miércoles, 4 de noviembre de 2026

Habitar la incomodidad en la tierra de sacrificio: Deseo sexo-disidente, memorias trans y ontologías del monte soberano en el departamento de Anta

 

Habitar la incomodidad en la tierra de sacrificio: Deseo sexo-disidente, memorias trans y ontologías del monte soberano en el departamento de Anta

Aportes desde la biografía política de Virginia Caldez y la praxis territorial en Finca Los Pozos


Fernando Pequeño Ragone

Activista de derechos humanos y sexo-disidente. Productor rural en Finca Los Pozos (Departamento de Anta, Salta). Asociación Dr. Miguel Ragone por la Verdad, la Memoria y la Justicia / Centro de Estudios y Promoción de los Derechos Humanos.


Síntesis auditiva del texto

 


Contenidos

Nota sobre la escritura asistida con inteligencia artificial

RESUMEN

Presentación: tres dimensiones que se superponen y se entrelazan

1. Introducción: anta como frontera extractiva y tierra de sacrificio

2. La biografía política de virginia caldez: trayectoria y doble expulsión

3. La epistemología de la incomodidad: conocimiento situado desde los márgenes

3.1. Composición teórico-conceptual: cuatro herramientas articuladas

3.2. Descripción metodológica: cómo opera la epistemología

3.3. Del conocimiento situado a la frontera extractiva

4. El deseo y la sexualidad disidente como vectores de resistencia material

5. Finca los pozos y la tensión dialéctica del «doble mando»: genealogía del trauma, duelo incompleto y la despatriarcalización del territorio

5.1. La fractura constitutiva: Terrorismo de Estado, desposesión y la ausencia de tumba

5.2. El barro de la «doble conducción»: Tensión de lógicas e incapacidad heredada

5.3. De la loma al espejo de agua: La represa como tumba simbólica

5.4. Del «feudo» al «refugio»: Ruta 34/9, deseo disidente y despatriarcalización (Habitarlo al padre)

6. El «monte soberano»: ontologías alternativas y conservación biocultural

7. Conclusiones e interpelación a la mesa latitudes

Referencias bibliográficas

 

 

 

 

Nota sobre la escritura asistida con inteligencia artificial

Este ensayo fue escrito con la asistencia de inteligencia artificial (Gemini y Claude). Lo declaro al comienzo porque entiendo la transparencia como una condición del rigor, y porque el modo en que trabajo con estas herramientas forma parte de la reflexión metodológica que aquí propongo.

Las ideas, las hipótesis, las categorías y las decisiones de sentido son mías, y también la responsabilidad por lo que se afirma. La IA intervino como interlocutor para ordenar material, discutir formulaciones, redactar y revisar versiones. Las fuentes, los registros y las entrevistas citadas son los consignados en las referencias.

Los planteos de fondo, que desarrollo en «Vasos comunicantes», pueden sintetizarse en cinco puntos. Primero, construí un conjunto de instrumentos de IA, cada uno configurado de antemano con una identidad, disciplinas, autores y un tono, para tareas acotadas: sostener el rigor teórico, la consistencia de los protocolos y la protección del tiempo de escritura. Un instrumento es rigor prestado, empuñado con criterio propio. Segundo, con el uso, algunos instrumentos se incorporan como prótesis: dejo de pensar con ellos para pensar a través de ellos, como el bastón que traslada la sensibilidad hasta su punta. Tercero, esa incorporación abre un riesgo: confundir una prótesis, que extiende una competencia que ya tengo, con una muleta, que sostiene una ausencia que todavía no trabajé. Distinguir, instrumento por instrumento, qué función es propia y cuál sigue prestada es una tarea metodológica que mantengo siempre abierta. Cuarto, cada instrumento funciona aislado de los otros: quien los comunica soy yo, en el uso de uno y otro, de modo que la integración y la responsabilidad no se delegan. Quinto, no investigo desde una distancia académica limpia sino desde la tensión entre compromiso y distanciamiento; la IA me ayuda a tomar distancia de un material cargado de afecto, sin sustituir la implicación del cuerpo en el territorio.

Invito a leer ambos textos completos:

•              Documento ampliatorio: https://1drv.ms/w/c/0c76dcd310188c4d/IQCmnrsJwWf-QJa7oNPsk4qxAUz-jjatjJDQw015yowVvYA?e=VMyD88&nav=eyJoIjoiNzEyNzcyODAzIn0

•              «Vasos comunicantes»: https://ferpeqtextos.blogspot.com/2026/09/vasos-comunicantes.html

RESUMEN

En el contexto contemporáneo signado por la agudización del extractivismo ecocida, la consolidación del agronegocio concentrador y la reconfiguración de la política de la crueldad en el norte argentino, el departamento de Anta (Salta) se erige como una auténtica «tierra de sacrificio». El presente ensayo científico teoriza sobre las estrategias de resistencia, las memorias situadas y las ontologías alternativas que emergen desde los márgenes rurales. A partir de la articulación dialéctica entre dos trayectorias vitales —la de Virginia Caldez, activista trans atravesada por la doble expulsión territorial y de género, y la de Fernando Pequeño Ragone, activista de derechos humanos y productor rural sexo-disidente—, se formula la Epistemología de la Incomodidad como una herramienta metodológica de conocimiento situado. Cuestionando los marcos académicos asépticos y la violencia hetero-patriarcal agropecuaria, el escrito analiza cómo la sexualidad y el deseo disidente constituyen vectores materiales de preservación de la vida, posibilitando la formulación del «monte soberano» frente a la devastación extractiva.

Palabras clave: Epistemología de la Incomodidad, Tierra de Sacrificio, Disidencia Sexual, Memoria Trans-Rural, Monte Soberano, Anta.

Presentación: tres dimensiones que se superponen y se entrelazan

Este ensayo se desarrolla en tres dimensiones que no se suceden una tras otra, sino que se superponen y se entrelazan a lo largo del texto. Juntas buscan dar cuenta de las estrategias de resistencia, las memorias situadas y las ontologías alternativas que emergen desde los márgenes rurales del norte argentino:

1.          La trayectoria vital de Virginia Caldez. A los fines de este análisis, su trayectoria enfoca exclusivamente los momentos de la expulsión: la expulsión de la comunidad de origen y el exilio territorial hacia las periferias urbanas. No se pretende, por lo tanto, una reconstrucción integral de su vida. Se trata de un desarrollo del autor, una biografía política cuyo primer borrador completo puede leerse en https://ferpeqtextos.blogspot.com/2026/08/la-virg-entre-el-monte-y-lanus.html.

2.          La trayectoria vital de Fernando Pequeño Ragone. Es la trayectoria del autor como activista de derechos humanos y productor rural sexo-disidente en Finca Los Pozos: la herida de la desaparición de su abuelo, el duelo incompleto, la tensión del mando heredado y el pasaje del «feudo» al «refugio».

3.          La metodología de la Epistemología de la Incomodidad. Es el dispositivo de conocimiento situado que articula las dos trayectorias anteriores y permite leerlas desde una posición corporalmente implicada en el territorio, no desde la distancia aséptica.

La expulsión de Virginia y la permanencia del autor en la finca no son relatos paralelos: se iluminan mutuamente. Lo que una trayectoria muestra del destierro, la otra lo muestra de la herencia y del arraigo, y la metodología de la incomodidad es la bisagra que permite pensarlas juntas. De ese cruce emerge, hacia el final, la noción de «monte soberano» como ontología alternativa frente a la devastación extractiva.

1. Introducción: anta como frontera extractiva y tierra de sacrificio

El presente histórico en el norte argentino, y de manera acentuada en la provincia de Salta, se encuentra modelado por la profundización de una racionalidad extractivista que combina la expansión ilimitada de la frontera agropecuaria con la consolidación de renovadas estructuras de violencia institucional y corporativa. En esta geografía, el departamento de Anta constituye un caso paradigmático de lo que la sociología ambiental y la ecología política denominan «tierra de sacrificio» (Svampa, 2019). Este concepto describe la delimitación territorial de zonas periféricas destinadas al despojo, la contaminación por agroquímicos y la degradación ecosistémica irrestricta con el objetivo de sostener la acumulación de capital en los centros hegemónicos de producción grano-ganadera.

La transformación del ecosistema del Chaco Salteño en un monocultivo de soja y maíz transgénico no solo ha implicado la deforestación masiva de miles de hectáreas de bosque nativo, sino también la sistemática precarización de la vida humana y no humana que habitaba históricamente el territorio. Como han documentado los monitoreos territoriales de la Asociación Dr. Miguel Ragone por la Verdad, la Memoria y la Justicia (2026a), la violencia sobre el ambiente en Anta es indisociable de una estructura de impunidad estatal y policial que ejerce una estricta disciplina social sobre las poblaciones campesinas, indígenas, afrodescendientes y de las diversidades sexo-genéricas.

Esta «política de la crueldad» (Segato, 2016) se manifiesta de forma multifacética en el tejido social rural, configurando un dispositivo biopolítico y necropolítico (Mbembe, 2019) donde las vidas que no se alinean a la productividad extractiva o al orden heteronormativo del agro son declaradas prescindibles. Frente a este escenario de agresión sistemática, empero, el territorio no opera únicamente como un receptáculo pasivo del daño, sino como un hervidero de memoria histórica y reactivación de redes comunitarias de resistencia.

Dimensión del Conflicto

Manifestación Material en el Departamento de Anta

Estrategia de Resistencia Situada

Extractivismo Agrícola

Desmonte acelerado, fumigación aérea con agrotóxicos y acaparamiento de tierras por corporaciones.

Defensa del «Monte Soberano», conservación biocultural y proyectos agroecológicos alternativos.

Violencia Institucional

Persecución policial, criminalización de la protesta y complicidad judicial con terratenientes (CPTS, 2026b).

Monitoreo de Derechos Humanos, articulación en redes de tutela social y denuncia comunitaria.

Heteropatriarcado Rural

Expulsión de identidades trans, invisibilización de la disidencia sexual y violencia machista en el agro.

Biografías políticas, visibilización transrural y aplicación de la Epistemología de la Incomodidad.

Es en esta intersección entre despojo territorial y opresión normada donde se vuelve imperativo mapear las respuestas comunitarias que desbordan los moldes de la resistencia política tradicional. El presente estudio parte de la premisa de que la resistencia en las zonas rurales periféricas no se restringe a la disputa por la propiedad de la tierra, sino que abarca la defensa de las ontologías locales, los afectos disidentes y los modos de existencia que desafían la homogenización extractiva.

2. La biografía política de virginia caldez: trayectoria y doble expulsión

Para comprender las dinámicas de vulneración y posterior organización en la ruralidad salteña, resulta fundamental recuperar la trayectoria vital e intelectual de Virginia Caldez («La Virg!»). Nacida en la ciudad de Metán pero con profundas raíces en el territorio rural de Anta, la vida de Caldez encarna lo que en este trabajo denominamos el fenómeno de la doble expulsión (Pequeño Ragone, 2026).

La primera expulsión experimentada por Virginia opera en el plano simbólico-material de la comunidad de origen. En los espacios rurales y semiurbanos del interior salteño, signados por una rígida matriz patriarcal, conservadora y religiosa, la manifestación de una identidad de género trans genera un inmediato dispositivo de segregación. La expulsión del hogar, la exclusión del sistema educativo formal y la imposibilidad de acceder al mercado laboral agrícola —reservado casi exclusivamente para la masculinidad cisgénero tradicional— constituyen la primera fractura vital que empuja a las corporalidades disidentes fuera del territorio rural.

La segunda expulsión se despliega en el ámbito geográfico y sociológico a través de la migración forzada hacia las grandes periferias urbanas del país. Al igual que cientos de mujeres trans del norte argentino, Virginia fue desplazada hacia los cordones de marginación del Conurbano Bonaerense, asentándose en el partido de Lanús. Este desplazamiento no debe interpretarse como una simple búsqueda de oportunidades, sino como un exilio territorial inducido por la imposibilidad de habitar pacíficamente el lugar de origen.

«Irme de Metán no fue una elección de libertad, fue la única forma de no terminar muerta en una zanja o desaparecida por la policía local. Pero el monte y el olor a la tierra húmeda de Anta nunca se te salen del cuerpo; una se lleva la frontera a donde sea que camine» (Caldez, citada en Pequeño Ragone, 2026, p. 4).

Sin embargo, la biografía política de Virginia Caldez no concluye en la victimización o en la asimilación pasiva del destierro urbano. A través de un proceso de politización de la propia memoria y del constante recontacto con las dinámicas de su provincia natal, Caldez transformó su vivencia de desarraigo en una plataforma de crítica radical a las estructuras de exclusión del norte argentino. Durante la entrevista en profundidad realizada en el año 2022 en el establecimiento Finca Los Pozos (departamento de Anta), Virginia articuló una narrativa histórica que vincula la violencia ejercida sobre los cuerpos trans con la devastación provocada por las máquinas topadoras sobre el monte nativo (Caldez & Pequeño Ragone, 2022).

Ejes Fundamentales de la Entrevista a Virginia Caldez (Finca Los Pozos, 2022)

Federalismo Disidente: Crítica a la centralización metropolitana de las agendas LGBTIQ+ que invisibilizan la especificidad de las vivencias trans en áreas rurales y de frontera.

Memoria Territorial Reconstruida: La reapropiación del espacio rural no como lugar de condena, sino como espacio de sanación comunitaria y reencuentro con la naturaleza.

Alianza con el Monte Nativo: Identificación entre la resistencia de la biodiversidad local frente al agronegocio y la resistencia corporal trans frente al heteropatriarcado.

El retorno simbólico y físico de Caldez a la geografía de Anta marca un hito crucial. Demuestra que la memoria trans-rural posee una potencia epistemológica singular: aquella que surge de conocer el interior de la violencia institucional local pero también la densidad de los afectos y las solidaridad subterráneas del campesinado. La figura de «La Virg!» se convierte así en un eje conductor para historizar la «tierra de sacrificio» no solo desde la cifra económica o la hectárea desmontada, sino desde la herida encarnada en los cuerpos que se negaron a ser moldeados por la norma dominadora.

3. La epistemología de la incomodidad: conocimiento situado desde los márgenes

A partir del diálogo sostenido con la trayectoria de Virginia Caldez y de la propia praxis como activista de derechos humanos y productor rural en Finca Los Pozos, he desarrollado la propuesta teórica de la Epistemología de la Incomodidad (Pequeño Ragone, 2025b). Esta formulación surge como una necesidad de ruptura con las metodologías académicas e institucionales hegemonizantes que analizan los conflictos rurales desde una distancia aséptica y metropolitana. Su antecedente conceptual directo es un ensayo anterior sobre las herramientas para una etnografía disruptiva de las masculinidades (Pequeño Ragone, 2025a), nacido de un curso corto sobre masculinidades dirigido a estudiantes de la Universidad Nacional de Salta y promovido por el Área de las Mujeres y Estudios de Género de esa casa de estudios. Allí se proponía, ya, una «epistemología incómoda» construida a partir de cuatro herramientas conceptuales: la sublimación, el subalterno, el asedio y la inmanencia.

Inspirada además en las teorías de los conocimientos situados (Haraway, 1988) y la fenomenología de los cuerpos habitados (Ahmed, 2019), la Epistemología de la Incomodidad propone que el verdadero saber emancipatorio sobre un territorio devastado no se produce desde la comodidad del escritorio universitario o del organismo estatal de control, sino desde la posición corporalmente incómoda de quien habita las tensiones directas de la frontera extractiva.

3.1. Composición teórico-conceptual: cuatro herramientas articuladas

La sublimación (Freud). Es un mecanismo psíquico por el cual los impulsos instintivos, principalmente de naturaleza sexual o agresiva, se desvían de sus objetos originales y se transforman en actividades socialmente valoradas y productivas, como la creación artística o la investigación (Freud, 1908, 1910). Freud la consideró una operación «saludable» en comparación con otros mecanismos de defensa como la represión, y la concibió como un proceso nunca completo: siempre deja un «residuo», una «brecha», una insatisfacción que impulsa al sujeto.

El subalterno y la desestabilización (Spivak). El término fue acuñado por Antonio Gramsci para designar a los grupos marginados y oprimidos, excluidos de las estructuras de poder dominantes. Gayatri Spivak (1988) lo recontextualiza desde los estudios poscoloniales y se pregunta si el subalterno puede hacerse oír, o si su voz es sistemáticamente borrada por las estructuras de poder, incluso cuando se la intenta representar desde posiciones de privilegio. Para Spivak, la tarea del intelectual no es «dar voz» sino «medir silencios»: analizar las condiciones de posibilidad e imposibilidad del habla subalterna, siendo consciente de la propia posición. La desestabilización no es en su obra un concepto autónomo, sino una consecuencia inherente de su método deconstructivo, que desafía las estructuras de poder, las representaciones dominantes y las «creencias férreas» del mundo académico.

El asedio (Derrida). No es un término técnico central en la obra de Jacques Derrida, pero resuena en la naturaleza persistente e ineludible de la deconstrucción. La noción de «espectro» (Derrida, 1993) problematiza la oposición entre vida y muerte, presencia y ausencia: el espectro ronda y asedia las categorías establecidas, de modo que no permite el reposo en verdades absolutas. La deconstrucción, además, no es un método externo que se aplica a un sistema, sino algo que sucede en su interior y que lo lleva a sus propios límites, revelando sus fisuras. Ese desquiciamiento de lo establecido produce un «incomodar» persistente.

La inmanencia (Spinoza, Nietzsche, Deleuze). Designa aquello que permanece en, o se despliega desde, sí mismo, en oposición a la trascendencia. Su recorrido va de la causalidad inmanente en Aristóteles y la oposición escolástica a la trascendencia divina hasta Spinoza, para quien Dios o Naturaleza es causa inmanente de todo lo que existe (Spinoza, 1677). Nietzsche la radicaliza en la afirmación de la vida terrenal sin justificaciones trascendentes, y Deleuze y Guattari (1991) formulan el «plano de inmanencia» como un campo de producción y devenir constante, sin principio trascendente que lo organice.

La inmanencia se articula con el carácter incompleto de la sublimación freudiana de tres maneras. Primero, el «residuo» de la sublimación es la persistencia inmanente de la energía pulsional: no se erradica, se reconduce. Segundo, que el proceso nunca se complete implica un movimiento perpetuo en el que la insatisfacción actúa como motor interno que impide la detención. Tercero, las producciones de la sublimación, sean artísticas, científicas o culturales, no provienen de una inspiración trascendente sino de la transformación inmanente de fuerzas psíquicas.

Herramienta

Referencia

Función en la etnografía

Sublimación

Freud

Reorientar la incomodidad, la aversión o el juicio moral del investigador hacia una comprensión más amplia; herramienta ética de manejo del deseo.

Subalterno / desestabilización

Gramsci, Spivak

Reconocer diferencias de poder entre varones y silencios impuestos; evitar la violencia epistémica; desestabilizar creencias firmes.

Asedio

Derrida

Sostener la presencia ineludible de lo inasimilable, lo que desborda las categorías y los juicios del investigador.

Inmanencia

Spinoza, Nietzsche, Deleuze

Entender el deseo y la pulsión como fuerzas internas que no se niegan sino que se reconducen; el residuo como motor.

3.2. Descripción metodológica: cómo opera la epistemología

La composición anterior funciona como método en cinco movimientos que se sostienen mutuamente.

1.          La sublimación del investigador. El primer movimiento consiste en ir más allá de los propios límites cognitivos y prejuicios morales. La energía pulsional que el investigador experimenta frente a lo que le resulta aversivo o condenable (la incomodidad, el juicio moral) se redirige hacia una búsqueda de conocimiento más profunda. Se trata de transformar el prejuicio y la censura interna en una capacidad ampliada de comprensión del sufrimiento en contextos complejos.

2.          El asedio de lo que incomoda. El investigador no huye de lo inasimilable, lo sostiene. Al estudiar sujetos o prácticas que no encajan en marcos políticamente correctos o moralmente aceptables, se enfrenta al asedio de aquello que desborda sus categorías. Ese asedio obliga a ir siempre un paso más adelante en el camino de la deconstrucción, asumiendo el riesgo de ser mal visto o boicoteado.

3.          La subalternidad y la violencia epistémica. Aplicar la categoría de subalternidad a las masculinidades, en especial a las rurales o a las que operan desde posiciones marginales, problematiza la idea de una masculinidad hegemónica monolítica y permite reconocer las diferencias de poder entre varones. La sublimación del investigador, bajo el asedio de lo que incomoda, es lo que permite evitar la violencia epistémica: en lugar de condenar sin más, se buscan explicaciones y formas de incidir en políticas públicas, sin justificar el maltrato ni las violencias.

4.          La inmanencia del deseo. El deseo y la pulsión no se niegan ni se reprimen: se procesan y se reconducen. El residuo de la pulsión sigue siendo el motor de la acción, de modo que la energía se transforma en producción de conocimiento, en cuidado o en acción política, en lugar de ser reprimida o actuada de forma dañina.

5.          La dimensión ética. La sublimación no es solo una herramienta epistemológica del investigador sino una herramienta ética de vida para el sujeto. En situaciones de asimetría de poder, sea por edad, por posición o por jerarquía, permite manejar pulsiones complejas de un modo que respeta la autonomía del otro y contribuye al bien común: el deseo que podría buscar una gratificación desigual se reconduce hacia el cuidado, la transmisión de conocimiento, la creación de espacios seguros, la producción cultural o el activismo político.

De este procedimiento se derivan cuatro alcances. La autorreflexividad del investigador, cuyo posicionamiento no es neutro y cuyos propios prejuicios pueden obstaculizar una comprensión genuina, lo que exige una deconstrucción constante de sus categorías. Un conocimiento desestabilizador, que no se limita a confirmar sesgos existentes sino que produce nuevas preguntas, incluso frente a posiciones académicas y políticas alineadas con la sanción de la violencia y del patriarcado. Una implicancia política y práctica, porque comprender las raíces de ciertos comportamientos, en lugar de solo sancionarlos, abre caminos más efectivos para el cambio y para disminuir el sufrimiento humano y animal. Y la construcción de discursos alternativos, que buscan deconstruir no solo el patriarcado sino también el neoliberalismo, frente a la avanzada de las derechas (Pequeño Ragone, 2025a).

3.3. Del conocimiento situado a la frontera extractiva

En este ensayo, el dispositivo formulado para etnografiar masculinidades se desplaza al territorio de la frontera extractiva y a los cuerpos que lo habitan. Allí la Epistemología de la Incomodidad se distingue de la epistemología académica hegemónica en cuatro planos:

Epistemología Académica Hegemónica

Epistemología de la Incomodidad

Sujeto de Saber: Observador externo, “neutral”, deslocalizado de las dinámicas comunitarias.

Sujeto de Saber: Cuerpo situado, implicado afectiva y políticamente en el territorio.

Objeto de Estudio: El territorio como dato extractivo, la comunidad como víctima pasiva.

Objeto de Estudio: El entramado vivo, las narrativas de resistencia y los desbordes del deseo.

Lógica de Validación: Asimila el lenguaje técnico del desarrollo, el rendimiento y la norma legal.

Lógica de Validación: Valora la fricción, la disidencia sexual, el dolor histórico y el afecto rural.

Objetivo Político: Producir informes estandarizados para la gestión o regulación del daño.

Objetivo Político: Incomodar las estructuras de dominación y transformar la praxis vital.

La «incomodidad» opera aquí en una triple dimensión analítica:

En primer lugar, es una incomodidad corporal y sensorial. Es la sensación física del calor sofocante del Chaco y de la transición a la selva de pie de monte salteño, del olor a agroquímicos suspendidos en el aire tras las fumigaciones y del acecho constante de las fuerzas de seguridad locales. Pensar desde esta incomodidad impide la desmaterialización del análisis teórico; obliga a que cada categoría científica responda al sufrimiento y a la dignidad de la carne.

En segundo lugar, es una incomodidad teórica y política. Incomoda a la academia tradicional al introducir variables como el deseo sexo-disidente y la identidad trans en el análisis del agronegocio, esferas históricamente tratadas como compartimentos estancos. Al mismo tiempo, incomoda al activismo urbano centralizado al exigirle una mirada crítica sobre sus propios sesgos porteño-céntricos y la desatención secular hacia los dramas del interior profundo.

En tercer lugar, es una incomodidad operativa en el propio territorio. Posicionarse desde la disidencia sexual en medio del orden machista agropecuario genera una fricción ineludible con los actores del poder local (terratenientes, contratistas, funcionarios judiciales). Sin embargo, es precisamente esa posición de no-encaje la que permite desnaturalizar los consensos extractivistas y visibilizar las alianzas subterráneas entre los sectores silenciados del departamento de Anta.

4. El deseo y la sexualidad disidente como vectores de resistencia material

Una de las contribuciones centrales de este trabajo consiste en descentrar la comprensión de la disidencia sexual solamente como demanda de derechos civiles de representación en el marco del consumo liberal, para reubicarla como un vector material de resistencia ontológica y ambiental (Preciado, 2020).

Decir que la disidencia sexual es un «vector material de resistencia ontológica y ambiental» supone una lectura que Paul B. Preciado sostiene a lo largo de su obra: el sexo y el género no son solo identidades que se reclaman, sino tecnologías políticas que producen cuerpos, y por eso las disidencias pueden afectar la forma misma en que se organizan la vida y la tierra.

1. Del reconocimiento a la transformación del régimen. Reducir la disidencia a una demanda de derechos civiles equivale a pedir un lugar dentro de un orden que se deja intacto. Preciado, desde el Manifiesto contrasexual hasta Un apartamento en Urano, desconfía de esa lógica de inclusión. Lo que está en disputa para él no es la ampliación del catálogo de sujetos reconocidos, sino el régimen que clasifica a los cuerpos en categorías binarias, jerarquizadas y funcionales a la reproducción y a la producción. Aplicado a Anta, esto significa que la expulsión de una mujer trans del campo no se arregla solo con una ley de identidad: lo que hay que mover es la estructura de propiedad, familia y trabajo que la expulsó.

2. El cuerpo como archivo político y territorio. Preciado propone pensar el cuerpo como una «somateca»: un archivo vivo donde se inscriben normas, violencias y también resistencias. Ese cuerpo no es una esencia privada, es un territorio político, atravesado por los mismos poderes que gobiernan la tierra. Desde ahí se entiende la «materialidad de resistencia ontológica y ambiental»: la disidencia no es una opinión ni un estilo de vida, sino una forma concreta de habitar un cuerpo y un lugar que contradice las categorías que el orden necesita para funcionar. Por eso la memoria de Virginia Caldez es, al mismo tiempo, memoria corporal y memoria territorial: lo que le hicieron al cuerpo y lo que le hicieron al monte pertenecen a una misma historia.

3. El capitalismo que gestiona cuerpos y especies. En Testo yonqui, Preciado describe un régimen «farmacopornográfico» que controla la vida mediante la química, la tecnología y la producción de deseo. Esa mirada permite conectar de modo directo el agronegocio con el orden sexual. Ambos funcionan por estandarización: el monocultivo uniforma la tierra, el binarismo uniforma los cuerpos. Ambos recurren a sustancias que gobiernan la vida (el agroquímico en el suelo, la norma biomédica en el cuerpo) y ambos necesitan que lo diverso se lea como desvío o como plaga. De ahí que la disidencia resulte «ambiental»: al no entrar en el molde, muestra que la naturaleza y los cuerpos no son recursos homogéneos al servicio de la renta del capital concentrado.

4. La frontera y el tránsito. En Un apartamento en Urano, Preciado piensa el cambio de género como un cruce de frontera y se identifica con quienes migran y viven en tránsito. Esa figura ilumina el caso de Anta, donde la doble expulsión de las personas trans es literalmente un desplazamiento territorial. Pero también invierte el sentido habitual: quien cruza no es solo víctima, es quien sabe ver las fronteras que otros dan por naturales, y por eso puede imaginar otras formas de habitar.

Reubicar la disidencia sexual en este marco permite afirmar que defender el monte y defender las vidas trans y disidentes son la misma disputa: la de impugnar un régimen que reparte quién merece vivir, dónde y de qué manera.

El agronegocio en Anta no funciona únicamente mediante maquinaria pesada y biotecnología agrícola; requiere, de manera sustancial, de la reproducción de un orden social heteronormativo, rígido y disciplinado. La estructura de la propiedad rural tradicional se apoya en la familia patriarcal hereditaria, la figura del «patrón de estancia» hipermasculinizado y la división sexual del trabajo donde las mujeres y las diversidades son confinadas a tareas reproductivas invisibles o expulsadas del sistema productivo.

El Deseo Disidente como Contra-Fuerza Extractiva

Frente a la lógica del monocultivo —que exige la estandarización, la homogeneización y la serialización de la tierra y de los cuerpos—, el deseo sexo-disidente introduce la irracionalidad de la diferencia, el goce no productivista y la afectividad no hereditaria. La disidencia corporal se vuelve ecológicamente disruptiva porque se niega a concebir la naturaleza y la vida como un recurso meramente explotable.

Cuando las corporalidades trans, maricas, tortas y sexo-disidentes afirman su derecho a habitar el monte y la finca rural, desarticulan el relato hegemónico que sostiene que la tierra solo pertenece a quienes la desmontan, siembran soja o carnean vacas para producir divisas. La existencia de una afectividad disidente en el agro salteño genera nuevas formas de comensalidad, de cuidado mutuo y de articulación comunitaria que rompen el aislamiento impuesto por la violencia corporativa y policial.

5. Finca los pozos y la tensión dialéctica del «doble mando»: genealogía del trauma, duelo incompleto y la despatriarcalización del territorio

La administración de un establecimiento agropecuario en el departamento de Anta no es solo una praxis técnico-económica de asignación de recursos o manejo de rodeos; representa, fundamentalmente, la escenificación corporal de un drama genealógico y político. En Finca Los Pozos, la categoría de «doble mando» desborda la dimensión operacional (la tensión entre la gestión a distancia y la presencia operativa en el terreno) para revelarse como una estructura síntoma: la escisión de la autoridad heredada tras la irrupción del terrorismo de Estado y la imposibilidad histórica de consumar los duelos patriarcales en el noroeste argentino.

5.1. La fractura constitutiva: Terrorismo de Estado, desposesión y la ausencia de tumba

Para comprender la arquitectura del mando en Finca Los Pozos es preciso historizar la herida originaria que reconfiguró la subjetividad familiar: la mañana del 11 de marzo de 1976, cuando el exgobernador constitucional de Salta, el Dr. Miguel Ragone —abuelo de este autor—, fue secuestrado y desaparecido por el terrorismo de Estado previo al golpe militar (Pequeño Ragone, 2026c). Como postula Michael Pollak (2006) en sus indagaciones sobre memoria y herida social, los traumas políticos extremos no se agotan en el acontecimiento histórico, sino que transmiten criptas intergeneracionales que organizan el silencio y el miedo en las estructuras domésticas.

La desaparición de Miguel Ragone privó a la familia no solo de la figura tutelar, sino del ritual funerario básico: la tumba. En términos psicoanalíticos freudianos, la ausencia de cadáver imposibilita el trabajo regular del duelo, condenando al linaje a una melancolía estancada donde el objeto perdido permanece no enterrado, flotando en el horizonte simbólico (Freud, 1917/1976).

Esta sustracción violenta repercutió directamente en la gestión de la propiedad rural. El brete de madera dura que aún se sostiene en la loma de la Laguna de Castellanos —donde en la década de 1970 el abuelo Miguel Ragone y el padre J. F. Pequeño trabajaban mancomunadamente en las yerras— representaba la «fiesta del orden»: un espacio de filiación, fuego y marcación de hierro que otorgaba ley, estructura y pertenencia (Pequeño Ragone, 2026c). Al ser arrancado de cuajo el patriarca, el principio de autoridad quedó amputado. La subsiguiente muerte del padre J. F. Pequeño, propietario formal de Finca Los Pozos, clausuró la segunda escala de contención paternal, transfiriendo la carga patrimonial y productiva a la generación siguiente bajo el signo de la orfandad.

5.2. El barro de la «doble conducción»: Tensión de lógicas e incapacidad heredada

La llamada «doble conducción» del establecimiento rural no constituye una mera divergencia de estilos administrativos; es la escenificación sintomática de una incapacidad heredada para saldar quién ejerce el mando cuando la fuente de legitimidad patriarcal ha sido destruida (Pequeño Ragone, 2026c).

Asi, la doble conducción de la finca repite, en clave de gestión rural, la doble conducción de la historia familiar: una dificultad heredada para dirimir quién manda cuando quien debía hacerlo fue arrancado de cuajo (Pequeño Ragone, 2026c, párr. 14).

En el plano operativo del campo se confrontan dos habitus (Bourdieu, 1980) disímiles, que remiten a lógicas de gestión antes que a personas:

1.          El habitus pragmático-operativo: Propio de la administración ganadera tradicional, enfocado en la exigencia de la producción, la mensura, el alambre y la inmediatez del trabajo físico en el corral, atravesado por la soledad de una gestión que debe sostener la rentabilidad frente a la hostilidad del clima y el mercado en Anta (Pequeño Ragone, 2026b).

2.          El habitus autoetnográfico-archivístico: Encarnado por este autor, centrado en la conservación del ecosistema, la memoria afectiva, el resguardo de las subjetividades precarizadas y la crítica epistemológica a la racionalidad extractivista (Pequeño Ragone, 2026a).

Esta bicefalía de lógicas genera parálisis y fricción. La exigencia de «transparencia productiva» propia de la masculinidad hegemónica rural intenta someter cada movimiento del territorio al imperio del inventario y la rentabilidad. Frente a esto, la Epistemología de la Incomodidad interviene haciendo del secreto y la triangulación no actos de duplicidad, sino una ética del cuidado para proteger a los trabajadores, a los jóvenes rurales y sujetos disidentes vulnerables de la violencia disciplinaria del entorno agropecuario (Pequeño Ragone, 2026a).

5.3. De la loma al espejo de agua: La represa como tumba simbólica

En la topografía de una zona específica de la finca próxima al río Castellanos, opera una tensión espacial entre la loma y el bajo (la laguna/represa). La loma representa el vestigio de la ley paterna, la estructura, la yerra y el hierro; el bajo plano, por su parte, es el sitio donde el agua se deposita y se estanca, constituyendo un espejo flotante sobre el que se proyectan los duelos no cerrados (Pequeño Ragone, 2026c).

Al carecer de un cementerio donde depositar los restos del abuelo desaparecido, la represa construida en el bajo de la zona conocida como La Laguna y próxima al río Castellanos; adquiere una función ontológica sustitutiva. El agua quieta no es únicamente un reservorio hídrico para la hacienda; es el receptáculo donde la familia deposita el duelo insondable. La tierra de la planicie funciona como un palimpsesto donde las huellas fotográficas de los antepasados y la memoria del despojo se superponen con las aguadas actuales (Pequeño Ragone, 2026c).

Paralelamente, se produce una disrupción cronológica: al alcanzar los 57 años de edad, el autor advierte que ha superado la edad que tenían su abuelo y su padre en las fotografías históricas del brete. Esta inversión de la temporalidad clásica destruye la jerarquía tradicional: el nieto/hijo deja de ser quien busca la protección del padre para convertirse en el custodio adulto que debe «cargar» simbólicamente a sus antepasados jóvenes (Pequeño Ragone, 2026c).

5.4. Del «feudo» al «refugio»: Ruta 34/9, deseo disidente y despatriarcalización (Habitarlo al padre)

El tránsito recurrente por la Ruta Nacional 34/9 y el cruce del río Juramento a bordo de la camioneta —conectando la finca con la ciudad de Salta— sintetiza la mediación entre dos velocidades sociohistóricas: la lentitud del arriero de fines del siglo XIX (con los capataces Elías e Hilario al frente de cuadrillas de vacas trasladadas a los sitios de consumo) y la velocidad del analista contemporáneo asistido por tecnología satelital (Pequeño Ragone, 2026b). Esta movilidad espacial permite elaborar la transición conceptual más crítica de esta propuesta de lectura metodológica y de resistencia: el paso del «feudo» al «refugio».

El «feudo» es la herencia patriarcal rígida que exige demostrar merecimiento a través de la violencia, la dominación ganadera y el silenciamiento de la diferencia sexual. El «refugio», en cambio, constituye la despatriarcalización efectiva del predio rural: un espacio donde el territorio se abre a cuerpos e identidades históricamente expulsadas, como la activista trans Virginia Caldez o los jóvenes con escaso o nulo acceso al trabajo de las comunidades locales (Pequeño Ragone, 2022, 2026a, 2026b).

En este marco, la categoría «Habitarlo al padre» formulada por este autor en otro texto (2026a) sintetiza el giro metodológico de la Epistemología de la Incomodidad:

1.          Ejerce un mando sin patriarcado: Se sustituye la orden jerárquica y la virilidad punitiva por una coordinación basada en la cercanía, la mediación y el cuidado afectivo.

2.          Inscribe la disidencia sexual en el monte: El deseo sexo-disidente y la afectividad no-hegemónica entre varones rurales dejan de ser una falta o una vergüenza para constituirse en el vector que desestabiliza el orden reproductivo de la propiedad privada y la producción extractivista.

3.          Reclama la tierra como cuerpo de memoria: Finca Los Pozos —donde actúa el autor— deja de ser una herencia mercantil en disputa para transformarse en un cuerpo transitable donde la memoria del padre y del abuelo no se miden en hectáreas ni en cabezas de ganado, sino en la capacidad de sostener alternativas de existencia frente a la violencia ecocida y fascista del presente en Anta.

6. El «monte soberano»: ontologías alternativas y conservación biocultural

Frente a la desvalorización del bosque chaqueño por parte del discurso agroindustrial —que lo califica peyorativamente como «improductivo» o «sucio»—, este ensayo reivindica la noción ontológica del Monte Soberano.

El Monte Soberano no es una entidad abstracta ni un parque nacional deshabitado para el disfrute contemplativo burgués. Es un tejido socio-ecológico complejo donde coexisten especies vegetales nativas (quebracho colorado y blanco, algarrobo, mistol, chañar), fauna silvestre amenazada y las memorias colectivas de los pueblos originarios y comunidades campesinas que han sabido cohabitar con él sin destruirlo.

Afirmar la soberanía del monte implica reconocerle una agencia propia. El monte resiste con sus tuscas, con su aridez, con su capacidad de regeneración espontánea cuando se frenan las topadoras o se detienen las segadoras destuscadoras en los potreros. La conexión entre la corporalidad disidente y el monte soberano se fundamenta en una complicidad de marginados: ambos han sido categorizados como desordenados, indómitos o improductivos por el capital patriarcal; ambos afirman su derecho a la existencia fuera de la utilidad utilitarista.

«Defender el monte en Anta no es una consigna ecologista abstracta; es defender la única trinchera que nos queda para que el deseo, la memoria de las compañeras trans expulsadas y la vida campesina no sean sepultados bajo un mar de soja transgénica» (Pequeño Ragone, 2025b, p. 12).

Esta perspectiva entabla un diálogo directo con los giros ontológicos de la antropología y la ecología política latinoamericana. Se trata de reconocer que existen formas de habitar el espacio que no pasan por el dominio, la mercantilización o el extractivismo, sino por el respeto a los ritmos de la tierra y la valoración de la biodiversidad como condición sine qua non para la libertad humana.

7. Conclusiones e interpelación a la mesa latitudes

A modo de cierre, y de cara a las deliberaciones de la Segunda Jornada de Tejeríos Desobedientes en su mesa LATITUDES, este ensayo formula una serie de proposiciones teórico-políticas fundamentales:

1.          Des-metropolitanizar los transfeminismos y las disidencias sexuales: Es urgente descentrar las agendas activistas de las grandes capitales e incorporar la complejidad de las fronteras extractivas rurales. Las trayectorias como la de Virginia Caldez demuestran que las batallas más encarnadas contra el fascismo y el capitalismo patriarcal se están librando en los territorios profundos e invisibilizados del interior.

2.          Asumir la Epistemología de la Incomodidad como herramienta de lucha: Frente al avance de las políticas de la crueldad y la extrema derecha ecocida, no podemos responder con categorías analíticas tibias o complacientes. Necesitamos epistemologías situadas que nos incomoden, que partan de la herida territorial y corporal para construir conocimiento resistente e incisivo.

3.          Tejer alianzas entre la defensa de la biodiversidad y la emancipación corporal: La lucha contra el agronegocio ecocida y la lucha por los derechos de las comunidades campesinas, indígenas y diversidades sexuales no son causas paralelas; son la misma disputa ontológica por el derecho a habitar un mundo donde quepan múltiples modos de existencia.

4.          Reivindicar el Monte Soberano y la afectividad disidente: En las tierras de sacrificio como el departamento de Anta, sostener una finca alternativa, cuidar el monte nativo y cultivar la memoria y el afecto entre cuerpos disidentes constituye el acto de desobediencia más radical y necesario de nuestro presente.

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