Habitar la
incomodidad en la tierra de sacrificio: Deseo sexo-disidente, memorias trans y
ontologías del monte soberano en el departamento de Anta
Aportes desde la
biografía política de Virginia Caldez y la praxis territorial en Finca Los
Pozos
Fernando Pequeño
Ragone
Activista de derechos humanos y sexo-disidente. Productor rural en Finca
Los Pozos (Departamento de Anta, Salta). Asociación Dr. Miguel Ragone por
la Verdad, la Memoria y la Justicia / Centro de Estudios y Promoción de los
Derechos Humanos.
Contenidos
Nota
sobre la escritura asistida con inteligencia artificial
Presentación:
tres dimensiones que se superponen y se entrelazan
1.
Introducción: anta como frontera extractiva y tierra de sacrificio
2. La
biografía política de virginia caldez: trayectoria y doble expulsión
3. La
epistemología de la incomodidad: conocimiento situado desde los márgenes
3.1. Composición teórico-conceptual: cuatro herramientas articuladas
4. El
deseo y la sexualidad disidente como vectores de resistencia material
5.1. La fractura constitutiva: Terrorismo de Estado, desposesión y la ausencia de tumba
5.2. El barro de la «doble conducción»: Tensión de lógicas e incapacidad heredada
5.3. De la loma al espejo de agua: La represa como tumba simbólica
6. El
«monte soberano»: ontologías alternativas y conservación biocultural
7.
Conclusiones e interpelación a la mesa latitudes
Nota sobre la escritura asistida con
inteligencia artificial
Este ensayo fue escrito con la asistencia de
inteligencia artificial (Gemini y Claude). Lo declaro al comienzo porque
entiendo la transparencia como una condición del rigor, y porque el modo en que
trabajo con estas herramientas forma parte de la reflexión metodológica que
aquí propongo.
Las ideas, las hipótesis, las categorías y las
decisiones de sentido son mías, y también la responsabilidad por lo que se
afirma. La IA intervino como interlocutor para ordenar material, discutir
formulaciones, redactar y revisar versiones. Las fuentes, los registros y las
entrevistas citadas son los consignados en las referencias.
Los planteos de fondo, que desarrollo en «Vasos
comunicantes», pueden sintetizarse en cinco puntos. Primero, construí un
conjunto de instrumentos de IA, cada uno configurado de antemano con una
identidad, disciplinas, autores y un tono, para tareas acotadas: sostener el
rigor teórico, la consistencia de los protocolos y la protección del tiempo de
escritura. Un instrumento es rigor prestado, empuñado con criterio propio.
Segundo, con el uso, algunos instrumentos se incorporan como prótesis: dejo de
pensar con ellos para pensar a través de ellos, como el bastón que traslada la
sensibilidad hasta su punta. Tercero, esa incorporación abre un riesgo:
confundir una prótesis, que extiende una competencia que ya tengo, con una
muleta, que sostiene una ausencia que todavía no trabajé. Distinguir,
instrumento por instrumento, qué función es propia y cuál sigue prestada es una
tarea metodológica que mantengo siempre abierta. Cuarto, cada instrumento
funciona aislado de los otros: quien los comunica soy yo, en el uso de uno y
otro, de modo que la integración y la responsabilidad no se delegan. Quinto, no
investigo desde una distancia académica limpia sino desde la tensión entre
compromiso y distanciamiento; la IA me ayuda a tomar distancia de un material
cargado de afecto, sin sustituir la implicación del cuerpo en el territorio.
Invito a leer ambos textos completos:
•
Documento
ampliatorio: https://1drv.ms/w/c/0c76dcd310188c4d/IQCmnrsJwWf-QJa7oNPsk4qxAUz-jjatjJDQw015yowVvYA?e=VMyD88&nav=eyJoIjoiNzEyNzcyODAzIn0
•
«Vasos
comunicantes»: https://ferpeqtextos.blogspot.com/2026/09/vasos-comunicantes.html
RESUMEN
En el contexto contemporáneo signado por la
agudización del extractivismo ecocida, la consolidación del agronegocio
concentrador y la reconfiguración de la política de la crueldad en el norte
argentino, el departamento de Anta (Salta) se erige como una auténtica «tierra
de sacrificio». El presente ensayo científico teoriza sobre las estrategias de
resistencia, las memorias situadas y las ontologías alternativas que emergen
desde los márgenes rurales. A partir de la articulación dialéctica entre dos
trayectorias vitales —la de Virginia Caldez, activista trans atravesada por la
doble expulsión territorial y de género, y la de Fernando Pequeño Ragone,
activista de derechos humanos y productor rural sexo-disidente—, se formula la Epistemología
de la Incomodidad como una herramienta metodológica de conocimiento
situado. Cuestionando los marcos académicos asépticos y la violencia
hetero-patriarcal agropecuaria, el escrito analiza cómo la sexualidad y el
deseo disidente constituyen vectores materiales de preservación de la vida,
posibilitando la formulación del «monte soberano» frente a la devastación
extractiva.
Palabras clave: Epistemología
de la Incomodidad, Tierra de Sacrificio, Disidencia Sexual, Memoria
Trans-Rural, Monte Soberano, Anta.
Presentación: tres dimensiones que se
superponen y se entrelazan
Este ensayo se desarrolla en tres dimensiones
que no se suceden una tras otra, sino que se superponen y se entrelazan a lo
largo del texto. Juntas buscan dar cuenta de las estrategias de resistencia,
las memorias situadas y las ontologías alternativas que emergen desde los
márgenes rurales del norte argentino:
1.
La
trayectoria vital de Virginia Caldez.
A los fines de este análisis, su trayectoria enfoca exclusivamente los momentos
de la expulsión: la expulsión de la comunidad de origen y el exilio territorial
hacia las periferias urbanas. No se pretende, por lo tanto, una reconstrucción
integral de su vida. Se trata de un desarrollo del autor, una biografía
política cuyo primer borrador completo puede leerse en https://ferpeqtextos.blogspot.com/2026/08/la-virg-entre-el-monte-y-lanus.html.
2.
La
trayectoria vital de Fernando Pequeño Ragone. Es la trayectoria del autor como activista de
derechos humanos y productor rural sexo-disidente en Finca Los Pozos: la herida
de la desaparición de su abuelo, el duelo incompleto, la tensión del mando
heredado y el pasaje del «feudo» al «refugio».
3.
La
metodología de la Epistemología de la Incomodidad. Es el dispositivo de conocimiento situado que
articula las dos trayectorias anteriores y permite leerlas desde una posición
corporalmente implicada en el territorio, no desde la distancia aséptica.
La expulsión de Virginia y la permanencia del
autor en la finca no son relatos paralelos: se iluminan mutuamente. Lo que una
trayectoria muestra del destierro, la otra lo muestra de la herencia y del
arraigo, y la metodología de la incomodidad es la bisagra que permite pensarlas
juntas. De ese cruce emerge, hacia el final, la noción de «monte soberano» como
ontología alternativa frente a la devastación extractiva.
1. Introducción: anta como frontera extractiva
y tierra de sacrificio
El presente histórico en el norte argentino, y
de manera acentuada en la provincia de Salta, se encuentra modelado por la
profundización de una racionalidad extractivista que combina la expansión
ilimitada de la frontera agropecuaria con la consolidación de renovadas
estructuras de violencia institucional y corporativa. En esta geografía, el
departamento de Anta constituye un caso paradigmático de lo que la sociología
ambiental y la ecología política denominan «tierra de sacrificio» (Svampa,
2019). Este concepto describe la delimitación territorial de zonas periféricas
destinadas al despojo, la contaminación por agroquímicos y la degradación
ecosistémica irrestricta con el objetivo de sostener la acumulación de capital
en los centros hegemónicos de producción grano-ganadera.
La transformación del ecosistema del Chaco
Salteño en un monocultivo de soja y maíz transgénico no solo ha implicado la
deforestación masiva de miles de hectáreas de bosque nativo, sino también la
sistemática precarización de la vida humana y no humana que habitaba
históricamente el territorio. Como han documentado los monitoreos territoriales
de la Asociación Dr. Miguel Ragone por la Verdad, la Memoria y la Justicia
(2026a), la violencia sobre el ambiente en Anta es indisociable de una
estructura de impunidad estatal y policial que ejerce una estricta disciplina
social sobre las poblaciones campesinas, indígenas, afrodescendientes y de las
diversidades sexo-genéricas.
Esta «política de la crueldad» (Segato, 2016)
se manifiesta de forma multifacética en el tejido social rural, configurando un
dispositivo biopolítico y necropolítico (Mbembe, 2019) donde las vidas que no
se alinean a la productividad extractiva o al orden heteronormativo del agro
son declaradas prescindibles. Frente a este escenario de agresión sistemática,
empero, el territorio no opera únicamente como un receptáculo pasivo del daño,
sino como un hervidero de memoria histórica y reactivación de redes comunitarias
de resistencia.
|
Dimensión del Conflicto |
Manifestación Material en el Departamento de Anta |
Estrategia de Resistencia Situada |
|
Extractivismo Agrícola |
Desmonte acelerado, fumigación aérea con agrotóxicos
y acaparamiento de tierras por corporaciones. |
Defensa del «Monte Soberano», conservación
biocultural y proyectos agroecológicos alternativos. |
|
Violencia Institucional |
Persecución policial, criminalización de la protesta
y complicidad judicial con terratenientes (CPTS, 2026b). |
Monitoreo de Derechos Humanos, articulación en redes
de tutela social y denuncia comunitaria. |
|
Heteropatriarcado Rural |
Expulsión de identidades trans, invisibilización de
la disidencia sexual y violencia machista en el agro. |
Biografías políticas, visibilización transrural y
aplicación de la Epistemología de la Incomodidad. |
Es en esta intersección entre despojo
territorial y opresión normada donde se vuelve imperativo mapear las respuestas
comunitarias que desbordan los moldes de la resistencia política tradicional.
El presente estudio parte de la premisa de que la resistencia en las zonas
rurales periféricas no se restringe a la disputa por la propiedad de la tierra,
sino que abarca la defensa de las ontologías locales, los afectos disidentes y
los modos de existencia que desafían la homogenización extractiva.
2. La biografía política de virginia caldez:
trayectoria y doble expulsión
Para comprender las dinámicas de vulneración y
posterior organización en la ruralidad salteña, resulta fundamental recuperar
la trayectoria vital e intelectual de Virginia Caldez («La Virg!»).
Nacida en la ciudad de Metán pero con profundas raíces en el territorio rural
de Anta, la vida de Caldez encarna lo que en este trabajo denominamos el
fenómeno de la doble expulsión (Pequeño Ragone, 2026).
La primera expulsión experimentada por Virginia
opera en el plano simbólico-material de la comunidad de origen. En los espacios
rurales y semiurbanos del interior salteño, signados por una rígida matriz
patriarcal, conservadora y religiosa, la manifestación de una identidad de
género trans genera un inmediato dispositivo de segregación. La expulsión del
hogar, la exclusión del sistema educativo formal y la imposibilidad de acceder
al mercado laboral agrícola —reservado casi exclusivamente para la masculinidad
cisgénero tradicional— constituyen la primera fractura vital que empuja a las
corporalidades disidentes fuera del territorio rural.
La segunda expulsión se despliega en el ámbito
geográfico y sociológico a través de la migración forzada hacia las grandes
periferias urbanas del país. Al igual que cientos de mujeres trans del norte
argentino, Virginia fue desplazada hacia los cordones de marginación del
Conurbano Bonaerense, asentándose en el partido de Lanús. Este desplazamiento
no debe interpretarse como una simple búsqueda de oportunidades, sino como un
exilio territorial inducido por la imposibilidad de habitar pacíficamente el lugar
de origen.
«Irme de Metán no fue una elección de libertad,
fue la única forma de no terminar muerta en una zanja o desaparecida por la
policía local. Pero el monte y el olor a la tierra húmeda de Anta nunca se te
salen del cuerpo; una se lleva la frontera a donde sea que camine» (Caldez,
citada en Pequeño Ragone, 2026, p. 4).
Sin embargo, la biografía política de Virginia
Caldez no concluye en la victimización o en la asimilación pasiva del destierro
urbano. A través de un proceso de politización de la propia memoria y del
constante recontacto con las dinámicas de su provincia natal, Caldez transformó
su vivencia de desarraigo en una plataforma de crítica radical a las
estructuras de exclusión del norte argentino. Durante la entrevista en
profundidad realizada en el año 2022 en el establecimiento Finca Los Pozos
(departamento de Anta), Virginia articuló una narrativa histórica que vincula
la violencia ejercida sobre los cuerpos trans con la devastación provocada por
las máquinas topadoras sobre el monte nativo (Caldez & Pequeño Ragone,
2022).
Ejes Fundamentales de la Entrevista a Virginia
Caldez (Finca Los Pozos, 2022)
Federalismo Disidente: Crítica a la centralización metropolitana de
las agendas LGBTIQ+ que invisibilizan la especificidad de las vivencias trans
en áreas rurales y de frontera.
Memoria Territorial Reconstruida: La reapropiación del espacio rural no como
lugar de condena, sino como espacio de sanación comunitaria y reencuentro con
la naturaleza.
Alianza con el Monte Nativo: Identificación entre la resistencia de la
biodiversidad local frente al agronegocio y la resistencia corporal trans
frente al heteropatriarcado.
El retorno simbólico y físico de Caldez a la
geografía de Anta marca un hito crucial. Demuestra que la memoria trans-rural
posee una potencia epistemológica singular: aquella que surge de conocer el
interior de la violencia institucional local pero también la densidad de los
afectos y las solidaridad subterráneas del campesinado. La figura de «La Virg!»
se convierte así en un eje conductor para historizar la «tierra de sacrificio»
no solo desde la cifra económica o la hectárea desmontada, sino desde la herida
encarnada en los cuerpos que se negaron a ser moldeados por la norma
dominadora.
3. La epistemología de la incomodidad:
conocimiento situado desde los márgenes
A partir del diálogo sostenido con la
trayectoria de Virginia Caldez y de la propia praxis como activista de derechos
humanos y productor rural en Finca Los Pozos, he desarrollado la propuesta
teórica de la Epistemología de la Incomodidad (Pequeño Ragone, 2025b).
Esta formulación surge como una necesidad de ruptura con las metodologías
académicas e institucionales hegemonizantes que analizan los conflictos rurales
desde una distancia aséptica y metropolitana. Su antecedente conceptual directo
es un ensayo anterior sobre las herramientas para una etnografía disruptiva de
las masculinidades (Pequeño Ragone, 2025a), nacido de un curso corto sobre
masculinidades dirigido a estudiantes de la Universidad Nacional de Salta y
promovido por el Área de las Mujeres y Estudios de Género de esa casa de
estudios. Allí se proponía, ya, una «epistemología incómoda» construida a
partir de cuatro herramientas conceptuales: la sublimación, el subalterno, el
asedio y la inmanencia.
Inspirada además en las teorías de los
conocimientos situados (Haraway, 1988) y la fenomenología de los cuerpos
habitados (Ahmed, 2019), la Epistemología de la Incomodidad propone que el
verdadero saber emancipatorio sobre un territorio devastado no se produce desde
la comodidad del escritorio universitario o del organismo estatal de control,
sino desde la posición corporalmente incómoda de quien habita las tensiones
directas de la frontera extractiva.
3.1. Composición teórico-conceptual: cuatro
herramientas articuladas
La sublimación (Freud). Es un mecanismo psíquico por el cual los
impulsos instintivos, principalmente de naturaleza sexual o agresiva, se
desvían de sus objetos originales y se transforman en actividades socialmente
valoradas y productivas, como la creación artística o la investigación (Freud,
1908, 1910). Freud la consideró una operación «saludable» en comparación con
otros mecanismos de defensa como la represión, y la concibió como un proceso
nunca completo: siempre deja un «residuo», una «brecha», una insatisfacción que
impulsa al sujeto.
El subalterno y la desestabilización (Spivak). El término fue acuñado por Antonio Gramsci
para designar a los grupos marginados y oprimidos, excluidos de las estructuras
de poder dominantes. Gayatri Spivak (1988) lo recontextualiza desde los
estudios poscoloniales y se pregunta si el subalterno puede hacerse oír, o si
su voz es sistemáticamente borrada por las estructuras de poder, incluso cuando
se la intenta representar desde posiciones de privilegio. Para Spivak, la tarea
del intelectual no es «dar voz» sino «medir silencios»: analizar las condiciones
de posibilidad e imposibilidad del habla subalterna, siendo consciente de la
propia posición. La desestabilización no es en su obra un concepto autónomo,
sino una consecuencia inherente de su método deconstructivo, que desafía las
estructuras de poder, las representaciones dominantes y las «creencias férreas»
del mundo académico.
El asedio (Derrida). No es un término técnico central en la obra de
Jacques Derrida, pero resuena en la naturaleza persistente e ineludible de la
deconstrucción. La noción de «espectro» (Derrida, 1993) problematiza la
oposición entre vida y muerte, presencia y ausencia: el espectro ronda y asedia
las categorías establecidas, de modo que no permite el reposo en verdades
absolutas. La deconstrucción, además, no es un método externo que se aplica a
un sistema, sino algo que sucede en su interior y que lo lleva a sus propios
límites, revelando sus fisuras. Ese desquiciamiento de lo establecido produce
un «incomodar» persistente.
La inmanencia (Spinoza, Nietzsche, Deleuze). Designa aquello que permanece en, o se
despliega desde, sí mismo, en oposición a la trascendencia. Su recorrido va de
la causalidad inmanente en Aristóteles y la oposición escolástica a la
trascendencia divina hasta Spinoza, para quien Dios o Naturaleza es causa
inmanente de todo lo que existe (Spinoza, 1677). Nietzsche la radicaliza en la
afirmación de la vida terrenal sin justificaciones trascendentes, y Deleuze y
Guattari (1991) formulan el «plano de inmanencia» como un campo de producción y
devenir constante, sin principio trascendente que lo organice.
La inmanencia se articula con el carácter
incompleto de la sublimación freudiana de tres maneras. Primero, el «residuo»
de la sublimación es la persistencia inmanente de la energía pulsional: no se
erradica, se reconduce. Segundo, que el proceso nunca se complete implica un
movimiento perpetuo en el que la insatisfacción actúa como motor interno que
impide la detención. Tercero, las producciones de la sublimación, sean
artísticas, científicas o culturales, no provienen de una inspiración
trascendente sino de la transformación inmanente de fuerzas psíquicas.
|
Herramienta |
Referencia |
Función en la etnografía |
|
Sublimación |
Freud |
Reorientar la incomodidad, la aversión o el juicio
moral del investigador hacia una comprensión más amplia; herramienta ética de
manejo del deseo. |
|
Subalterno / desestabilización |
Gramsci, Spivak |
Reconocer diferencias de poder entre varones y
silencios impuestos; evitar la violencia epistémica; desestabilizar creencias
firmes. |
|
Asedio |
Derrida |
Sostener la presencia ineludible de lo inasimilable,
lo que desborda las categorías y los juicios del investigador. |
|
Inmanencia |
Spinoza, Nietzsche, Deleuze |
Entender el deseo y la pulsión como fuerzas internas
que no se niegan sino que se reconducen; el residuo como motor. |
3.2. Descripción metodológica: cómo opera la
epistemología
La composición anterior funciona como método en
cinco movimientos que se sostienen mutuamente.
1.
La
sublimación del investigador. El primer movimiento consiste en ir más allá
de los propios límites cognitivos y prejuicios morales. La energía pulsional
que el investigador experimenta frente a lo que le resulta aversivo o
condenable (la incomodidad, el juicio moral) se redirige hacia una búsqueda de
conocimiento más profunda. Se trata de transformar el prejuicio y la censura
interna en una capacidad ampliada de comprensión del sufrimiento en contextos
complejos.
2.
El
asedio de lo que incomoda. El investigador no huye de lo inasimilable, lo
sostiene. Al estudiar sujetos o prácticas que no encajan en marcos
políticamente correctos o moralmente aceptables, se enfrenta al asedio de
aquello que desborda sus categorías. Ese asedio obliga a ir siempre un paso más
adelante en el camino de la deconstrucción, asumiendo el riesgo de ser mal
visto o boicoteado.
3.
La
subalternidad y la violencia epistémica. Aplicar la categoría de subalternidad a las
masculinidades, en especial a las rurales o a las que operan desde posiciones
marginales, problematiza la idea de una masculinidad hegemónica monolítica y
permite reconocer las diferencias de poder entre varones. La sublimación
del investigador, bajo el asedio de lo que incomoda, es lo que permite evitar
la violencia epistémica: en lugar de condenar sin más, se buscan explicaciones
y formas de incidir en políticas públicas, sin justificar el maltrato ni las
violencias.
4.
La
inmanencia del deseo. El deseo y la pulsión no se niegan ni se
reprimen: se procesan y se reconducen. El residuo de la pulsión sigue siendo el
motor de la acción, de modo que la energía se transforma en producción de
conocimiento, en cuidado o en acción política, en lugar de ser reprimida o
actuada de forma dañina.
5.
La
dimensión ética. La sublimación no es solo una herramienta
epistemológica del investigador sino una herramienta ética de vida para el
sujeto. En situaciones de asimetría de poder, sea por edad, por posición o por
jerarquía, permite manejar pulsiones complejas de un modo que respeta la
autonomía del otro y contribuye al bien común: el deseo que podría buscar una
gratificación desigual se reconduce hacia el cuidado, la transmisión de
conocimiento, la creación de espacios seguros, la producción cultural o el
activismo político.
De este procedimiento se derivan cuatro
alcances. La autorreflexividad del investigador, cuyo posicionamiento no
es neutro y cuyos propios prejuicios pueden obstaculizar una comprensión
genuina, lo que exige una deconstrucción constante de sus categorías. Un conocimiento
desestabilizador, que no se limita a confirmar sesgos existentes sino que
produce nuevas preguntas, incluso frente a posiciones académicas y políticas
alineadas con la sanción de la violencia y del patriarcado. Una implicancia
política y práctica, porque comprender las raíces de ciertos
comportamientos, en lugar de solo sancionarlos, abre caminos más efectivos para
el cambio y para disminuir el sufrimiento humano y animal. Y la construcción
de discursos alternativos, que buscan deconstruir no solo el patriarcado
sino también el neoliberalismo, frente a la avanzada de las derechas (Pequeño
Ragone, 2025a).
3.3. Del conocimiento situado a la frontera
extractiva
En este ensayo, el dispositivo formulado para
etnografiar masculinidades se desplaza al territorio de la frontera extractiva
y a los cuerpos que lo habitan. Allí la Epistemología de la Incomodidad se
distingue de la epistemología académica hegemónica en cuatro planos:
|
Epistemología Académica Hegemónica |
Epistemología de la Incomodidad |
|
Sujeto de Saber: Observador externo, “neutral”, deslocalizado de las
dinámicas comunitarias. |
Sujeto de Saber: Cuerpo situado, implicado afectiva y políticamente
en el territorio. |
|
Objeto de Estudio: El territorio como dato extractivo, la comunidad
como víctima pasiva. |
Objeto de Estudio: El entramado vivo, las narrativas de resistencia y
los desbordes del deseo. |
|
Lógica de Validación: Asimila el lenguaje técnico del desarrollo, el
rendimiento y la norma legal. |
Lógica de Validación: Valora la fricción, la disidencia sexual, el dolor
histórico y el afecto rural. |
|
Objetivo Político: Producir informes estandarizados para la gestión o
regulación del daño. |
Objetivo Político: Incomodar las estructuras de dominación y
transformar la praxis vital. |
La «incomodidad» opera aquí en una triple
dimensión analítica:
En primer lugar, es una incomodidad corporal
y sensorial. Es la sensación física del calor sofocante del Chaco y de la transición
a la selva de pie de monte salteño, del olor a agroquímicos suspendidos en el
aire tras las fumigaciones y del acecho constante de las fuerzas de seguridad
locales. Pensar desde esta incomodidad impide la desmaterialización del
análisis teórico; obliga a que cada categoría científica responda al
sufrimiento y a la dignidad de la carne.
En segundo lugar, es una incomodidad teórica
y política. Incomoda a la academia tradicional al introducir variables como
el deseo sexo-disidente y la identidad trans en el análisis del agronegocio,
esferas históricamente tratadas como compartimentos estancos. Al mismo tiempo,
incomoda al activismo urbano centralizado al exigirle una mirada crítica sobre
sus propios sesgos porteño-céntricos y la desatención secular hacia los dramas
del interior profundo.
En tercer lugar, es una incomodidad
operativa en el propio territorio. Posicionarse desde la disidencia sexual
en medio del orden machista agropecuario genera una fricción ineludible con los
actores del poder local (terratenientes, contratistas, funcionarios
judiciales). Sin embargo, es precisamente esa posición de no-encaje la que
permite desnaturalizar los consensos extractivistas y visibilizar las alianzas
subterráneas entre los sectores silenciados del departamento de Anta.
4. El deseo y la sexualidad disidente como
vectores de resistencia material
Una de las contribuciones centrales de este
trabajo consiste en descentrar la comprensión de la disidencia sexual solamente
como demanda de derechos civiles de representación en el marco del consumo
liberal, para reubicarla como un vector material de resistencia ontológica y
ambiental (Preciado, 2020).
Decir que la disidencia sexual es un «vector
material de resistencia ontológica y ambiental» supone una lectura que Paul B.
Preciado sostiene a lo largo de su obra: el sexo y el género no son solo
identidades que se reclaman, sino tecnologías políticas que producen cuerpos, y
por eso las disidencias pueden afectar la forma misma en que se organizan la
vida y la tierra.
1. Del reconocimiento a la transformación del
régimen. Reducir la disidencia a una demanda de
derechos civiles equivale a pedir un lugar dentro de un orden que se deja
intacto. Preciado, desde el Manifiesto contrasexual hasta Un
apartamento en Urano, desconfía de esa lógica de inclusión. Lo que está en
disputa para él no es la ampliación del catálogo de sujetos reconocidos, sino
el régimen que clasifica a los cuerpos en categorías binarias, jerarquizadas y
funcionales a la reproducción y a la producción. Aplicado a Anta, esto
significa que la expulsión de una mujer trans del campo no se arregla solo con
una ley de identidad: lo que hay que mover es la estructura de propiedad,
familia y trabajo que la expulsó.
2. El cuerpo como archivo político y
territorio. Preciado propone pensar el cuerpo como una
«somateca»: un archivo vivo donde se inscriben normas, violencias y también
resistencias. Ese cuerpo no es una esencia privada, es un territorio político,
atravesado por los mismos poderes que gobiernan la tierra. Desde ahí se
entiende la «materialidad de resistencia ontológica y ambiental»: la disidencia
no es una opinión ni un estilo de vida, sino una forma concreta de habitar un
cuerpo y un lugar que contradice las categorías que el orden necesita para
funcionar. Por eso la memoria de Virginia Caldez es, al mismo tiempo, memoria
corporal y memoria territorial: lo que le hicieron al cuerpo y lo que le
hicieron al monte pertenecen a una misma historia.
3. El capitalismo que gestiona cuerpos y
especies. En Testo yonqui, Preciado describe un
régimen «farmacopornográfico» que controla la vida mediante la química, la
tecnología y la producción de deseo. Esa mirada permite conectar de modo
directo el agronegocio con el orden sexual. Ambos funcionan por
estandarización: el monocultivo uniforma la tierra, el binarismo uniforma los
cuerpos. Ambos recurren a sustancias que gobiernan la vida (el agroquímico en
el suelo, la norma biomédica en el cuerpo) y ambos necesitan que lo diverso se
lea como desvío o como plaga. De ahí que la disidencia resulte «ambiental»: al
no entrar en el molde, muestra que la naturaleza y los cuerpos no son recursos
homogéneos al servicio de la renta del capital concentrado.
4. La frontera y el tránsito. En Un apartamento en Urano, Preciado
piensa el cambio de género como un cruce de frontera y se identifica con
quienes migran y viven en tránsito. Esa figura ilumina el caso de Anta, donde
la doble expulsión de las personas trans es literalmente un desplazamiento
territorial. Pero también invierte el sentido habitual: quien cruza no es solo
víctima, es quien sabe ver las fronteras que otros dan por naturales, y por eso
puede imaginar otras formas de habitar.
Reubicar la disidencia sexual en este marco
permite afirmar que defender el monte y defender las vidas trans y disidentes
son la misma disputa: la de impugnar un régimen que reparte quién merece vivir,
dónde y de qué manera.
El agronegocio en Anta no funciona únicamente
mediante maquinaria pesada y biotecnología agrícola; requiere, de manera
sustancial, de la reproducción de un orden social heteronormativo, rígido y
disciplinado. La estructura de la propiedad rural tradicional se apoya en la
familia patriarcal hereditaria, la figura del «patrón de estancia»
hipermasculinizado y la división sexual del trabajo donde las mujeres y las
diversidades son confinadas a tareas reproductivas invisibles o expulsadas del
sistema productivo.
El Deseo Disidente como Contra-Fuerza
Extractiva
Frente a la lógica del monocultivo —que exige
la estandarización, la homogeneización y la serialización de la tierra y de los
cuerpos—, el deseo sexo-disidente introduce la irracionalidad de la
diferencia, el goce no productivista y la afectividad no hereditaria. La
disidencia corporal se vuelve ecológicamente disruptiva porque se niega a
concebir la naturaleza y la vida como un recurso meramente explotable.
Cuando las corporalidades trans, maricas,
tortas y sexo-disidentes afirman su derecho a habitar el monte y la finca
rural, desarticulan el relato hegemónico que sostiene que la tierra solo
pertenece a quienes la desmontan, siembran soja o carnean vacas para producir
divisas. La existencia de una afectividad disidente en el agro salteño genera
nuevas formas de comensalidad, de cuidado mutuo y de articulación comunitaria
que rompen el aislamiento impuesto por la violencia corporativa y policial.
5. Finca los pozos y la tensión dialéctica del
«doble mando»: genealogía del trauma, duelo incompleto y la
despatriarcalización del territorio
La administración de un establecimiento
agropecuario en el departamento de Anta no es solo una praxis técnico-económica
de asignación de recursos o manejo de rodeos; representa, fundamentalmente, la
escenificación corporal de un drama genealógico y político. En Finca Los Pozos,
la categoría de «doble mando» desborda la dimensión operacional (la
tensión entre la gestión a distancia y la presencia operativa en el terreno)
para revelarse como una estructura síntoma: la escisión de la autoridad
heredada tras la irrupción del terrorismo de Estado y la imposibilidad
histórica de consumar los duelos patriarcales en el noroeste argentino.
5.1. La fractura constitutiva: Terrorismo de
Estado, desposesión y la ausencia de tumba
Para comprender la arquitectura del mando en
Finca Los Pozos es preciso historizar la herida originaria que reconfiguró la
subjetividad familiar: la mañana del 11 de marzo de 1976, cuando el
exgobernador constitucional de Salta, el Dr. Miguel Ragone —abuelo de este
autor—, fue secuestrado y desaparecido por el terrorismo de Estado previo al
golpe militar (Pequeño Ragone, 2026c). Como postula Michael Pollak (2006) en
sus indagaciones sobre memoria y herida social, los traumas políticos extremos
no se agotan en el acontecimiento histórico, sino que transmiten criptas
intergeneracionales que organizan el silencio y el miedo en las estructuras
domésticas.
La desaparición de Miguel Ragone privó a la
familia no solo de la figura tutelar, sino del ritual funerario básico: la
tumba. En términos psicoanalíticos freudianos, la ausencia de cadáver
imposibilita el trabajo regular del duelo, condenando al linaje a una
melancolía estancada donde el objeto perdido permanece no enterrado, flotando
en el horizonte simbólico (Freud, 1917/1976).
Esta sustracción violenta repercutió
directamente en la gestión de la propiedad rural. El brete de madera dura que
aún se sostiene en la loma de la Laguna de Castellanos —donde en la década de
1970 el abuelo Miguel Ragone y el padre J. F. Pequeño trabajaban
mancomunadamente en las yerras— representaba la «fiesta del orden»: un espacio
de filiación, fuego y marcación de hierro que otorgaba ley, estructura y
pertenencia (Pequeño Ragone, 2026c). Al ser arrancado de cuajo el patriarca, el
principio de autoridad quedó amputado. La subsiguiente muerte del padre J. F.
Pequeño, propietario formal de Finca Los Pozos, clausuró la segunda escala de
contención paternal, transfiriendo la carga patrimonial y productiva a la
generación siguiente bajo el signo de la orfandad.
5.2. El barro de la «doble conducción»: Tensión
de lógicas e incapacidad heredada
La llamada «doble conducción» del
establecimiento rural no constituye una mera divergencia de estilos
administrativos; es la escenificación sintomática de una incapacidad heredada
para saldar quién ejerce el mando cuando la fuente de legitimidad patriarcal ha
sido destruida (Pequeño Ragone, 2026c).
Asi, la doble conducción de la finca repite, en
clave de gestión rural, la doble conducción de la historia familiar: una
dificultad heredada para dirimir quién manda cuando quien debía hacerlo fue
arrancado de cuajo (Pequeño Ragone, 2026c, párr. 14).
En el plano operativo del campo se confrontan
dos habitus (Bourdieu, 1980) disímiles, que remiten a lógicas de gestión antes
que a personas:
1.
El
habitus pragmático-operativo: Propio de la administración ganadera
tradicional, enfocado en la exigencia de la producción, la mensura, el alambre
y la inmediatez del trabajo físico en el corral, atravesado por la soledad de
una gestión que debe sostener la rentabilidad frente a la hostilidad del clima
y el mercado en Anta (Pequeño Ragone, 2026b).
2.
El
habitus autoetnográfico-archivístico: Encarnado por este autor, centrado en la
conservación del ecosistema, la memoria afectiva, el resguardo de las
subjetividades precarizadas y la crítica epistemológica a la racionalidad
extractivista (Pequeño Ragone, 2026a).
Esta bicefalía de lógicas genera parálisis y
fricción. La exigencia de «transparencia productiva» propia de la masculinidad
hegemónica rural intenta someter cada movimiento del territorio al imperio del
inventario y la rentabilidad. Frente a esto, la Epistemología de la
Incomodidad interviene haciendo del secreto y la triangulación no actos de
duplicidad, sino una ética del cuidado para proteger a los trabajadores,
a los jóvenes rurales y sujetos disidentes vulnerables de la violencia
disciplinaria del entorno agropecuario (Pequeño Ragone, 2026a).
5.3. De la loma al espejo de agua: La represa
como tumba simbólica
En la topografía de una zona específica de la
finca próxima al río Castellanos, opera una tensión espacial entre la loma
y el bajo (la laguna/represa). La loma representa el vestigio de la ley
paterna, la estructura, la yerra y el hierro; el bajo plano, por su parte, es
el sitio donde el agua se deposita y se estanca, constituyendo un espejo
flotante sobre el que se proyectan los duelos no cerrados (Pequeño Ragone,
2026c).
Al carecer de un cementerio donde depositar los
restos del abuelo desaparecido, la represa construida en el bajo de la zona
conocida como La Laguna y próxima al río Castellanos; adquiere una función
ontológica sustitutiva. El agua quieta no es únicamente un reservorio hídrico
para la hacienda; es el receptáculo donde la familia deposita el duelo
insondable. La tierra de la planicie funciona como un palimpsesto donde
las huellas fotográficas de los antepasados y la memoria del despojo se
superponen con las aguadas actuales (Pequeño Ragone, 2026c).
Paralelamente, se produce una disrupción
cronológica: al alcanzar los 57 años de edad, el autor advierte que ha superado
la edad que tenían su abuelo y su padre en las fotografías históricas del
brete. Esta inversión de la temporalidad clásica destruye la jerarquía
tradicional: el nieto/hijo deja de ser quien busca la protección del padre para
convertirse en el custodio adulto que debe «cargar» simbólicamente a sus
antepasados jóvenes (Pequeño Ragone, 2026c).
5.4. Del «feudo» al «refugio»: Ruta 34/9, deseo
disidente y despatriarcalización (Habitarlo al padre)
El tránsito recurrente por la Ruta Nacional
34/9 y el cruce del río Juramento a bordo de la camioneta —conectando la finca
con la ciudad de Salta— sintetiza la mediación entre dos velocidades
sociohistóricas: la lentitud del arriero de fines del siglo XIX (con los
capataces Elías e Hilario al frente de cuadrillas de vacas trasladadas a los
sitios de consumo) y la velocidad del analista contemporáneo asistido por
tecnología satelital (Pequeño Ragone, 2026b). Esta movilidad espacial permite
elaborar la transición conceptual más crítica de esta propuesta de lectura
metodológica y de resistencia: el paso del «feudo» al «refugio».
El «feudo» es la herencia patriarcal rígida que
exige demostrar merecimiento a través de la violencia, la dominación ganadera y
el silenciamiento de la diferencia sexual. El «refugio», en cambio, constituye
la despatriarcalización efectiva del predio rural: un espacio donde el
territorio se abre a cuerpos e identidades históricamente expulsadas, como la
activista trans Virginia Caldez o los jóvenes con escaso o nulo acceso al
trabajo de las comunidades locales (Pequeño Ragone, 2022, 2026a, 2026b).
En este marco, la categoría «Habitarlo al
padre» formulada por este autor en otro texto (2026a) sintetiza el giro
metodológico de la Epistemología de la Incomodidad:
1.
Ejerce
un mando sin patriarcado: Se sustituye la orden jerárquica y la
virilidad punitiva por una coordinación basada en la cercanía, la mediación y
el cuidado afectivo.
2.
Inscribe
la disidencia sexual en el monte: El deseo sexo-disidente y la afectividad
no-hegemónica entre varones rurales dejan de ser una falta o una vergüenza para
constituirse en el vector que desestabiliza el orden reproductivo de la
propiedad privada y la producción extractivista.
3.
Reclama
la tierra como cuerpo de memoria: Finca Los Pozos —donde actúa el autor— deja de
ser una herencia mercantil en disputa para transformarse en un cuerpo
transitable donde la memoria del padre y del abuelo no se miden en hectáreas ni
en cabezas de ganado, sino en la capacidad de sostener alternativas de
existencia frente a la violencia ecocida y fascista del presente en Anta.
6. El «monte soberano»: ontologías alternativas
y conservación biocultural
Frente a la desvalorización del bosque chaqueño
por parte del discurso agroindustrial —que lo califica peyorativamente como
«improductivo» o «sucio»—, este ensayo reivindica la noción ontológica del Monte
Soberano.
El Monte Soberano no es una entidad abstracta
ni un parque nacional deshabitado para el disfrute contemplativo burgués. Es un
tejido socio-ecológico complejo donde coexisten especies vegetales nativas
(quebracho colorado y blanco, algarrobo, mistol, chañar), fauna silvestre
amenazada y las memorias colectivas de los pueblos originarios y comunidades
campesinas que han sabido cohabitar con él sin destruirlo.
Afirmar la soberanía del monte implica
reconocerle una agencia propia. El monte resiste con sus tuscas, con su aridez,
con su capacidad de regeneración espontánea cuando se frenan las topadoras o se
detienen las segadoras destuscadoras en los potreros. La conexión entre la
corporalidad disidente y el monte soberano se fundamenta en una complicidad de
marginados: ambos han sido categorizados como desordenados, indómitos o
improductivos por el capital patriarcal; ambos afirman su derecho a la
existencia fuera de la utilidad utilitarista.
«Defender el monte en Anta no es una consigna
ecologista abstracta; es defender la única trinchera que nos queda para que el
deseo, la memoria de las compañeras trans expulsadas y la vida campesina no
sean sepultados bajo un mar de soja transgénica» (Pequeño Ragone, 2025b,
p. 12).
Esta perspectiva entabla un diálogo directo con
los giros ontológicos de la antropología y la ecología política
latinoamericana. Se trata de reconocer que existen formas de habitar el espacio
que no pasan por el dominio, la mercantilización o el extractivismo, sino por
el respeto a los ritmos de la tierra y la valoración de la biodiversidad como
condición sine qua non para la libertad humana.
7. Conclusiones e interpelación a la mesa
latitudes
A modo de cierre, y de cara a las
deliberaciones de la Segunda Jornada de Tejeríos Desobedientes en su
mesa LATITUDES, este ensayo formula una serie de proposiciones
teórico-políticas fundamentales:
1.
Des-metropolitanizar
los transfeminismos y las disidencias sexuales: Es urgente descentrar las agendas activistas
de las grandes capitales e incorporar la complejidad de las fronteras
extractivas rurales. Las trayectorias como la de Virginia Caldez demuestran que
las batallas más encarnadas contra el fascismo y el capitalismo patriarcal se
están librando en los territorios profundos e invisibilizados del interior.
2.
Asumir
la Epistemología de la Incomodidad como herramienta de lucha: Frente al avance de las políticas de la
crueldad y la extrema derecha ecocida, no podemos responder con categorías
analíticas tibias o complacientes. Necesitamos epistemologías situadas que nos
incomoden, que partan de la herida territorial y corporal para construir
conocimiento resistente e incisivo.
3.
Tejer
alianzas entre la defensa de la biodiversidad y la emancipación corporal: La lucha contra el agronegocio ecocida y la
lucha por los derechos de las comunidades campesinas, indígenas y diversidades
sexuales no son causas paralelas; son la misma disputa ontológica por el
derecho a habitar un mundo donde quepan múltiples modos de existencia.
4.
Reivindicar
el Monte Soberano y la afectividad disidente: En las tierras de sacrificio como el
departamento de Anta, sostener una finca alternativa, cuidar el monte nativo y
cultivar la memoria y el afecto entre cuerpos disidentes constituye el acto de
desobediencia más radical y necesario de nuestro presente.
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