidad.
  • Deseo: Vinculado a la autoadscripción y al mundo de la psicología.
  • Género: Entendido como el rol y el mandato social atribuido.

Explico que este trípode permite conectar realidades tan diversas como la del varón hegemónico blanco con la del varón trans, el rural o el policía, manteniendo el objeto de estudio centrado en el varón sin necesidad de fragmentar la ontología en múltiples piezas inconexas.

4.4. La relación de poder como eje

Finalmente, subrayo que más allá de la identidad ontológica de cada sujeto, lo que debe analizarse es cómo circula el poder. La ontología debe servir como una herramienta (un marco teórico) para entender las relaciones de dominación —incluso entre varones— y no para esencializar identidades,.

 

5. Problematizando la ontologización y el estudio de las clasificaciones en el campo de las masculinidades.

La pregunta que formuló el compañero, resultó un momento excelente para dinamizar el espacio de formación. Mi respuesta como docente intentó resolver un dilema clásico de las ciencias sociales contemporáneas: cómo reconocer la diversidad/pluralidad sin caer en una fragmentación teórica que atomice y desarme la potencia política del concepto (en este caso, el de masculinidad).

A continuación, complejizo el contexto identificando aciertos metodológicos como algunos puntos de tensión teórica que valdría la pena continuar debatiendo y sobre le cual es importante que lxs estudiantes intenten asumir una posición provisoria mientras avanzan en la asimilación de conceptos y metodologías.

5.1. El acierto metodológico: El freno al relativismo extremo

Mi advertencia en el primer punto es metodológicamente pertinente. Si cada manifestación de la experiencia humana (varón trans, varón rural, varón gay, varón cishegemónico) exigiera una ontología propia e independiente, la categoría analítica "masculinidad" perdería su capacidad explicativa.

  • Por qué es pertinente: Si todo es una ontología distinta, ya no hay un suelo común desde el cual denunciar, por ejemplo, el patriarcado o la violencia de género. El relativismo absoluto disuelve los mapas teóricos. Buscar un "norte" o una inteligibilidad compartida permite que la categoría siga siendo útil para la investigación y la acción política.

5.2. La tensión teórica: ¿Contradicción entre Butler y el "Trípode"?

Aquí es donde mi respuesta se vuelve un detonante espectacular para el debate en clase, ya que introduce una tensión conceptual interna:

  • El uso de Butler contra la ontologización: acierto al señalar que "ontologizar" el género suele ser una trampa esencialista. Invocar la performance de Judith Butler es pertinente porque desarma la idea de que la masculinidad es una sustancia fija o biológica; el género es algo que se hace, no algo que se es.
  • La contrapropuesta del "Trípode Ontológico": El problema (y el debate rico) puede surgir cuando, inmediatamente después de criticar la ontologización, propongo una estructura ontológica fija (Cuerpo, Deseo, Género) para encasillar las masculinidades.

Para discutir en clase (problematizar): Si seguimos a Butler rigurosamente, el "cuerpo" (la carne, la genitalidad) tampoco es un dato ontológico neutro o puramente médico, sino que ya está construido discursivamente por el género. Por lo tanto, el trípode que propongo arriesga reinstalar un cierto orden biologicista o fijo intentaba combatir en el punto anterior.

5.3. La potencia analítica: El "Trípode" como conector

A pesar de la tensión anterior, la propuesta del Trípode (Cuerpo-Deseo-Género) es pedagógicamente muy eficaz. Es pertinente porque ofrece a los estudiantes una matriz de lectura flexible.

Elemento del Trípode

Función en la categoría de "Varón"

Cuerpo

Permite anclar la materialidad (médica, genital), clave para entender las transiciones o las corporalidades cis/trans.

Deseo

Introduce la dimensión subjetiva, psicológica y de autoadscripción (cómo se siente el sujeto).

Género

Introduce la presión externa: los mandatos, los roles y la socialización.

Esta estructura es pertinente porque demuestra que el varón trans y el varón rural no comparten necesariamente el mismo "cuerpo" ni el mismo "deseo", pero sí están interceptados por el vector del género (el mandato social de masculinidad). Los une la relación con la norma, no una esencia biológica.

5.4. El acierto ético-político: El poder como brújula

Este cierre es desde la perspectiva de los estudios de género críticos, una apuesta a mover el eje de la sustancia (¿qué es un varón?) hacia la relación (¿cómo opera el poder?). Se trata de un movimiento analítico que implica una posición política sobre el poder.

La masculinidad no es un objeto de estudio estático; es una posición en una red de relaciones de poder. Al centrarme en la dominación (incluso en las jerarquías entre varones, como la hegemonía del varón blanco sobre el varón rural o el gay), evito que la clase se convierta en una taxonomía (un catálogo de identidades) y la devuelvo a su función crítica: entender y desmantelar la desigualdad.

5.5 Sugerencia para la dinamización en clase

Mi respuesta no debe tomarse como una verdad clausurada, sino como un mapa de ruta.

Para activar el intercambio con los estudiantes, les propongo plantear: Si el género es una performance diaria (como dice el punto 4.2), ¿el Trípode Ontológico (punto 4.3) es una estructura real del ser o es simplemente un andamio metodológico que inventamos para poder entender el problema sin volvernos locos en el relativismo?


6. Sobre la tensión performance /  re-biologización de las masculinidades y los limites políticos de la existencia colonial: la teoría situada

A continuación intento explicar el motivo de la tensión planteada entre el género como performance diario y el trípode ontológico que implica cierta biologización. Considero mi posición de varón generizado en un contexto colonial y los intentos por la emancipación en el limite de las posiciones políticas de la existencia.

Para desentrañar la tensión que habita en la propuesta mi propuesta entre la performance butleriana (el género como acto fluido y repetido) y el trípode ontológico (que reintroduce el cuerpo, el deseo y el mandato, rozando una base material/biológica), no basta con un análisis puramente lógico-formal. Hay que situar la teoría.

Esta contradicción aparente cobra un sentido profundamente político y encarnado si la miramos desde su lugar de enunciación: el de un varón generizado que produce pensamiento crítico desde un contexto colonial y periférico (el Norte Grande argentino), operando en el límite mismo de las posiciones políticas de la existencia.

Aquí expongo los motivos profundos que explican esta tensión:

6.1. La sospecha del Sur ante la abstracción del Norte (El peso del contexto colonial)

Las teorías de la performatividad del género (como las de Butler) se gestaron en la academia del Norte global, bajo matrices de pensamiento fuertemente ligadas al postestructuralismo lingüístico. En esos marcos, decir que el género es puro discurso o una ficción regulatoria es un ejercicio de desconstrucción potente.

Sin embargo, cuando pienso la masculinidad desde el Noroeste Argentino —un territorio marcado por la colonialidad, donde la vulnerabilidad social, la colonialidad del poder y el despojo de la tierra son marcas diarias—, la pura performatividad discursiva se queda corta.

  • El cuerpo no es solo lenguaje: En contextos subalternizados, el cuerpo (la carne que trabaja, que envejece, que es violentada, que migra) tiene una densidad material ineludible.
  • El porqué del Trípode: Reintroducir el "Cuerpo" en el trípode no es un descuido biologicista; es la necesidad geopolítica de anclar la teoría en la materialidad. En el Sur epistémico, los cuerpos importan en su dimensión biológica y existencial porque es sobre esa materialidad donde se inscriben las opresiones coloniales y de clase más brutales.

6.2. El varón generizado y el dilema de la auto-interpelación

En mis clases y mi vida cotidiana no puedo hablar desde la neutralidad; hablo como un sujeto generizado como varón que intenta desmontar la misma estructura que lo habita. Esta posición genera una tensión existencial inevitable:

  • Por un lado, la performance le permite la libertad teórica y política de afirmar que la masculinidad hegemónica no es un destino natural, abriendo la puerta a la emancipación y a la mutación de los varones.
  • Por otro lado, el trípode opera como un cable a tierra frente a la experiencia vivida. Aunque el género sea una actuación, los varones (cis o trans) experimentan su masculinidad a través de las demandas específicas de sus cuerpos, la orientación de sus deseos y el peso aplastante de los mandatos sociales (el rol).

La tensión refleja el conflicto del sujeto subalterno que se sabe construido por el poder, pero que necesita herramientas concretas para narrar su cotidianeidad sin disolverse en la pura abstracción.

6.3. La emancipación en el límite de las "posiciones políticas de la existencia"

Este es quizás el nudo más complejo. Quienes militamos e investigamos en los márgenes de las posiciones políticas de la existencia nos enfrentamos a una doble demanda: la urgencia de la transformación política y la necesidad de la inteligibilidad mutua.

Si me radicalizara exclusivamente en la performance discursiva, caería en el relativismo extremo que denuncio en el punto 4.1. En el límite de la existencia política, para que un sujeto (un varón rural, un varón trans, un militante) pueda emanciparse, primero necesita existir y ser reconocido en una categoría comprensible. No se puede emancipar lo que se ha disuelto por completo en la fluidez lingüística.

El "andamio" estratégico: El trípode ontológico funciona aquí como una esencialización estratégica (en términos de Gayatri Spivak). Asumo el riesgo de una cierta fijación o biologización del cuerpo porque necesito un "andamio" conceptual provisional. Ese andamio es el que permite que sujetos con realidades corporales y existenciales radicalmente distintas puedan sentarse a la misma mesa, reconocerse bajo la categoría común de "masculinidades" y articular una lucha política contra la dominación.

En conclusión, la tensión en mi pensamiento en la respuesta al compañero en la clase a cerca de la ontologización de distintos tipos de masculinidades y mi advertencia a no hacerlo, no es un error de cálculo teórico, sino una fractura expuesta propia del pensamiento fronterizo y situado. Es el resultado de intentar traducir la potencia desestabilizadora de la teoría queer global a la gramática urgente, doliente y material de un territorio que exige categorías firmes para poder resistir y disputar el poder.


7. Agenda de Compromisos y Prospectiva Universitaria

La Comisión de la Mujer de la UNSa, una de las más antiguas del país (creada en 1989), se encuentra en un proceso de transformación histórica. Este legado es la base sobre la cual se expande hoy la perspectiva hacia las diversidades y las masculinidades críticas.

La agenda de acuerdos finales establece:

  • Cambio Institucional: Se formaliza el tránsito del nombre hacia "Comisión de Mujeres, Género, Disidencias y Diversidad", adecuando la identidad institucional a la pluralidad de actores actuales.
  • Formación Académica: Lanzamiento del curso sobre "Masculinidades Críticas" para el segundo cuatrimestre, enfocado en profundizar la teoría del asedio y la sociogénesis.
  • Compromiso Estudiantil: Los participantes deberán entregar una devolución escrita (una plana A4) que sintetice los aprendizajes y reflexiones de la sesión.

El éxito de estos debates no reside en la retórica, sino en la capacidad de generar acciones de desenajenación que transformen la vida cotidiana, asegurando que el conocimiento académico sea el motor de una existencia donde la vida sea, finalmente, verdaderamente digna para todos.


 

 

Análisis de la Violencia de Género

Por Gabriela Gaspar

Análisis Integral de la Ley 26.485 y las Violencias de Género

Se sintetiza a continuación los puntos clave, marcos legales y análisis sociopolíticos presentados en la clase dictada por Gabi Gaspar respecto a la Ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres en Argentina. El análisis aborda desde la evolución histórica del derecho hasta los desafíos contemporáneos en la implementación de políticas públicas y la deconstrucción de masculinidades.

Este momento es previo y da lugar a la presentación de los conceptos sobre violencias sociales y masculinidades en un contexto colonial.

 

Resumen Ejecutivo

La transición de la violencia de género de un ámbito privado a una cuestión de política de Estado marca un hito en la legislación argentina. La Ley 26.485 no solo define la violencia física, sino que expande el espectro hacia lo psicológico, económico, simbólico y político, reconociendo que la subordinación de la mujer se reproduce en múltiples esferas. A pesar de los avances normativos, persisten barreras críticas: la "ruta crítica" de la víctima sigue plagada de obstáculos institucionales, la violencia digital (Ley Olimpia) presenta nuevos retos de regulación y la resistencia cultural en la construcción de masculinidades dificulta una transformación social profunda. El principio rector debe ser la debida diligencia, exigiendo que el Estado actúe con celeridad y eficacia en la prevención, sanción y erradicación de estas conductas.

 

1. Evolución Histórica y Precedentes Legales

El marco legal ha evolucionado de una postura de no intervención estatal en los años 90 a un enfoque de derechos humanos con jerarquía constitucional.

  • Del ámbito privado al público: Históricamente, el Estado no intervenía en "cuestiones de familia". Hoy, la violencia intrafamiliar es una prioridad de política pública.
  • El concepto de Privación Ilegítima de la Libertad: Se destaca la evolución desde una visión física (estar encadenada o encerrada bajo llave) hacia una comprensión de la "privación de libertad" por medios psicológicos, como el control telefónico constante y la vigilancia aleatoria, que obligan a la víctima a permanecer en el hogar por temor a represalias.
  • Jerarquía Constitucional: La adhesión a tratados internacionales (1988) y su incorporación constitucional (1994) obligan al Estado a cumplir con estándares internacionales de protección.

 

2. Tipos de Violencia Definidos por la Ley 26.485

La normativa identifica diversas formas de violencia que a menudo ocurren de manera concomitante:

Tipo de Violencia

Definición y Características Clave

Psicológica

Daño a la autoestima, humillación, aislamiento, manipulación, culpabilización y vigilancia constante. Incluye la "ley del hielo" (indiferencia).

Sexual

Vulneración del derecho a decidir sobre la vida sexual o reproductiva, con o sin acceso genital. Incluye acoso, abuso y trata de personas.

Económica y Patrimonial

Menoscabo de recursos, control de ingresos, percepción de menor salario por igual tarea, y retención de documentos o instrumentos de trabajo.

Simbólica

Reproducción de mensajes, iconos o signos que naturalizan la subordinación a través de patrones estereotipados.

Política

Acciones destinadas a menoscabar o restringir la participación política de las mujeres en condiciones de igualdad.

Digital/Telemática

(Ley Olimpia) Violencia cometida a través de tecnologías de la información que causa daño moral, psicológico o físico.

 

3. Modalidades de la Violencia

Las modalidades representan los ámbitos específicos donde se manifiestan los tipos de violencia mencionados:

  • Violencia Doméstica: Ejercida por integrantes del grupo familiar, independientemente del espacio físico. Incluye no solo a cónyuges, sino también a ex parejas (hayan convivido o no), padres, hermanos u otros parientes.
  • Violencia Institucional: Realizada por funcionarios, profesionales o agentes de instituciones públicas. Su fin es retardar, obstaculizar o impedir el acceso a políticas públicas y la justicia.
  • Violencia Laboral: Discriminación en el acceso al empleo, estabilidad o permanencia. Se diferencia del mobbing general porque se basa específicamente en motivos de género (ej. cláusulas de no embarazo).
  • Violencia contra la Libertad Reproductiva: Vulneración del derecho a decidir el número de embarazos o el intervalo entre ellos.
  • Violencia Mediática: Difusión de imágenes o mensajes que injurien, difamen o discriminen a las mujeres en medios masivos de comunicación.

 

4. Análisis de la Violencia Simbólica y Mediática

La violencia simbólica es caracterizada por ser sutil e indirecta, lo que facilita su naturalización en la sociedad.

  • Publicidad y Consumo: Se citan ejemplos de productos de limpieza (Skip, Mr. Músculo) que refuerzan el rol de la mujer en las tareas de cuidado.
  • Cultura Popular: El análisis de películas (como "El diablo viste a la moda") revela cómo se imponen estereotipos de feminidad, pautas de conducta estética y una narrativa de competencia negativa entre mujeres.
  • Discurso Político: Se registran casos de violencia política donde se ridiculiza a mujeres por su militancia o se utiliza su rol de madres para cuestionar su capacidad de gestión (ej. casos de Malena Galmarini y Betina Romero).

 

5. Masculinidades y Construcción Social

Sobre una intervención de Fernando Pequeño, en un momento de la clase se resalta la complejidad de la deconstrucción masculina en un sistema patriarcal que castiga la disidencia.

  • El Rol del Grupo de Pertenencia: Los varones enfrentan una fuerte presión social para no romper los pactos de masculinidad. Aquellos que cuestionan conductas sexistas (como el envío de pornografía en grupos de WhatsApp) suelen ser minorizados o etiquetados peyorativamente como "gay" o "feministas".
  • Identidad y Vulnerabilidad: El sistema patriarcal impide que los varones expresen vulnerabilidades o problemas de salud mental, ya que solo se permite compartir éxitos o aspectos positivos para mantener la imagen de dominio.
  • La Pornografía como "Escuela": Se analiza la pornografía no como una actividad consentida aislada, sino como una estructura que objetiviza el cuerpo femenino, naturaliza la desigualdad y puede funcionar como una "escuela de violación" y de erosión de la eroticidad igualitaria.

 

6. Obstáculos en el Acceso a la Justicia: La "Ruta Crítica"

El tránsito que realiza una mujer para salir de una situación de violencia suele convertirse en un proceso de re-victimización.

  • Violencia Secundaria: Ocurre cuando las instituciones (comisaría, centros de salud) no brindan la respuesta adecuada, como negar la toma de una denuncia por falta de lesiones físicas visibles o no proveer kits de emergencia sexual.
  • Falta de Sanción Efectiva: En Argentina, el sistema penal es estrictamente taxativo; si una conducta no está descrita como delito en el código, el Estado tiene dificultades para sancionarla, a pesar de contar con leyes marco de protección.
  • Desmantelamiento de Programas: Se menciona la preocupación por la pérdida de gratuidad y acceso a programas de salud sexual y procreación responsable, lo que constituye una forma de violencia institucional por omisión.

 

7. Contexto Institucional: El Marco Normativo de la UNSa

La implementación de la Resolución 500/2019 en la Universidad Nacional de Salta (UNSa) constituye un pilar estratégico dentro del ecosistema universitario, consolidando un protocolo de intervención ante situaciones de violencia de género que trasciende lo administrativo para actuar como un eje de justicia institucional. Esta normativa no solo reglamenta la convivencia, sino que opera como un dispositivo de reparación frente a las asimetrías de poder históricas, garantizando que la academia sea un espacio de resguardo y democratización de los vínculos.

Basada en la Ley 26.485, la estructura de intervención de la UNSa se define por los siguientes componentes técnicos:

  • Alcance y Marco Legal: La Resolución 500/2019 rige para toda la comunidad universitaria (docentes, no docentes, personal de maestranza y estudiantes), identificando los tipos de violencia previstos en la legislación nacional para su abordaje institucional.
  • Equipos Interdisciplinarios (EI): Existen dos núcleos especializados de intervención: uno en el Rectorado (con alcance general) y otro en la Facultad de Humanidades. Estos equipos se integran por profesionales de la Abogacía, Psicología y Trabajo Social.
  • Naturaleza de la Intervención: Es fundamental precisar que los equipos interdisciplinarios no poseen carácter punitivo ni resolutivo. Su función técnica consiste en emitir un "dictamen de opinión" o informe de riesgo bajo una lente de perspectiva de género, el cual sirve de insumo consultivo para que las áreas jurídicas correspondientes procedan con los sumarios administrativos.

El protocolo diferencia taxativamente entre la "Consulta" (asesoramiento que requiere consentimiento para activar trámites) y la "Denuncia" (inicio formal de actuaciones). En ambos casos, los principios de confidencialidad y no revictimización son rectores, asegurando que el relato del afectado sea preservado y no fragmentado en múltiples instancias traumáticas. Esta arquitectura institucional busca tender puentes sólidos entre las garantías normativas y la seguridad efectiva de la vida estudiantil.

8. Garantías Estudiantiles y la Dinámica de la Intervención

La protección del tránsito académico frente al acoso exige una gestión sofisticada del equilibrio jurídico. La universidad enfrenta la tensión inherente entre el Derecho a la Educación de los estudiantes y los Derechos Laborales de los docentes. Por ello, la respuesta institucional no se limita a la sanción, sino a la generación de una seguridad pedagógica que evite la deserción motivada por el miedo o las represalias académicas.

Ante el temor manifestado por el estudiantado sobre denunciar a un superior jerárquico, el protocolo habilita "Medidas Preventivas". Estas disposiciones, como el no-acercamiento o la reasignación de funciones del denunciado, no extinguen su derecho laboral —protegiendo a la institución de posibles demandas por despido injustificado—, pero garantizan de forma inmediata el cese del contacto con la víctima. Se busca, así, una armonía administrativa que resguarde la integridad del estudiante sin paralizar el debido proceso legal.

Este marco protector se ve fortalecido por la emergencia de la "Asamblea Feminista y de las Disidencias", tal como destacó la estudiante Gabriela durante la sesión. Este espacio de organización colectiva actúa como una red de contención frente a la soledad del proceso de denuncia, politizando el malestar individual para transformarlo en acción grupal. La fortaleza de estas redes estudiantiles subraya que la organización política es el complemento necesario para cualquier base teórica sobre masculinidades críticas.