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miércoles, 5 de agosto de 2026

Soberanías del secreto. Ensayo Congreso Filosofía UNSa 2026

Este ensayo propone una epistemología de la incomodidad para analizar la gestión de tierras y las masculinidades rurales en el Noroeste argentino. El autor utiliza su propia experiencia administrando una finca en Salta para cuestionar los mandatos patriarcales de autoridad y propiedad heredados de su linaje. A través de un enfoque interdisciplinario, el texto examina cómo el secreto actúa como una herramienta de protección para sujetos subalternos frente a la vigilancia del capital. Asimismo, vincula estas tensiones domésticas con problemas de mayor escala, como el neoliberalismo de la conservación y el control corporativo del territorio. Finalmente, la obra defiende la memoria histórica y los vínculos afectivos como formas legítimas de habitar la tierra sin replicar lógicas de dominación tradicionales.

XX Jornadas de Filosofía del NOA, la Mesa 3 se ubica el día viernes 7 agosto, de 9 a 12,30hs, en el Anfiteatro P (Sector de Aulas Norte).

Sintesis 


Ver el ensayo completo aqui. 


Soberanías del secreto y picadas del deseo: una epistemología de la incomodidad frente a la vigilancia patriarcal-capitalista en el NOA

Ponencia en las XX Jornadas de Filosofía, U N Sa. Mesa N° 3. XX Jornadas de Filosofía del NOA, la Mesa 3 se ubica el día viernes 7 de agosto, de 9 a 12,30hs, en el Anfiteatro P (Sector de Aulas Norte).


¿Puede el secreto ser una forma de cuidado, y no de sometimiento? Esta ponencia parte de un caso situado en el monte de Anta —la gestión cotidiana de una finca familiar— para pensar cómo se reconfiguran las masculinidades rurales del NOA cuando el mando heredado del padre ya no alcanza, y cuando la opacidad, antes que la transparencia obligatoria, se vuelve una estrategia de resguardo frente a la vigilancia patriarcal. El argumento no se detiene ahí: la misma lógica que exige volver legible todo deseo, todo vínculo, toda práctica que escapa a la clasificación, reaparece —a otra escala— en la conservación ambiental neoliberal, que necesita "limpiar" el territorio de presencia humana para capturar su valor financiero, incluso apoyándose en las fuerzas de seguridad provinciales.

Se invita especialmente a colegas que trabajan sobre conservación ambiental, extractivismo y ecología política, y a quienes investigan género y masculinidades, a un debate que no busca cerrar la tensión entre cuidado y poder, sino sostenerla a la vista: ¿qué territorios —familiares, corporales, comunitarios— seguimos exigiendo que se vuelvan transparentes, y a qué costo? Los esperamos en la Mesa 3 de las XX Jornadas de Filosofía del NOA para pensarlo juntos.

Sintesis auditiva


Sintesis visual


El ensayo académico

Soberanías del secreto y picadas del deseo

Una epistemología de la incomodidad frente a la vigilancia patriarcal-capitalista en el NOA

Fernando Pequeño Ragone

XX Jornadas de Filosofía del NOA — Mesa 3: El género en la encrucijada y la necesidad de un diálogo interdisciplinar

asistido por Gemini Notebook, Gemini Pro y Claude IA
A cerca de mi escritura asistida con IA.

 

Contenidos:

1.Introducción: objetivos, fundamentos y el método de una epistemología incómoda

2.La espacialidad: Los Pozos, Anta y el monte como texto

3.Los interlocutores del informe

4.Desarrollo

4.1Nombrar el monte: la topografía lingüística como aparato de poder

4.2El mando que no alcanza: R., C. y las dos gramáticas de la autoridad

4.3El vaso lleno: Elsa y el habitus de la gratitud

4.4El secreto como tecnología del cuidado

4.5La insinuación y su límite: una tensión que la epistemología no cierra

4.6Habitar al padre: nombre, cuerpo y memoria

5.Extensión: de la picada del monte al cercamiento verde — la herida neoliberalde la conservación

6.Conclusión: el valor del encuentro

Referencias

 

1. Introducción: objetivos, fundamentos y el método de una epistemología incómoda

Este ensayo parte de un problema que no admite resolución cómoda: ¿cómo se administra un territorio familiar —una finca de aproximadamente cuatro mil hectáreas en el departamento de Anta, provincia de Salta— sin repetir mecánicamente el mandato patriarcal que ese mismo territorio parece exigir como condición de legitimidad? La pregunta no es retórica ni meramente autobiográfica: es, ante todo, una pregunta metodológica sobre qué clase de conocimiento puede producirse desde el cuerpo propio del investigador cuando ese cuerpo está, además, atravesado por el deseo, el linaje y la propiedad.

El objetivo de esta ponencia es doble. Por un lado, presentar un caso empírico —la gestión cotidiana de la finca Los Pozos y su comparación con la vecina Estancia González— como un laboratorio situado para pensar las masculinidades rurales del Noroeste argentino, la función del secreto y la reconfiguración del mando más allá de la orden vertical heredada del padre. Por otro lado, extender esa misma gramática crítica —la de la vigilancia, la transparencia obligatoria y el secreto como recurso de quienes son subalternizados— hacia un problema de escala mayor: la conservación ambiental neoliberal y su alianza con las fuerzas de seguridad provinciales, tal como se ha documentado en el propio departamento de Anta (Pequeño Ragone, 2026d).

El fundamento metodológico de este cruce es lo que llamo, siguiendo un entramado de referencias que se dejan interpelar entre sí, una epistemología de la incomodidad. Tres operaciones la sostienen. En primer lugar, la sublimación freudiana (Freud, 1930/1992), entendida no como represión sino como redirección: el prejuicio y el juicio moral inmediato del investigador frente a lo que observa en su propio territorio se posponen —no se anulan— para dar lugar a la comprensión. En segundo lugar, el asedio deconstructivo de raíz derridiana (Derrida, 1967): la insistencia en no domesticar lo inasimilable, en dejar que la contradicción entre el ensayo teórico y la práctica de campo permanezca visible en vez de resolverse en una síntesis apresurada. En tercer lugar, la advertencia spivakiana sobre la violencia epistémica (Spivak, 1988): el riesgo, siempre latente en cualquier etnografía del propio territorio, de hablar en nombre del subalterno o de reducir su experiencia a mera ilustración de la tesis del investigador. A esto se suma una cuarta operación, la noción de inmanencia: la comprensión de que el deseo y la pulsión se transforman en el propio terreno de sus prácticas, sin necesidad de apelar a mandatos trascendentes que vengan a autorizarlos o condenarlos desde afuera.

Esta tríada metodológica exige, sin embargo, una advertencia que planteo desde el inicio y que sostendré a lo largo de todo el texto: una epistemología que se declara incómoda no puede permitirse estar cómoda consigo misma. Si el asedio deconstructivo se ejerce con rigor contra las estructuras de poder ajenas —el patrón terrible, el mando ausente del hermano, la corporación que financia a la policía provincial—, ese mismo asedio debe poder volverse sobre la posición de enunciación de quien escribe. Este ensayo no resuelve esa vuelta reflexiva mediante una afirmación tranquilizadora de la propia virtud; la sostiene, deliberadamente, como pregunta abierta, y la retoma de manera explícita en el apartado 4.5.

2. La espacialidad: Los Pozos, Anta y el monte como texto

Anta es, ante todo, un departamento hecho de distancias. Las hectáreas de monte chaqueño-salteño que componen la finca Los Pozos separan a la casa principal de Las Lajitas, el pueblo más cercano, y esa distancia física —recorrida en camioneta, a pie por picadas abiertas por trabajadores cuyo nombre rara vez figura en los títulos de propiedad, o a caballo, según quién la transite— es también una distancia de clase, de lenguaje y de mando. El monte no es, para quien lo administra, un paisaje contemplable: es una topografía productiva, cuadriculada por represas, potreros, alambrados y rodeos que llevan nombres criollos —el rodeo de los quebrachos, la represa de la Matilde, el potrero de la bomba— que operan como un capital simbólico cerrado (Bourdieu, 1980). Nombrar el territorio con esa nomenclatura equivale, en el habitus rural del NOA, a poseerlo; no nombrarlo, o nombrarlo desde otro registro, es quedar posicionado, al menos provisoriamente, en su periferia.

A esa espacialidad productiva se le superpone otra, comparativa, que este ensayo incorpora deliberadamente: la de la vieja casa de la Estancia González, próxima al Parque Nacional El Rey, donde un asado compartido en julio de 2026 funcionó como un segundo campo de observación (Pequeño Ragone, 2026c). Ambas fincas comparten una misma gramática espacial: la casa como centro simbólico del mando antiguo, el corral como centro de una gestión que aspira a ser eficiente y ya no solo heredada (Pequeño Ragone, 2026c). Esa duplicación del escenario no es un recurso decorativo: permite comprobar que las tensiones descritas aquí no son anecdóticas de una sola familia, sino un patrón regional de la administración territorial de muchas familias y explotaciones en el NOA rural.

Finalmente, esta espacialidad se amplía, en el penúltimo apartado de este ensayo, hacia una escala departamental y provincial: la de un predio sobre el curso del Río Seco donde la misma lógica de cuadriculación y vigilancia del territorio se ejerce ya no en clave familiar, sino corporativa y estatal (Pequeño Ragone, 2026d).

3. Los interlocutores del informe

El corpus que sostiene este ensayo articula un diario personal de más de cuarenta años con conversaciones etnográficas registradas en el campo. De ese archivo se desprenden cinco posiciones que se desarrollan extensamente en el cuerpo del texto.

R., hermano del autor, encarna el modelo de mando heredado del padre pero ejercido desde la distancia: la orden dictada por mensaje de texto desde la ciudad, la autoridad que se reclama sin la presencia física que la sostenía en la generación anterior.

Los trabajadores locales de la finca —jóvenes vinculados a través de redes de recomendación vecinal, con quienes el autor comparte tareas cotidianas de traslado, alimentación y trabajo de campo— constituyen una segunda posición, deliberadamente presentada aquí de manera colectiva y no individualizada. Esta decisión no es solo metodológica: la posición estructural de subalternidad económica de estos trabajadores exige un resguardo de su identidad que excede la prolijidad académica y se vuelve, en sí misma, objeto de reflexión en el apartado 4.4.

C., vecino y finquero baqueano de la Estancia González, funciona como el "guardián de la memoria": su vínculo con el territorio es corporal antes que discursivo, y su presencia en el asado de julio de 2026 ofrece un contrapunto generacional al mando ausente de R.

Elsa, vecina de Los Pozos, introduce una cuarta posición: la de un habitus agrario que no nombra primero la opresión sino la gratitud, y que desestabiliza —productivamente— la propia disposición crítica del autor (Pequeño Ragone, 2026a).

Finalmente, el padre del autor —fallecido— y su abuelo materno, el Dr. Miguel Ragone, gobernador de Salta desaparecido en marzo de 1976 durante la última dictadura cívico-militar (CONADEP, 1984), constituyen una posición ausente pero estructurante: el territorio de Los Pozos es, en un sentido literal, el cuerpo donde ambos linajes —el productivo y el de la memoria de los derechos humanos— disputan un legado.

4. Desarrollo

4.1 Nombrar el monte: la topografía lingüística como aparato de poder

El primer nudo que este ensayo problematiza es el aparentemente menor: la confesión de no manejar todavía los nombres criollos con que el hermano y los trabajadores locales organizan la espacialidad de la finca. Lejos de ser un dato técnico, esta confesión pone en escena lo que Bourdieu (1980) describió como la dimensión performativa del lenguaje: quien nombra el territorio, lo clasifica y, al clasificarlo, lo posee. El rodeo de los quebrachos o la represa de la Matilde no son topónimos neutros; son un código cerrado que convalida la pertenencia al "varón productivo" y que, para quien no lo domina con soltura, produce una experiencia de extranjería parcial dentro de la propia familia.

Sin embargo, el ensayo sostiene que existe más de una forma legítima de tomar posesión de un territorio. Frente a la cartografía productiva de R. —que nombra el monte según su rendimiento económico y su funcionalidad logística—, se ensaya aquí una cartografía afectiva: caminar la picada a pie, reconocer la loma, seguir el zigzag de un alambrado nuevo, no para dominar el espacio con la lengua criolla de la producción sino para tramitarlo desde la memoria de una infancia transcurrida en el mismo suelo. Esta inversión metodológica —primero andar, después, si se quiere, nombrar— no es un gesto poético: es la primera instancia en que el mando patriarcal, que se ejerce mediante la nomenclatura técnica, encuentra un límite que no proviene de la confrontación directa sino de la sustitución del registro mismo de la posesión.

4.2 El mando que no alcanza: R., C. y las dos gramáticas de la autoridad

El segundo nudo, que atraviesa tanto el registro de Los Pozos como el de la Estancia González, es la crisis de un mando que se ejerce desde la ausencia. R. administra la finca familiar mediante una fórmula que se repite casi textualmente en el testimonio de C. sobre su propia estancia: "hagan, y yo vengo a ver si está hecho" (Pequeño Ragone, 2026c). Esa fórmula resume una autoridad que aspira a heredar el lugar simbólico del padre sin heredar la presencia física que, durante cincuenta años, validó esa autoridad ante los trabajadores.

La literatura sobre sucesión en explotaciones agropecuarias familiares confirma que esta discontinuidad no es un problema anecdótico de una sola familia: la transferencia del uso del patrimonio y de la gestión de la explotación rara vez coincide con la transferencia efectiva del reconocimiento social que legitima el mando (Driver, 2002, como se citó en Instituto Plan Agropecuario, s.f.), y una transición fluida entre generaciones exige procesos de acompañamiento sostenidos en el tiempo, no solo la transmisión formal de un título (Jack et al., 2019, como se citó en VV. AA., 2022). R. recibe el cargo, pero no recibe, todavía, el reconocimiento: confunde el modelo gerencial de sus pares urbanos —con encargados, estructura y distancia profesional— con la realidad de una finca donde, según sostiene también C., la autoridad se valida "con el cuerpo puesto, no con el mensaje enviado" (Pequeño Ragone, 2026c).

Frente a ese mando aséptico, el autor construye —no sin ambivalencia— un modo de coordinación que no elimina la distancia de poder (sería ingenuo pretender una horizontalidad inexistente entre propietario y trabajador) pero que la ejerce desde la previsión y el cuidado antes que desde la reacción al acontecimiento. Cocinar para los trabajadores, trasladarlos, compartir la tarea cotidiana no disuelve la asimetría estructural, pero construye una legitimidad distinta de la del temor al patrón terrible: la de quien aloja, en algún sentido, la subsistencia de quienes trabajan con él. Esta misma dualidad —mando por acontecimiento versus mando por previsión— reaparece en la Estancia González bajo otra forma: allí es la "pirca", la vieja pared de piedra seca levantada por los bisabuelos de C. sin argamasa ni ingeniería, la que condensa metafóricamente la solidez que ambos interlocutores anhelan y que contrastan con la volatilidad presupuestaria del mando ausente (Pequeño Ragone, 2026c).

4.3 El vaso lleno: Elsa y el habitus de la gratitud

No se trata aquí solo de una sospecha crítica sobre la construcción de mando y el modo de habitar la tierra. Elsa Q., vecina de Los Pozos, nombra su relación con la tierra en términos de asombro agradecido antes que de queja: frente a las plantas dañadas por la desidia y el abandono, su respuesta no es la denuncia sino la gratitud por el aire limpio y la fruta al alcance de la mano (Pequeño Ragone, 2026a). Leída desde Bourdieu (1980), esta disposición no expresa ingenuidad sino un habitus distinto: donde el autor, formado en la sospecha institucional, tiende a nombrar primero lo que falla, Elsa nombra primero lo que sostiene.

Este contrapunto es metodológicamente decisivo para la epistemología de la incomodidad que este ensayo propone, porque advierte contra el riesgo, señalado por Spivak (1988), de que la voz teórica del investigador termine sustituyendo por completo las voces situadas que dice recuperar. Elsa no valida ni refuta la lectura crítica sobre el mando patriarcal de la finca; simplemente proviene de otro campo de experiencia y de capital, uno donde la gratitud y el cuidado de lo heredado no son necesariamente síntomas de sumisión, sino una ética agraria con su propia consistencia interna.

4.4 El secreto como tecnología del cuidado

El tercer nudo —y el más denso desde el punto de vista de la teoría de género— es la reconfiguración del secreto. En un territorio como el de Anta, marcado por lo que Segato (2003, 2016) describe como el mandato de la masculinidad —la exigencia de que el varón demuestre constantemente su potencia, su distancia jerárquica y su pertenencia al pacto de virilidad colectiva—, la disidencia sexual y afectiva no siempre puede permitirse la visibilidad sin pagar un costo de estigma o violencia. En ese contexto, el autor sostiene que ocultar y triangular información ante ciertos miembros del entorno familiar, con el fin de resguardar la identidad de trabajadores locales que eligen no hacerse evidentes en su propio territorio, no constituye una complicidad con el clóset sino una tecnología del cuidado: lo que Glissant (1990) llamó el derecho a la opacidad, entendido como la facultad de un sujeto de no ser completamente descifrado por la mirada dominante.

Esta distinción es crucial porque separa dos gestos que, vistos desde afuera, podrían confundirse: el camuflaje del dominador, que oculta su deseo para conservar intacto su estatus ante sus pares sin ceder ningún privilegio, y el resguardo del subalterno, que protege del escrutinio a quien no cuenta con el capital cultural ni la posición social para exponerse sin consecuencias. Desde Bourdieu (1980) y Segato (2003), la asimetría de campo entre el propietario letrado y el trabajador rural hace que la exigencia de una transparencia absoluta —la misma que reclaman, en el registro familiar, el hermano y la vigilancia materna— constituya, en sí misma, una forma de violencia epistémica que Spivak (1988) advirtió al hablar de la imposibilidad estructural de que el subalterno hable en sus propios términos dentro de un dispositivo que no fue diseñado para alojarlo.

4.5 La insinuación y su límite: una tensión que la epistemología no cierra

Llegados a este punto, el ensayo debe volver el asedio deconstructivo sobre sí mismo, tal como anunciamos en la introducción. El material de campo registra, además del secreto como resguardo, una escena de contención erótica: el autor opta, en un encuentro de trabajo con un trabajador local, por la insinuación antes que por el avance físico. El argumento que se ha ensayado hasta aquí —y que no descarto— es que ese gesto desarma, al menos parcialmente, la vieja matriz del "derecho de pernada" patronal: no fuerza el cuerpo del otro, no lo convierte en objeto de una urgencia unilateral, deja al otro intacto como sujeto deseante y no como propiedad disponible.

Pero una epistemología que se llama incómoda pierde su nombre si se detiene ahí, satisfecha de su propia sutileza. Conviene entonces preguntar, con el mismo rigor que este ensayo aplica a R. o a la corporación ambiental del apartado siguiente: ¿alcanza la ausencia de avance físico para neutralizar una asimetría que es, ante todo, estructural y no solo interpersonal? Foucault (1976) mostró que el poder y el placer no son necesariamente antagónicos, sino que suelen estar entrelazados en el mismo dispositivo discursivo; la intención genuina de cuidado no garantiza, por sí sola, que la posición de propietario y empleador deje de operar como marco silencioso de cualquier insinuación, por sutil que sea. Un trabajador económicamente dependiente puede experimentar como difícil de rechazar incluso el gesto más cuidadoso, precisamente porque quien lo insinúa es también quien decide su continuidad laboral. Segato (2003) advirtió que el pacto patriarcal no se sostiene únicamente en los "varones terribles" que ejercen la violencia abierta, sino también en formas más sutiles de apropiación que se legitiman por contraste con esa violencia manifiesta; nada garantiza que la posición de enunciación del propio autor esté exenta, por su autoconciencia teórica, de reproducir alguna variante de ese mismo pacto.

Este ensayo no ofrece, entonces, una resolución tranquilizadora de la tensión, y sostiene que no ofrecerla es más honesto —y más filosóficamente productivo— que forzar una síntesis. La ética de la insinuación sin avance mitiga la asimetría; no la disuelve. Butler (2006) recordó que toda relación ética se construye necesariamente sobre condiciones de vulnerabilidad desigualmente distribuidas, y que reconocer esa desigualdad —en lugar de neutralizarla discursivamente— es la condición misma de una relación que no se engañe sobre su propia estructura de poder. Sostener esta pregunta abierta, en lugar de clausurarla con la autoabsolución de la buena intención, es lo que distingue —o al menos aspira a distinguir— a esta epistemología de la incomodidad del "simulacro de la deconstrucción" que el propio autor ha criticado en otros varones aliados: el riesgo de usar el vocabulario crítico para blindar, en última instancia, la propia posición.

4.6 Habitar al padre: nombre, cuerpo y memoria

El último nudo del cuerpo central de este ensayo desplaza el eje del análisis desde el presente productivo hacia la memoria. La expresión que sintetiza esta capa —"habitarlo a mi papá"— constituye una transgresión sintáctica deliberada: el verbo habitar, que en su uso corriente toma como objeto un espacio, se aplica aquí a una persona. Desde Lacan (1966), esta operación puede leerse como una forma singular de servirse del Nombre del Padre sin subsumirse a su ley: el autor no continúa la ganadería intensiva ni el estilo de la orden distante, pero tampoco rechaza el territorio paterno desde afuera; lo habita desde su propia diferencia, obligando a ese suelo —que en vida del padre jamás lo habría alojado tal como es— a recibirlo en sus propios términos.

Desde Winnicott (1965), el trabajo cotidiano sobre la finca —limpiar un galpón, restaurar un injerto liquidado por el ganado, sostener una relación de cuidado con los trabajadores— puede leerse como una función de sostén: no la eliminación del daño sino la construcción de un entorno suficientemente bueno para que una herida antigua cicatrice sin desorganizar al sujeto. Esta lectura se profundiza cuando se advierte que la finca aloja, además, una memoria histórica que excede lo estrictamente familiar: el abuelo materno del autor, el Dr. Miguel Ragone, gobernador de Salta, fue secuestrado y desaparecido en marzo de 1976 durante la última dictadura cívico-militar argentina (CONADEP, 1984). Habitar el territorio de Los Pozos es, entonces, también un acto de memoria situada: el linaje productivo que representan el padre y el hermano convive, en el mismo suelo, con un linaje de la memoria, la verdad y la justicia que la propia biografía familiar no puede disociar del ejercicio cotidiano del mando sobre la tierra.

5. Extensión: de la picada del monte al cercamiento verde — la herida neoliberal de la conservación

Las tensiones descritas hasta aquí en clave familiar y territorial no son ajenas a una dinámica de escala mayor que se ha vuelto tangible en el propio departamento de Anta. Scott (1998) describió cómo los Estados modernos —y, cabría agregar, las corporaciones que hoy administran capital ambiental global— dependen de que la realidad social se vuelva "legible": cuadriculable, censable, transparente a una mirada administrativa que no tolera la opacidad de las prácticas situadas. Esta misma exigencia de legibilidad, que en el registro familiar se manifestó como la demanda de transparencia absoluta sobre el deseo y la identidad de los trabajadores, reaparece, en una escala departamental, en el despliegue territorial de fundaciones de conservación que administran entre 17.000 y 20.000 hectáreas sobre el curso del Río Seco (Pequeño Ragone, 2026d).

El caso documentado por el autor en un ensayo previo (Pequeño Ragone, 2026d) resulta ilustrativo: mientras los estatutos de estas fundaciones proclaman la "coexistencia armónica" bajo estándares internacionales de conservación forestal y mercados de bonos de carbono (Verra, s.f., como se citó en Pequeño Ragone, 2026d), la práctica territorial incluyó la denuncia de jóvenes de comunidades vecinas ante la Policía de Salta por realizar pesca de subsistencia, y su posterior detención durante varias horas. Este episodio no es un exceso aislado, sino la expresión concreta de lo que la ecología política ha denominado neoliberalismo de la conservación (Igoe & Brockington, 2006): un modelo que necesita "limpiar" el paisaje de presencia humana para capturar el valor financiero de una naturaleza supuestamente prístina, transformando el sustento cotidiano de las poblaciones locales en un presunto crimen ambiental.

Resulta especialmente significativo, desde la perspectiva de género y poder que organiza este ensayo, que ese mismo entramado corporativo diseñe y financie capacitaciones técnicas para la División Ambiental y Rural de la Policía de la Provincia de Salta en Las Lajitas (Pequeño Ragone, 2026d), en un mecanismo que subordina la doctrina de la fuerza pública a los intereses de administración de "externalidades ambientales" de actores privados con participación directa en sociedades agropecuarias y forestales de la región. La ecuación es, como advierte Svampa (2019), la misma que rige buena parte del extractivismo latinoamericano: a más control corporativo del territorio, menos democracia y menos deliberación comunitaria sobre su destino.

La homología con el núcleo temático de este ensayo no es forzada: en ambos registros —el familiar y el corporativo-estatal— el poder se ejerce exigiendo que lo que escapa a la clasificación (el deseo disidente, la pesca de subsistencia, el vínculo afectivo no autorizado) se vuelva legible, y castigando lo que se resiste a esa legibilidad. Frente a esto, las mismas proposiciones que este ensayo defiende en clave de masculinidades —el secreto como tecnología del cuidado, la previsión y no la reacción al acontecimiento como forma de mando legítimo— encuentran su correlato político en las proposiciones que distintos movimientos socioambientales del NOA vienen formulando: la desmilitarización de la fiscalización ambiental, la construcción de protocolos en asambleas populares y no en escritorios corporativos, y la incorporación remunerada de jóvenes locales como guardianes y mediadores interculturales del monte, en lugar de su persecución (Pequeño Ragone, 2026d; Trucco et al., 2010).

6. Conclusión: el valor del encuentro

Este ensayo comenzó con una pregunta sobre cómo administrar un territorio heredado sin repetir su mandato más rígido, y termina, quizás inevitablemente, en el valor del encuentro como forma de conocimiento situado. El asado compartido en la Estancia González —donde el fuego jerarquiza antes que gastronomiza el vínculo (Screti, 2019; Sumpter, 2015)— y las jornadas de trabajo cotidiano en Los Pozos no son anécdotas ilustrativas de una tesis previa: son, en sentido estricto, el método. Turner (1969) llamó comunitas a ese espacio liminal donde las jerarquías estructurales se suspenden momentáneamente y emerge una forma de vínculo que no estaba prevista en el mapa oficial del territorio; algo de esa comunitas atraviesa tanto el silencio compartido frente al fuego con C. en la Estancia González; como la construcción, más frágil y más cuidadosa, de una proximidad no dominante con los trabajadores de la finca.

El valor de estos encuentros —y, por extensión, el valor de este mismo encuentro académico en el marco de las Jornadas de Filosofía del NOA— no reside en que resuelvan las tensiones que este ensayo se propuso desanudar. Reside, más bien, en que hacen posible sostenerlas visibles, en diálogo, sin la falsa comodidad de una síntesis prematura. Una epistemología de la incomodidad que mereciera su nombre no podría aspirar a menos: ni a la condena moralizante que Spivak (1988) advirtió como violencia epistémica, ni a la autoabsolución que el asedio deconstructivo (Derrida, 1967) precisamente busca impedir. Entre el monte de Anta, la pirca de la Estancia González y la mesa de esta Mesa de Género, lo que se juega —y lo que vale la pena seguir pensando entre disciplinas— es la posibilidad de habitar un territorio, una herencia y un deseo sin necesitar, para ello, ni la vigilancia patriarcal que los nombra desde afuera ni el silencio cómplice que renuncia a nombrarlos del todo.

Referencias

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Turner, Victor (1988, 1969). El proceso ritual: Estructura y antiestructura. Traducido por Beatriz García Ríos. Madrid: Editorial Taurus.

VV. AA. (2022). El relevo generacional y su importancia para el desarrollo de los territorios rurales. Fundación Cajamar. https://publicacionescajamar.es/wp-content/uploads/2022/03/me-35-el-relevo-generacional-y-su-importancia-para-el-desarrollo-de-los-territorios-rurales.pdf

Winnicott, Donald. W. (1993, 1965). Los procesos de maduración y el ambiente facilitador: Estudios para una teoría del desarrollo emocional. Traducido por José Luis Etcheverry. Buenos Aires: Editorial Paidós.




jueves, 17 de julio de 2025

Propuesta: Sublimación, Subalternidad y Asedio: Herramientas Conceptuales para una Etnografía Disruptiva de las Masculinidades.

 Propuesta en la Mesa: Género y Ciencias Sociales. X Jornadas de Escuela de Filosofía, U N Sa. Organizadas por la Escuela de Filosofía de la Universidad Nacional de Salta. 

27, 28 y 29 de agosto

Autor: Fernando Pequeño Ragone 

Palabras clave: Sublimación, Subalternidad, Asedio, Inmanencia, Masculinidades

La presente propuesta fue pensada a partir de mis clases con estudiantes de licenciaturas en la Universidad Nacional de Salta durante mayo y junio del corriente año. Con una inscripción de 60 estudiantes —entre ellos, apenas unos pocos varones—, nunca llegué a oír sus voces a lo largo de todo el cursado. Al mismo tiempo, participaba de un grupo de varones que buscan construir su "autenticidad" a partir de la posibilidad de dejarse "conmover". Entre ellos nunca pude escuchar palabras sus sexualidades y el reconocimiento de la comunidad y la vida política. En tercer lugar, en una experiencia de diplomatura en masculinidades que comparto este ano, escuche del docente Rubén Campero (Uruguay) su propuesta sobre el "asedio" derrideano. No estaba él convencido de mirarlo en complemento con la "sublimación" freudiana, a riesgo de caer en ciertas justificaciones de la violencia masculina. Fueron nudos para pensar lo que aquí busco promover en la discusión. 


 Resumen: Se propone un marco epistemológico innovador para los estudios de género, articulando la "sublimación" (Freud), el "subalterno" (Spivak), el "asedio" (Derrida) y la "inmanencia" (Spinoza, Deleuze). Este enfoque busca abordar las masculinidades desde una perspectiva compleja, especialmente aquellas en el límite entre la hegemonía, la violencia y la vulnerabilidad, trascendiendo la mera condena.

La sublimación actúa como una herramienta epistemológica y ética para el investigador, permitiéndole transformar prejuicios y juicios morales en una búsqueda de conocimiento más profunda y desapasionada. Este proceso, considerado una operación psíquica "saludable", es crucial para entender el sufrimiento en contextos complejos. La subalternidad permite visibilizar y reconocer las diversas experiencias masculinas marginales, evitando la "violencia epistémica" y las visiones monolíticas. El asedio derridiano, entendido como la presencia persistente de lo inasimilable, fuerza al investigador a confrontar y deconstruir las "creencias férreas" académicas y las verdades establecidas. La inmanencia se suma para comprender que la sublimación es un proceso incompleto, donde la energía pulsional se mantiene inmanente, impulsando la continua transformación y creación.

Este marco busca desestabilizar el patriarcado y las narrativas hegemónicas, generando un conocimiento que informe políticas públicas para disminuir la violencia y promover masculinidades más saludables y socialmente comprometidas. Ejemplos como la paternidad sublimada o el activismo de varones gays demuestran cómo las pulsiones pueden canalizarse hacia el desarrollo comunitario y la construcción de identidades complejas, abriendo caminos para la transformación social.

 







sábado, 28 de octubre de 2023

Notas para memorias del 'Primer encuentro Trans' organizado por GTS Salta y ATTA Salta en 2009

 2023-10-27

Notas provisorias. 

Mesa en el Primer encuentro Trans organizado por GTS Salta,
7-nov-2009, Salón de la Cruz Roja

209-11-07 / 2023-11-07 
14 años del Primer Encuentro Trans en Salta
Organizado por GTS Salta y ATTA Salta. 


En estos días de fines de octubre de 2023, a 14 años de distancia de este evento al que pretendemos "hacer presente", conversamos con el militante Pablo Cutipa, quien participó del encuentro siendo Hade Zahir. Surgió de su inquietud por hacer memoria, esta iniciativa para poner en valor a algunxs militantes del ámbito de la diversidad sexo - afectiva en Salta. Y consiguientemente repasar los logros en derechos de ciudadanía que el colectivo consiguió  desde entonces. Y ponderar lo mucho que aún queda por hacer, en el especial contexto del tiempo electoral presidencial al que asistimos y el debate sobre dos modelos posibles de país que se discuten. 


Objetivo general:
Articular memorias de ciudadanía sexo afectiva entre regiones geográficas de la provincia de Salta. 

Objetivos específicos: 
  1. Recuperar voces de militantes que asistieron al encuentro:
  2. Recuperar voces de funcionarios/as estatales relacionados a áreas derechos humanos, justicia, seguridad y organismos autárquicos como INADI hacia 2009 cuando se realiza el encuentro
  3. Establecer contrapuntos con funcionarios actuales
  4. Establecer contrapuntos con militantes que viven en los municipios
  5. Contextualizar las luchas por la ciudadanía sexual en el actual contexto de elecciones presidenciales en Argentina, en el marco de la discusión de dos modelos antagónicos de pais. 
  6. Homenajear a la fallecida militante jujeña Aylen Chambi, dinamizadora central del encuentro que se conmemora. 
  7. Mención de las militantes cafayateñas y jujeñas que estuvieron presentes. 


Acciones estratégicas: 
  1. Entrevista a Mary Robles, presidenta y fundadora de GTS Salta
  2. Entrevista a dirigentes sociales, militantes y funcionarios posibles de contactarse, participantes de la reunión: 
    1. Joaquín Lopez
    2. Celiana Spaventa
    3. Verónica Spaventa
    4. Inés Bocanera
    5. Gustavo Farqhuarson
    6. Petra, militante jujeña
    7. Pahola Bracho, militante jujeño
  3. Publicación fotográfica sobre el encuentro.





Conversacion "disparadora" de la idea con Pablo Cutipa

Los intercambios matutinos con Pablo desde ese Cafayate que alguna vez fue "La tierra donde vive el sol", han sido la inspiración de este emprendimiento de memoria por los derechos y por la identidad. Todo comenzó asi, 

Pablo Cutipa, militante cafayateño
durante el encuentro

[23:31, 27/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Mary entrego certificado que decía el primer congreso trans. Mary había subido esa vez fotos en su Facebook. Estuvieron estuvo autoridades policiales y de derechos humanos .

[23:32, 27/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Ok

[23:46, 27/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Además de hiv era también el primer encuentro trans provincial

[23:47, 27/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Por esa razón viaje acompañando a la delegación de cafayate .para asistir a este encuentro con mi nombre de hade zahir.

[23:48, 27/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Y mary me entrega el certificado con el nombre hade zahir

[0:02, 28/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Yo asisti para  intercambiar experiencias y para ponerme  al tanto sobre la lucha que se llevaba a cabo en diferentes lugares de la provincia  . Mary había invitado al interior  y las  jóvenes trangeneros  de  mi pueblo  hicieron extensiva la invitacion  . Ellas me pidieron que asistiera  a ese encuentro con el nombre  de Hade zahir .  Con ese nombre represente a cafayate  ese día. Nuestras  referentes cercana a Mary era Marcia Cutipa y PAMELA que estaban en contacto con ella a menudo.

[0:03, 28/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Mi certificado dice hade zahir

[0:05, 28/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Para mi fue el primer encuentro trans provincial como dice la carpeta que se entrego a los asistente además de la charla de hiv.

[0:05, 28/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Besitos

[0:15, 28/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: En este encuentro se hablo sobre derecho, educación, salud, el comportamiento policial en cada contexto.  Se hablo de las leyes existente  y las que vendrían como ley de identidad de géneros y otras  se contaban experiencias de cada lugar.   Y  Mary fue considerada por nosotras  como  la defensora de los derechos y apoyo de nuestras jovenes que emigraban a Salta Capital Fue muy enriquecedora esa charla

[0:17, 28/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Luego asisti a otros encuentro donde estaba  pía y  Alba rueda pero el primero  encuentro para mí fue el de Mary

[9:32, 28/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Nuestras referentes Cafayateña eran Marcia cutipa,   Pamela  Cutipa y Anita Yanez. La que hicieron historia en Cafayate y estuvieron en constante comunicación  con Mary .




Fallecida militante jujeña
junto a Mary Robles, presidenta GTS Salta. 


Materiales para la construcción del documento papel y el documental video.


Ver todas las fotos del encuentro

Video recuperado del momentos del encuentro en 2009. (8 min aprox)


Artículos en diarios de época

https://salta21.com/dos-mil-personas-en-la-vi-marcha/

https://www.jujuyaldia.com.ar/2014/11/25/empresa-de-sepelios-de-jujuy-se-nego-brindarle-el-servicio-una-mujer-trans/



Entrevistas realizadas

A Mary Robles


A Celiana Spaventa


A Joaquín Lopez


A Inés Bocanera