Bajo el título "El género en la encrucijada y la necesidad de un diálogo interdisciplinar", la Mesa 3 del Congreso de Filosofía UNSa 2026 reunió ocho ponencias que recorrieron, en una misma mañana, la mitología clásica, la teoría queer, el derecho penal, el capitalismo de plataformas y la vigilancia digital. Sobre un eje mayoritariamente centrado en la denuncia de las asimetrías patriarcales, la propuesta de Fernando Pequeño Ragone —"Soberanías del secreto: mandos afectivos y vigilancia en el Departamento de Anta"— introdujo un descentramiento: desplazó la mirada de la víctima del dispositivo de poder hacia las micropolíticas con que el deseo y la masculinidad rural lo eluden, defendiendo el secreto como tecnología legítima de protección frente a la transparencia neoliberal. El recorrido —de Filomela y el telar mudo a los algoritmos de la manósfera, pasando por el desmantelamiento del Ministerio de las Mujeres— compone un diagnóstico de época: mientras las políticas públicas de género retroceden, la violencia digital se expande como su reverso tecnológico, y la universidad pública insiste en sostener la pregunta por los cuerpos que la historia continúa intentando silenciar.
Soberanías del secreto, cuerpos que no callan
Notas sobre la Mesa 3 de Género en las XX Jornadas de
Filosofía del NOA
Congreso de Filosofía UNSa 2026 —
Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Salta
Contenidos
I.Una mesa dentro de un congreso: el marco institucional
II.El eje matriz de la mesa y el descentramiento que propone Pequeño Ragone
III.Las ocho exposiciones: un recorrido
1.Genealogía del silencio y sororidad radical en la Antigüedad
2.Micropolítica del deseo y descolonización del inconsciente
3.Jerarquías ontológicas y el cuerpo negro feminizado
4.El amor romántico en la red: vigilancia y nuevos mitos
5.Epistemologías de la incomodidad y poder en el territorio
6.Acoso sexual y asimetría epistémica en la Universidad
7.El desmantelamiento de las políticas de género en Argentina
IV.A modo de cierre: pensar el género en tiempos de repliegue
I. Una mesa dentro de un congreso: el marco
institucional
Entre el 5 y el 7 de agosto de 2026, la Facultad de Humanidades de la
Universidad Nacional de Salta fue sede de las XX Jornadas de Filosofía del NOA,
bajo el título “Filosofía, Universidad y Región: problemáticas y desafíos”. Son dos décadas de continuidad
institucional colocan a estas jornadas entre los espacios más estables de
producción filosófica del norte argentino, un ámbito donde la disciplina no se
practica como ejercicio abstracto sino como intervención situada sobre los
problemas de una región concreta. Es en ese marco —regional, universitario,
acumulado en el tiempo— donde se inscribe la Mesa 3, dedicada al género,
desarrollada la mañana del viernes 7 de agosto en el anfiteatro O bajo el
título “El género en la encrucijada y la necesidad de un diálogo
interdisciplinar”.El título de la mesa merece detenerse un instante, porque anuncia dos
operaciones distintas y las funde en una sola convocatoria. “La encrucijada”
supone una crisis o un cruce de caminos: el género, dice el título, no es un
campo resuelto sino un nudo problemático que exige decisiones. Y “el diálogo
interdisciplinar” propone el método para transitar esa encrucijada: ninguna
disciplina aislada —ni el derecho, ni la filosofía clásica, ni la sociología
digital— alcanza para dar cuenta de un fenómeno que atraviesa la mitología
antigua, las políticas públicas contemporáneas y los algoritmos de las redes
sociales al mismo tiempo. Ocho ponencias, presentadas en dos sesiones
consecutivas, respondieron a ese llamado con una amplitud de registros que va
de la filología clásica al análisis de encuestas sobre vínculos digitalizados,
pasando por la filosofía política, la teoría queer, el derecho penal y la
crítica al capitalismo de plataformas.
II. El eje matriz de la mesa y el descentramiento
que propone Pequeño Ragone
La línea matriz que organiza el conjunto de las ponencias se articula,
mayoritariamente, en torno a la denuncia y el análisis de las asimetrías, las
opresiones y las instituciones patriarcales que subordinan o invisibilizan a la
mujer y a lo femenino. Las exposiciones recorren un eje eminentemente defensivo y crítico frente
a la sujeción: la revisión filosófico-histórica del silenciamiento y la
exclusión —presente en los trabajos sobre la mitología clásica y la herencia
platónica—, la opresión estructural o la falta de derechos en sectores
específicos, y la respuesta ante las dinámicas de poder institucional, digital
o estatal que se despliegan en las ponencias sobre vínculos románticos en red,
políticas públicas de género y violencia política digital.Sobre ese fondo compartido, la propuesta que Fernando Pequeño Ragone
introdujo —bajo el título original “Soberanías del secreto
y picadas del deseo: una epistemología de la incomodidad frente a la vigilancia
patriarcal-capitalista en el NOA”— genera una tensión epistemológica y política
concreta con el eje hegemónico de la mesa. No se trata de una tensión de
oposición frontal, sino de lo que cabría llamar un descentramiento: mientras el
grueso de las exposiciones aborda el impacto directo del dispositivo de poder
patriarcal sobre las mujeres y las corporalidades feminizadas, la ponencia de
Pequeño Ragone desplaza el foco hacia los modos en que el deseo y la
masculinidad o subjetividad local negocian, eluden o fisuran ese mismo control.
Expresiones como “soberanías del secreto” y “picadas del deseo” —esta última
tomada del léxico rural, donde la picada nombra el sendero angosto que
atraviesa el monte— señalan un abordaje territorial e informal en el que el
sujeto no solo padece la norma patriarcal, sino que habita zonas de opacidad,
de “incomodidad”, sustraídas al ojo vigilante del sistema.
El segundo movimiento de ese descentramiento es de orden epistemológico:
mientras trabajos como los dedicados al desmantelamiento institucional de las
políticas de género, a la opresión estructural o a las dinámicas universitarias
analizan marcos del derecho, de la universidad o de las políticas públicas,
Pequeño Ragone propone una “epistemología de la incomodidad” radicada
específicamente en el NOA. Ello interpela de manera directa a las teorías de
género más tradicionales, en la medida en que no se limita a un análisis del
daño o de las políticas institucionales de reparación, sino que indaga en las
complejidades, las contradicciones y las territorialidades propias de los
varones y las subjetividades que transitan la vigilancia patriarcal-capitalista
en la región.
Cabría subrayar, con todo, que esta tensión no clausura el diálogo
interdisciplinar que la mesa se propuso como programa, sino que lo exige con
mayor urgencia. Al introducir las fisuras del deseo y la vigilancia desde un
enfoque crítico de la masculinidad y de lo cotidiano en el NOA, el trabajo de
Pequeño Ragone demanda que ese diálogo no se reduzca únicamente al estudio de
las consecuencias del patriarcado sobre la mujer, sino que incorpore, de manera
urgente, las dinámicas del sujeto que sostiene, padece o distorsiona el propio
mandato de masculinidad. En ese sentido, la ponencia funciona menos como una
objeción externa que como un pliegue interno de la misma pregunta que convocó a
la mesa.
III. Las ocho exposiciones: un recorrido
La jornada estuvo articulada, en su conjunto, por una tensión ontológica
de fondo: la dialéctica entre los dispositivos de captura —institucionales,
mitológicos y algorítmicos— y aquellas potencias de fuga que emergen desde la
subalternidad para reclamar el derecho a la existencia. Lo que allí se puso en
juego fue, en última instancia, la capacidad de la filosofía para
desnaturalizar las estructuras de dominación que, bajo el velo de la
transparencia digital o de la tradición clásica, persiguen la domesticación de
los cuerpos. Ese hilo conductor permite recorrer, ponencia por ponencia, un
arco que va de la Antigüedad clásica a los algoritmos contemporáneos.
1. Genealogía del silencio y sororidad radical en
la Antigüedad
La primera ponencia, titulada “La voz del telar: dispositivos de poder y
huelga ontológica en la mitología clásica”, recurrió a la “caja de
herramientas” teórica de la filósofa argentina María Cecilia Colombani,
articulada con la matriz genealógica de Michel Foucault, para desmenuzar la
violencia soberana en la Antigüedad. El análisis de los mitos de Filomela e
Iole reveló que la violación y la mutilación de la lengua no constituyen
desórdenes individuales, sino un suplicio anatomopolítico destinado a garantizar
el monopolio de la palabra oficial, reduciendo la feminidad a la mudez del
oikos.
Un punto de inflexión analítico particularmente fecundo fue el debate
sobre la violencia epistémica alojada en la traducción del latín. Se discutió
cómo la interpretación de la partícula “ut + subjuntivo” —como cláusula
concesiva o como cláusula final— altera radicalmente la percepción del poder en
juego: mientras una traducción tradicional centra la agencia en la primacía de
Hércules, una lectura crítica permite vislumbrar el silencio de Iole como una
forma de resistencia imperturbable. Frente a la clausura del logos emerge así
la noción de “huelga ontológica”: una sustracción activa que bloquea al
opresor. El telar de Filomela reconvierte, en esta lectura, la techné en un
contradiscurso material que funda una sororidad radical, fracturando el canon
biopolítico a través de lo que la ponencia denominó infanticidio genealógico.
En el intercambio con el público se destacó, además, la figura de Baco o
Dioniso como el “dios sin forma”, cuyo éxtasis permite que el cuerpo escape a
su estatuto de botín o de procreador, fracturando la estabilidad de la física
antigua para proponer una ética del desborde.
2. Micropolítica del deseo y descolonización del
inconsciente
María Bernardita Bencenialvo presentó “Lo torcidito: la potencia creadora
frente al capitalismo mundial integrado”, a partir del análisis de la obra de
la actriz trans Eva Parra. Aplicando las categorías de Gilles Deleuze, Félix
Guattari y Suely Rolnik, la exposición cartografió la micropolítica del deseo y
denunció cómo el Capitalismo Mundial Integrado opera mediante lo que la
ponencia llamó el “caifaceo de la pulsión vital”: un proceso que despoja a la
creación de su destino ético para transformarla en mera creatividad
mercantilizada. El sistema busca, en esta lectura, “enderezar lo torcido” o
directamente extirparlo, imponiendo una rufiantización de la subjetividad.
La ponencia distinguió tres sentidos de la cultura —cultura-valor, de
carácter segregatorio; cultura-alma, de carácter aislante, y cultura-mercancía,
de carácter serializado— y presentó el “devenir-mujer” y el
“devenir-homosexual” como líneas de fuga que desafían el palocratismo
dominante. Un momento de particular tensión política fue la referencia al
registro de la obra de Eva Parra en el Instituto Nacional del Teatro, donde la
burocracia institucional borra su identidad de género al inscribirla bajo su nombre
de varón, evidenciando que la institución continúa operando como un espacio
patriarcal que neutraliza la potencia creadora. La exposición concluyó con un
llamado a la descolonización del inconsciente, como condición para evitar que
la singularidad quede confinada en guetos.
3. Jerarquías ontológicas y el cuerpo negro
feminizado
Bárbara desarrolló “Más allá del icono: simulacros y zonas de no-ser en
la herencia platónica”, una crítica radical a la ontología platónica en La
República. La ponencia sostuvo que la distinción entre iconos —copias
legítimas— y simulacros —fantasmas que quiebran la correspondencia con la idea—
constituye la piedra angular de las exclusiones políticas contemporáneas, en la
medida en que la dialéctica platónica funciona como un ejercicio de
purificación orientado al triunfo de la semejanza sobre la diferencia.
Recuperando a Frantz Fanon, la expositora analizó cómo esa jerarquía
condena al cuerpo negro feminizado a lo que denominó la “región del no-ser”. El
ideal de “blanquitud” opera, en esta lectura, como criterio de humanidad que
desplaza lo racializado hacia lo defectuoso, convirtiendo la reproducción en un
laboratorio de blanqueamiento destinado a que la descendencia habite la zona
del ser. La interacción con el público subrayó, además, la epistemología de la
corporalidad presente en la gestualidad de la propia expositora —cuya impronta
evocó, para parte de la audiencia, la figura de Dora Barrancos—, mostrando que
el cuerpo habla allí donde el logos intenta callar. La conclusión formuló un
imperativo ético: romper con la economía afectiva del amo e inventar formas de
vida que escapen al veredicto ontológico de Occidente.
4. El amor romántico en la red: vigilancia y
nuevos mitos
Marina Coronado y María de la Paz Porcar presentaron “Vínculos
datificados: la persistencia del mito romántico en los entornos digitales del
NOA”, basada en un relevamiento estratégico de ciento treinta y ocho encuestas
realizadas en Salta y Jujuy. La ponencia expuso la persistencia de los mitos
románticos, ahora virtualizados bajo nuevas herramientas de control: aunque el
discurso formal de las y los encuestados pregona la “deconstrucción”, las
prácticas relevadas revelan una profunda ansiedad ante el ghosting y una
presión por la espectacularización de la pareja en redes sociales como forma de
validación del afecto.
El análisis destacó cómo el sistema neoliberal opera una erradicación de
la vulnerabilidad, transformando el amor en una transacción de visibilidad o en
un riesgo que el algoritmo debe gestionar. El control se desplaza, en esta
descripción, hacia la vigilancia de la última conexión y la ubicación
compartida, creando una identidad digital de pareja que funciona como una nueva
forma de subordinación. Las redes, concluyeron las expositoras, no han
eliminado el mito romántico: lo han dotado de una infraestructura de vigilancia
que mercantiliza la intimidad y penaliza la opacidad afectiva.
5. Epistemologías de la incomodidad y poder en el
territorio
Fernando Pequeño Ragone presentó “Soberanías del secreto: mandos
afectivos y vigilancia en el Departamento de Anta”, introduciendo la noción de
“epistemología de la incomodidad” y recurriendo al uso de modelos de
inteligencia artificial —Gemini y Claude— como herramientas de asedio analítico
para tensionar las estructuras de poder en el Departamento de Anta, en las
cercanías del pueblo de Las Lajitas y del Parque Nacional El Rey. El estudio
contrastó el mando patriarcal de finca, propio de la organización rural
tradicional, con una propuesta de poder basada en el cuidado y la afectividad
situada.
La exposición problematizó de manera visceral el límite de la insinuación
erótica en relaciones asimétricas —patrón y peón—, advirtiendo que cualquier
avance del deseo en esos contextos corre el riesgo de reeditar el llamado
“derecho de pernada” (droit du seigneur), una herencia colonial que continúa
acechando a los territorios rurales. Asimismo, se defendió el secreto como una
tecnología de protección frente a la exigencia de transparencia total propia
del neoliberalismo. Esta escala micro se articuló con la macroeconomía de los
bonos de carbono, en la que organizaciones no gubernamentales conservacionistas
privatizan el territorio y criminalizan a los pobladores locales que van a
pescar al río. La conclusión validó la importancia de las “zonas opacas” como
defensa frente a un sistema que busca convertir todo cuerpo y todo territorio
en un dato administrable.
6. Acoso sexual y asimetría epistémica en la
Universidad
Beatriz expuso “La ética académica en jaque: taxonomías del acoso y el
fracaso pedagógico”, abordando el acoso sexual como un problema de integridad
institucional. Siguiendo la distinción de Catherine MacKinnon, diferenció entre
el “quid pro quo” y el “acoso por ambiente” —esta última modalidad capaz de
degradar el desempeño sin necesidad de una condición explícita—, y recuperó a
Amia Srinivasan para desarmar la noción de consentimiento bajo condiciones de
asimetría epistémica: el docente que instrumentaliza la transferencia erótica
de la alumna incurre, en esta lectura, en un fracaso pedagógico antes que
meramente ético.
La ponencia presentó una taxonomía del “profesor lascivo”, distinguiendo
entre el acosador público —caracterizado como “el buen tipo”— y el privado —el
conservador que utiliza el atril como barrera—, y señaló roles específicos como
el del “seductor intelectual”, que se sirve de contenidos de humanidades o de
psicología para extraer vulnerabilidades. El debate posterior reafirmó que la
igualdad de género no constituye una formalidad administrativa, sino la
condición misma de posibilidad de la vida académica, exigiendo que la energía
erótica sea redirigida hacia el conocimiento y no hacia la apropiación
personal.
7. El desmantelamiento de las políticas de género
en Argentina
Gabriela Gaspar desarrolló “Del Ministerio a la resistencia: retrocesos
institucionales y violencia política digital”, analizando el impacto del cambio
de gobierno de diciembre de 2023, caracterizado por la desaparición del
Ministerio de las Mujeres y el desmantelamiento de programas como el Acompañar
y la Línea 144. Este retroceso institucional deja a las mujeres, sostuvo la
exposición, en un desamparo material absoluto, en la medida en que la autonomía
física resulta imposible sin autonomía económica.
La ponencia denunció, además, la emergencia de una “muerte civil”
digital: un hostigamiento organizado —doxeo, troleo— destinado a silenciar a
mujeres políticas y periodistas. Esa violencia política digital atenta contra
la pluralidad democrática al forzar el retiro de las voces disidentes del
debate público. En el plano local, se alertó sobre la fragilidad de la paridad
de género en Salta, advirtiendo que, sin representatividad real en las cabezas
de lista, los marcos normativos se vuelven letra muerta frente a un sistema que
utiliza la virtualidad para anular la disidencia.
8. Metafísica del odio y la manósfera
La ponencia de cierre, a cargo de Luisa Sánchez junto a un colega, se
tituló “Algoritmos de la reacción: la manósfera y la capitalización del
malestar masculino” y definió la “metafísica del odio” como la anulación de la
otredad al servicio de la sostenimiento de una identidad colectiva. El foco se
puso en la manósfera —incels, MGTOW—, comunidades que capitalizan la soledad de
los varones jóvenes, y se destacó el papel ideológico de Peter Thiel y de un
ecosistema de Silicon Valley reaccionario y anarcocapitalista, orientado a
predecir y monetizar el comportamiento humano a través de lo que la ponencia
denominó el “Gemelo Digital Social”.
Este sistema, sostuvieron los expositores, no solo promueve la misoginia
organizada, sino que ofrece una narrativa de victimización masculina frente al
avance de derechos. La conclusión subrayó que la manósfera constituye el brazo
digital de un patriarcado renovado que se sirve de algoritmos para restablecer
un orden natural percibido como vulnerado, enfatizando la necesidad urgente de
una alfabetización digital que permita a los varones gestionar su afectividad
por fuera de los esquemas del odio organizado.
IV. A modo de cierre: pensar el género en tiempos
de repliegue
Leída en conjunto, la Mesa 3 no puede desprenderse del contexto político
en el que se celebró. Sus propias ponencias lo hicieron explícito: el análisis
de Gabriela Gaspar sobre la desaparición del Ministerio de las Mujeres, Géneros
y Diversidad, el desmantelamiento del programa Acompañar y de la Línea 144, así
como la fragilidad de la paridad de género en Salta, describen un escenario de
repliegue institucional que no es un telón de fondo abstracto, sino la
condición material sobre la que se produjo cada una de las ocho exposiciones.
En ese sentido, cabría sostener que la mesa funcionó, en la aula universitaria,
como una suerte de contrapeso discursivo frente a la retracción de las
políticas públicas de género en la Argentina contemporánea: allí donde el Estado
retira estructuras de protección y financiamiento, la universidad pública —y
particularmente un espacio como este, sostenido durante veinte ediciones—
retiene y produce marcos conceptuales que permiten nombrar lo que las políticas
dejan de nombrar.
El segundo emergente que atraviesa transversalmente la jornada es el de
la violencia digital, presente no como un tema aislado en una única ponencia
sino como un hilo que conecta casi la totalidad de las exposiciones de la
segunda sesión. Los vínculos datificados y la vigilancia de pareja que
describieron Coronado y Porcar, la muerte civil digital y el doxeo que denunció
Gaspar, la manósfera y el Gemelo Digital Social que analizaron Sánchez y su
colega, y las propias “vigilancia patriarcal-capitalista” y “transparencia
totalitaria del algoritmo” que Pequeño Ragone situó en la escala rural del
Departamento de Anta, componen entre todas un mapa de un mismo fenómeno
observado desde distintas latitudes: la digitalización no ha disuelto las
estructuras patriarcales, sino que les ha provisto de una infraestructura
nueva, más difusa y más difícil de nombrar que la violencia institucional
tradicional, precisamente porque opera bajo la promesa de la transparencia y de
la conexión.
Frente a ese doble movimiento —el repliegue de las políticas públicas y
la expansión de la vigilancia digital—, podría pensarse que la propuesta de
Pequeño Ragone adquiere una relevancia particular, en la medida en que no se
limita a describir el fenómeno desde la perspectiva de quien lo padece, sino
que ensaya una defensa del secreto y de la opacidad como formas legítimas de
resistencia. Esta hipótesis, cabe advertirlo, no está exenta de tensión: la
reivindicación del secreto en contextos de asimetría —como el vínculo
patrón-peón que la propia ponencia problematiza— exige un cuidado analítico
constante, ya que la misma opacidad que protege a un sujeto de la vigilancia
estatal o corporativa podría, en otras condiciones, encubrir relaciones de
poder no resueltas. El propio expositor pareció ser consciente de ese riesgo al
advertir explícitamente sobre la posible reedición del derecho de pernada, lo
cual sugiere que su propuesta no busca una defensa incondicional del secreto,
sino una distinción situada entre la opacidad que protege y la opacidad que
encubre.
En la síntesis final que cerró la jornada se sostuvo que el
silenciamiento de los cuerpos sigue siendo el cimiento del poder político, pero
que la alianza colectiva encuentra siempre fisuras para hacer estallar el
monopolio de la palabra oficial. Frente a la transparencia totalitaria del
algoritmo y la vigilancia digital, se afirmó, la universidad pública se
reafirma como el espacio donde “el secreto” y “lo opaco” operan como mecanismos
de defensa legítimos para las subjetividades subalternas. Sin pretender zanjar
aquí una discusión que las propias ponencias dejaron abierta, puede decirse que
la Mesa 3 del Congreso de Filosofía del NOA 2026 documenta, con la diversidad
de sus ocho voces, un mismo diagnóstico de época: en un momento en que las
políticas públicas de género retroceden y la violencia digital se expande como
su reverso tecnológico, el pensamiento crítico producido desde una universidad
regional del norte argentino insiste en sostener, entre el mito clásico y el
algoritmo contemporáneo, la pregunta por los cuerpos que la historia —y la
actualidad— continúan intentando silenciar.
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