Sintesis
miércoles, 5 de agosto de 2026
Soberanías del secreto. Ensayo Congreso Filosofía UNSa 2026
Soberanías del secreto y picadas del deseo: una epistemología de la incomodidad frente a la vigilancia patriarcal-capitalista en el NOA
Ponencia en las XX Jornadas de Filosofía, U N Sa. Mesa N° 3. XX Jornadas de Filosofía del NOA, la Mesa 3 se ubica el día viernes 7 de agosto, de 9 a 12,30hs, en el Anfiteatro P (Sector de Aulas Norte).
Se invita especialmente a colegas que trabajan sobre
conservación ambiental, extractivismo y ecología política, y a quienes
investigan género y masculinidades, a un debate que no busca cerrar la tensión
entre cuidado y poder, sino sostenerla a la vista: ¿qué territorios
—familiares, corporales, comunitarios— seguimos exigiendo que se vuelvan
transparentes, y a qué costo? Los esperamos en la Mesa 3 de las XX Jornadas de
Filosofía del NOA para pensarlo juntos.
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El ensayo académico
Soberanías del secreto y picadas del deseo
Una epistemología de la incomodidad frente a la
vigilancia patriarcal-capitalista en el NOA
Fernando
Pequeño Ragone
XX Jornadas de Filosofía del NOA — Mesa 3: El género
en la encrucijada y la necesidad de un diálogo interdisciplinar
asistido por Gemini
Notebook, Gemini Pro y Claude IA
A
cerca de mi escritura asistida con IA.
Contenidos:
1.Introducción: objetivos, fundamentos y el método de una epistemología incómoda
2.La espacialidad: Los Pozos, Anta y el monte como texto
3.Los interlocutores del informe
4.1Nombrar el monte: la topografía lingüística como aparato de poder
4.2El mando que no alcanza: R., C. y las dos gramáticas de la autoridad
4.3El vaso lleno: Elsa y el habitus de la gratitud
4.4El secreto como tecnología del cuidado
4.5La insinuación y su límite: una tensión que la epistemología no cierra
5.Extensión: de la picada del monte al cercamiento verde — la herida neoliberalde la conservación
6.Conclusión: el valor del encuentro
1. Introducción: objetivos, fundamentos y el
método de una epistemología incómoda
Este ensayo parte de un problema que no admite resolución cómoda: ¿cómo
se administra un territorio familiar —una finca de aproximadamente cuatro mil
hectáreas en el departamento de Anta, provincia de Salta— sin repetir
mecánicamente el mandato patriarcal que ese mismo territorio parece exigir como
condición de legitimidad? La pregunta no es retórica ni meramente
autobiográfica: es, ante todo, una pregunta metodológica sobre qué clase de
conocimiento puede producirse desde el cuerpo propio del investigador cuando
ese cuerpo está, además, atravesado por el deseo, el linaje y la propiedad.El objetivo de esta ponencia es doble. Por un lado, presentar un caso
empírico —la gestión cotidiana de la finca Los Pozos y su comparación con la
vecina Estancia González— como un laboratorio situado para pensar las
masculinidades rurales del Noroeste argentino, la función del secreto y la
reconfiguración del mando más allá de la orden vertical heredada del padre. Por
otro lado, extender esa misma gramática crítica —la de la vigilancia, la
transparencia obligatoria y el secreto como recurso de quienes son subalternizados—
hacia un problema de escala mayor: la conservación ambiental neoliberal y su
alianza con las fuerzas de seguridad provinciales, tal como se ha documentado
en el propio departamento de Anta (Pequeño Ragone, 2026d).
El fundamento metodológico de este cruce es lo que llamo, siguiendo un
entramado de referencias que se dejan interpelar entre sí, una epistemología
de la incomodidad. Tres operaciones la sostienen. En primer lugar, la
sublimación freudiana (Freud, 1930/1992), entendida no como represión sino como
redirección: el prejuicio y el juicio moral inmediato del investigador frente a
lo que observa en su propio territorio se posponen —no se anulan— para dar
lugar a la comprensión. En segundo lugar, el asedio deconstructivo de raíz
derridiana (Derrida, 1967): la insistencia en no domesticar lo inasimilable, en
dejar que la contradicción entre el ensayo teórico y la práctica de campo
permanezca visible en vez de resolverse en una síntesis apresurada. En tercer
lugar, la advertencia spivakiana sobre la violencia epistémica (Spivak, 1988):
el riesgo, siempre latente en cualquier etnografía del propio territorio, de
hablar en nombre del subalterno o de reducir su experiencia a mera ilustración
de la tesis del investigador. A esto se suma una cuarta operación, la noción de
inmanencia: la comprensión de que el deseo y la pulsión se transforman en el
propio terreno de sus prácticas, sin necesidad de apelar a mandatos
trascendentes que vengan a autorizarlos o condenarlos desde afuera.
Esta tríada metodológica exige, sin embargo, una advertencia que planteo
desde el inicio y que sostendré a lo largo de todo el texto: una epistemología
que se declara incómoda no puede permitirse estar cómoda consigo misma. Si el
asedio deconstructivo se ejerce con rigor contra las estructuras de poder
ajenas —el patrón terrible, el mando ausente del hermano, la corporación que
financia a la policía provincial—, ese mismo asedio debe poder volverse sobre
la posición de enunciación de quien escribe. Este ensayo no resuelve esa vuelta
reflexiva mediante una afirmación tranquilizadora de la propia virtud; la
sostiene, deliberadamente, como pregunta abierta, y la retoma de manera
explícita en el apartado 4.5.
2. La espacialidad: Los Pozos, Anta y el monte
como texto
Anta es, ante todo, un departamento hecho de distancias. Las hectáreas de
monte chaqueño-salteño que componen la finca Los Pozos separan a la casa
principal de Las Lajitas, el pueblo más cercano, y esa distancia física
—recorrida en camioneta, a pie por picadas abiertas por trabajadores cuyo
nombre rara vez figura en los títulos de propiedad, o a caballo, según quién la
transite— es también una distancia de clase, de lenguaje y de mando. El monte
no es, para quien lo administra, un paisaje contemplable: es una topografía
productiva, cuadriculada por represas, potreros, alambrados y rodeos que llevan
nombres criollos —el rodeo de los quebrachos, la represa de la Matilde, el
potrero de la bomba— que operan como un capital simbólico cerrado (Bourdieu,
1980). Nombrar el territorio con esa nomenclatura equivale, en el habitus rural
del NOA, a poseerlo; no nombrarlo, o nombrarlo desde otro registro, es quedar
posicionado, al menos provisoriamente, en su periferia.
A esa espacialidad productiva se le superpone otra, comparativa, que este
ensayo incorpora deliberadamente: la de la vieja casa de la Estancia González,
próxima al Parque Nacional El Rey, donde un asado compartido en julio de 2026
funcionó como un segundo campo de observación (Pequeño Ragone, 2026c). Ambas
fincas comparten una misma gramática espacial: la casa como centro simbólico
del mando antiguo, el corral como centro de una gestión que aspira a ser
eficiente y ya no solo heredada (Pequeño Ragone, 2026c). Esa duplicación del
escenario no es un recurso decorativo: permite comprobar que las tensiones
descritas aquí no son anecdóticas de una sola familia, sino un patrón regional
de la administración territorial de muchas familias y explotaciones en el NOA
rural.
Finalmente, esta espacialidad se amplía, en el penúltimo apartado de este
ensayo, hacia una escala departamental y provincial: la de un predio sobre el
curso del Río Seco donde la misma lógica de cuadriculación y vigilancia del
territorio se ejerce ya no en clave familiar, sino corporativa y estatal
(Pequeño Ragone, 2026d).
3. Los interlocutores del informe
El corpus que sostiene este ensayo articula un diario personal de más de
cuarenta años con conversaciones etnográficas registradas en el campo. De ese
archivo se desprenden cinco posiciones que se desarrollan extensamente en el
cuerpo del texto.
R., hermano del autor, encarna el modelo de mando heredado del padre pero
ejercido desde la distancia: la orden dictada por mensaje de texto desde la
ciudad, la autoridad que se reclama sin la presencia física que la sostenía en
la generación anterior.
Los trabajadores locales de la finca —jóvenes vinculados a través de
redes de recomendación vecinal, con quienes el autor comparte tareas cotidianas
de traslado, alimentación y trabajo de campo— constituyen una segunda posición,
deliberadamente presentada aquí de manera colectiva y no individualizada. Esta
decisión no es solo metodológica: la posición estructural de subalternidad
económica de estos trabajadores exige un resguardo de su identidad que excede
la prolijidad académica y se vuelve, en sí misma, objeto de reflexión en el
apartado 4.4.
C., vecino y finquero baqueano de la Estancia González, funciona como el
"guardián de la memoria": su vínculo con el territorio es corporal
antes que discursivo, y su presencia en el asado de julio de 2026 ofrece un
contrapunto generacional al mando ausente de R.
Elsa, vecina de Los Pozos, introduce una cuarta posición: la de un
habitus agrario que no nombra primero la opresión sino la gratitud, y que
desestabiliza —productivamente— la propia disposición crítica del autor
(Pequeño Ragone, 2026a).
Finalmente, el padre del autor —fallecido— y su abuelo materno, el Dr.
Miguel Ragone, gobernador de Salta desaparecido en marzo de 1976 durante la
última dictadura cívico-militar (CONADEP, 1984), constituyen una posición
ausente pero estructurante: el territorio de Los Pozos es, en un sentido
literal, el cuerpo donde ambos linajes —el productivo y el de la memoria de los
derechos humanos— disputan un legado.
4. Desarrollo
4.1 Nombrar el monte: la topografía lingüística
como aparato de poder
El primer nudo que este ensayo problematiza es el aparentemente menor: la
confesión de no manejar todavía los nombres criollos con que el hermano y los
trabajadores locales organizan la espacialidad de la finca. Lejos de ser un
dato técnico, esta confesión pone en escena lo que Bourdieu (1980) describió
como la dimensión performativa del lenguaje: quien nombra el territorio, lo
clasifica y, al clasificarlo, lo posee. El rodeo de los quebrachos o la represa
de la Matilde no son topónimos neutros; son un código cerrado que convalida la
pertenencia al "varón productivo" y que, para quien no lo domina con
soltura, produce una experiencia de extranjería parcial dentro de la propia
familia.
Sin embargo, el ensayo sostiene que existe más de una forma legítima de
tomar posesión de un territorio. Frente a la cartografía productiva de R. —que
nombra el monte según su rendimiento económico y su funcionalidad logística—,
se ensaya aquí una cartografía afectiva: caminar la picada a pie, reconocer la
loma, seguir el zigzag de un alambrado nuevo, no para dominar el espacio con la
lengua criolla de la producción sino para tramitarlo desde la memoria de una
infancia transcurrida en el mismo suelo. Esta inversión metodológica —primero
andar, después, si se quiere, nombrar— no es un gesto poético: es la primera
instancia en que el mando patriarcal, que se ejerce mediante la nomenclatura
técnica, encuentra un límite que no proviene de la confrontación directa sino
de la sustitución del registro mismo de la posesión.
4.2 El mando que no alcanza: R., C. y las dos
gramáticas de la autoridad
El segundo nudo, que atraviesa tanto el registro de Los Pozos como el de
la Estancia González, es la crisis de un mando que se ejerce desde la ausencia.
R. administra la finca familiar mediante una fórmula que se repite casi
textualmente en el testimonio de C. sobre su propia estancia: "hagan, y yo
vengo a ver si está hecho" (Pequeño Ragone, 2026c). Esa fórmula resume una
autoridad que aspira a heredar el lugar simbólico del padre sin heredar la
presencia física que, durante cincuenta años, validó esa autoridad ante los
trabajadores.
La literatura sobre sucesión en explotaciones agropecuarias familiares
confirma que esta discontinuidad no es un problema anecdótico de una sola
familia: la transferencia del uso del patrimonio y de la gestión de la
explotación rara vez coincide con la transferencia efectiva del reconocimiento
social que legitima el mando (Driver, 2002, como se citó en Instituto Plan
Agropecuario, s.f.), y una transición fluida entre generaciones exige procesos
de acompañamiento sostenidos en el tiempo, no solo la transmisión formal de un
título (Jack et al., 2019, como se citó en VV. AA., 2022). R. recibe el cargo,
pero no recibe, todavía, el reconocimiento: confunde el modelo gerencial de sus
pares urbanos —con encargados, estructura y distancia profesional— con la
realidad de una finca donde, según sostiene también C., la autoridad se valida
"con el cuerpo puesto, no con el mensaje enviado" (Pequeño Ragone,
2026c).
Frente a ese mando aséptico, el autor construye —no sin ambivalencia— un
modo de coordinación que no elimina la distancia de poder (sería ingenuo
pretender una horizontalidad inexistente entre propietario y trabajador) pero
que la ejerce desde la previsión y el cuidado antes que desde la reacción al
acontecimiento. Cocinar para los trabajadores, trasladarlos, compartir la tarea
cotidiana no disuelve la asimetría estructural, pero construye una legitimidad
distinta de la del temor al patrón terrible: la de quien aloja, en algún
sentido, la subsistencia de quienes trabajan con él. Esta misma dualidad —mando
por acontecimiento versus mando por previsión— reaparece en la Estancia
González bajo otra forma: allí es la "pirca", la vieja pared de
piedra seca levantada por los bisabuelos de C. sin argamasa ni ingeniería, la
que condensa metafóricamente la solidez que ambos interlocutores anhelan y que
contrastan con la volatilidad presupuestaria del mando ausente (Pequeño Ragone,
2026c).
4.3 El vaso lleno: Elsa y el habitus de la
gratitud
No se trata aquí solo de una sospecha crítica sobre la construcción de
mando y el modo de habitar la tierra. Elsa Q., vecina de Los Pozos, nombra su
relación con la tierra en términos de asombro agradecido antes que de queja:
frente a las plantas dañadas por la desidia y el abandono, su respuesta no es
la denuncia sino la gratitud por el aire limpio y la fruta al alcance de la
mano (Pequeño Ragone, 2026a). Leída desde Bourdieu (1980), esta disposición no
expresa ingenuidad sino un habitus distinto: donde el autor, formado en la
sospecha institucional, tiende a nombrar primero lo que falla, Elsa nombra
primero lo que sostiene.
Este contrapunto es metodológicamente decisivo para la epistemología de
la incomodidad que este ensayo propone, porque advierte contra el riesgo,
señalado por Spivak (1988), de que la voz teórica del investigador termine
sustituyendo por completo las voces situadas que dice recuperar. Elsa no valida
ni refuta la lectura crítica sobre el mando patriarcal de la finca; simplemente
proviene de otro campo de experiencia y de capital, uno donde la gratitud y el
cuidado de lo heredado no son necesariamente síntomas de sumisión, sino una
ética agraria con su propia consistencia interna.
4.4 El secreto como tecnología del cuidado
El tercer nudo —y el más denso desde el punto de vista de la teoría de
género— es la reconfiguración del secreto. En un territorio como el de Anta,
marcado por lo que Segato (2003, 2016) describe como el mandato de la
masculinidad —la exigencia de que el varón demuestre constantemente su
potencia, su distancia jerárquica y su pertenencia al pacto de virilidad
colectiva—, la disidencia sexual y afectiva no siempre puede permitirse la
visibilidad sin pagar un costo de estigma o violencia. En ese contexto, el autor
sostiene que ocultar y triangular información ante ciertos miembros del entorno
familiar, con el fin de resguardar la identidad de trabajadores locales que
eligen no hacerse evidentes en su propio territorio, no constituye una
complicidad con el clóset sino una tecnología del cuidado: lo que Glissant
(1990) llamó el derecho a la opacidad, entendido como la facultad de un sujeto
de no ser completamente descifrado por la mirada dominante.
Esta distinción es crucial porque separa dos gestos que, vistos desde
afuera, podrían confundirse: el camuflaje del dominador, que oculta su deseo
para conservar intacto su estatus ante sus pares sin ceder ningún privilegio, y
el resguardo del subalterno, que protege del escrutinio a quien no cuenta con
el capital cultural ni la posición social para exponerse sin consecuencias.
Desde Bourdieu (1980) y Segato (2003), la asimetría de campo entre el
propietario letrado y el trabajador rural hace que la exigencia de una
transparencia absoluta —la misma que reclaman, en el registro familiar, el
hermano y la vigilancia materna— constituya, en sí misma, una forma de
violencia epistémica que Spivak (1988) advirtió al hablar de la imposibilidad
estructural de que el subalterno hable en sus propios términos dentro de un
dispositivo que no fue diseñado para alojarlo.
4.5 La insinuación y su límite: una tensión que la
epistemología no cierra
Llegados a este punto, el ensayo debe volver el asedio deconstructivo
sobre sí mismo, tal como anunciamos en la introducción. El material de campo
registra, además del secreto como resguardo, una escena de contención erótica:
el autor opta, en un encuentro de trabajo con un trabajador local, por la
insinuación antes que por el avance físico. El argumento que se ha ensayado
hasta aquí —y que no descarto— es que ese gesto desarma, al menos parcialmente,
la vieja matriz del "derecho de pernada" patronal: no fuerza el
cuerpo del otro, no lo convierte en objeto de una urgencia unilateral, deja al
otro intacto como sujeto deseante y no como propiedad disponible.
Pero una epistemología que se llama incómoda pierde su nombre si se
detiene ahí, satisfecha de su propia sutileza. Conviene entonces preguntar, con
el mismo rigor que este ensayo aplica a R. o a la corporación ambiental del
apartado siguiente: ¿alcanza la ausencia de avance físico para neutralizar una
asimetría que es, ante todo, estructural y no solo interpersonal? Foucault
(1976) mostró que el poder y el placer no son necesariamente antagónicos, sino
que suelen estar entrelazados en el mismo dispositivo discursivo; la intención
genuina de cuidado no garantiza, por sí sola, que la posición de propietario y
empleador deje de operar como marco silencioso de cualquier insinuación, por
sutil que sea. Un trabajador económicamente dependiente puede experimentar como
difícil de rechazar incluso el gesto más cuidadoso, precisamente porque quien
lo insinúa es también quien decide su continuidad laboral. Segato (2003)
advirtió que el pacto patriarcal no se sostiene únicamente en los "varones
terribles" que ejercen la violencia abierta, sino también en formas más
sutiles de apropiación que se legitiman por contraste con esa violencia
manifiesta; nada garantiza que la posición de enunciación del propio autor esté
exenta, por su autoconciencia teórica, de reproducir alguna variante de ese
mismo pacto.
Este ensayo no ofrece, entonces, una resolución tranquilizadora de la
tensión, y sostiene que no ofrecerla es más honesto —y más filosóficamente
productivo— que forzar una síntesis. La ética de la insinuación sin avance
mitiga la asimetría; no la disuelve. Butler (2006) recordó que toda relación
ética se construye necesariamente sobre condiciones de vulnerabilidad
desigualmente distribuidas, y que reconocer esa desigualdad —en lugar de
neutralizarla discursivamente— es la condición misma de una relación que no se
engañe sobre su propia estructura de poder. Sostener esta pregunta abierta, en
lugar de clausurarla con la autoabsolución de la buena intención, es lo que
distingue —o al menos aspira a distinguir— a esta epistemología de la
incomodidad del "simulacro de la deconstrucción" que el propio autor
ha criticado en otros varones aliados: el riesgo de usar el vocabulario crítico
para blindar, en última instancia, la propia posición.
4.6 Habitar al padre: nombre, cuerpo y memoria
El último nudo del cuerpo central de este ensayo desplaza el eje del
análisis desde el presente productivo hacia la memoria. La expresión que
sintetiza esta capa —"habitarlo a mi papá"— constituye una
transgresión sintáctica deliberada: el verbo habitar, que en su uso corriente
toma como objeto un espacio, se aplica aquí a una persona. Desde Lacan (1966),
esta operación puede leerse como una forma singular de servirse del Nombre del
Padre sin subsumirse a su ley: el autor no continúa la ganadería intensiva ni
el estilo de la orden distante, pero tampoco rechaza el territorio paterno
desde afuera; lo habita desde su propia diferencia, obligando a ese suelo —que
en vida del padre jamás lo habría alojado tal como es— a recibirlo en sus
propios términos.
Desde Winnicott (1965), el trabajo cotidiano sobre la finca —limpiar un
galpón, restaurar un injerto liquidado por el ganado, sostener una relación de
cuidado con los trabajadores— puede leerse como una función de sostén: no la
eliminación del daño sino la construcción de un entorno suficientemente bueno
para que una herida antigua cicatrice sin desorganizar al sujeto. Esta lectura
se profundiza cuando se advierte que la finca aloja, además, una memoria
histórica que excede lo estrictamente familiar: el abuelo materno del autor, el
Dr. Miguel Ragone, gobernador de Salta, fue secuestrado y desaparecido en marzo
de 1976 durante la última dictadura cívico-militar argentina (CONADEP, 1984).
Habitar el territorio de Los Pozos es, entonces, también un acto de memoria
situada: el linaje productivo que representan el padre y el hermano convive, en
el mismo suelo, con un linaje de la memoria, la verdad y la justicia que la
propia biografía familiar no puede disociar del ejercicio cotidiano del mando
sobre la tierra.
5. Extensión: de la picada del monte al
cercamiento verde — la herida neoliberal de la conservación
Las tensiones descritas hasta aquí en clave familiar y territorial no son
ajenas a una dinámica de escala mayor que se ha vuelto tangible en el propio
departamento de Anta. Scott (1998) describió cómo los Estados modernos —y,
cabría agregar, las corporaciones que hoy administran capital ambiental global—
dependen de que la realidad social se vuelva "legible":
cuadriculable, censable, transparente a una mirada administrativa que no tolera
la opacidad de las prácticas situadas. Esta misma exigencia de legibilidad, que
en el registro familiar se manifestó como la demanda de transparencia absoluta
sobre el deseo y la identidad de los trabajadores, reaparece, en una escala
departamental, en el despliegue territorial de fundaciones de conservación que
administran entre 17.000 y 20.000 hectáreas sobre el curso del Río Seco
(Pequeño Ragone, 2026d).
El caso documentado por el autor en un ensayo previo (Pequeño Ragone,
2026d) resulta ilustrativo: mientras los estatutos de estas fundaciones
proclaman la "coexistencia armónica" bajo estándares internacionales
de conservación forestal y mercados de bonos de carbono (Verra, s.f., como se
citó en Pequeño Ragone, 2026d), la práctica territorial incluyó la denuncia de
jóvenes de comunidades vecinas ante la Policía de Salta por realizar pesca de
subsistencia, y su posterior detención durante varias horas. Este episodio no
es un exceso aislado, sino la expresión concreta de lo que la ecología política
ha denominado neoliberalismo de la conservación (Igoe & Brockington, 2006):
un modelo que necesita "limpiar" el paisaje de presencia humana para
capturar el valor financiero de una naturaleza supuestamente prístina,
transformando el sustento cotidiano de las poblaciones locales en un presunto
crimen ambiental.
Resulta especialmente significativo, desde la perspectiva de género y
poder que organiza este ensayo, que ese mismo entramado corporativo diseñe y
financie capacitaciones técnicas para la División Ambiental y Rural de la
Policía de la Provincia de Salta en Las Lajitas (Pequeño Ragone, 2026d), en un
mecanismo que subordina la doctrina de la fuerza pública a los intereses de
administración de "externalidades ambientales" de actores privados
con participación directa en sociedades agropecuarias y forestales de la
región. La ecuación es, como advierte Svampa (2019), la misma que rige buena
parte del extractivismo latinoamericano: a más control corporativo del
territorio, menos democracia y menos deliberación comunitaria sobre su destino.
La homología con el núcleo temático de este ensayo no es forzada: en
ambos registros —el familiar y el corporativo-estatal— el poder se ejerce
exigiendo que lo que escapa a la clasificación (el deseo disidente, la pesca de
subsistencia, el vínculo afectivo no autorizado) se vuelva legible, y
castigando lo que se resiste a esa legibilidad. Frente a esto, las mismas
proposiciones que este ensayo defiende en clave de masculinidades —el secreto
como tecnología del cuidado, la previsión y no la reacción al acontecimiento
como forma de mando legítimo— encuentran su correlato político en las
proposiciones que distintos movimientos socioambientales del NOA vienen
formulando: la desmilitarización de la fiscalización ambiental, la construcción
de protocolos en asambleas populares y no en escritorios corporativos, y la
incorporación remunerada de jóvenes locales como guardianes y mediadores
interculturales del monte, en lugar de su persecución (Pequeño Ragone, 2026d;
Trucco et al., 2010).
6. Conclusión: el valor del encuentro
Este ensayo comenzó con una pregunta sobre cómo administrar un territorio
heredado sin repetir su mandato más rígido, y termina, quizás inevitablemente,
en el valor del encuentro como forma de conocimiento situado. El asado
compartido en la Estancia González —donde el fuego jerarquiza antes que
gastronomiza el vínculo (Screti, 2019; Sumpter, 2015)— y las jornadas de
trabajo cotidiano en Los Pozos no son anécdotas ilustrativas de una tesis
previa: son, en sentido estricto, el método. Turner (1969) llamó comunitas a
ese espacio liminal donde las jerarquías estructurales se suspenden
momentáneamente y emerge una forma de vínculo que no estaba prevista en el mapa
oficial del territorio; algo de esa comunitas atraviesa tanto el silencio
compartido frente al fuego con C. en la Estancia González; como la
construcción, más frágil y más cuidadosa, de una proximidad no dominante con
los trabajadores de la finca.
El valor de estos encuentros —y, por extensión, el valor de este mismo
encuentro académico en el marco de las Jornadas de Filosofía del NOA— no reside
en que resuelvan las tensiones que este ensayo se propuso desanudar. Reside,
más bien, en que hacen posible sostenerlas visibles, en diálogo, sin la falsa
comodidad de una síntesis prematura. Una epistemología de la incomodidad que
mereciera su nombre no podría aspirar a menos: ni a la condena moralizante que
Spivak (1988) advirtió como violencia epistémica, ni a la autoabsolución que el
asedio deconstructivo (Derrida, 1967) precisamente busca impedir. Entre el
monte de Anta, la pirca de la Estancia González y la mesa de esta Mesa de Género,
lo que se juega —y lo que vale la pena seguir pensando entre disciplinas— es la
posibilidad de habitar un territorio, una herencia y un deseo sin necesitar,
para ello, ni la vigilancia patriarcal que los nombra desde afuera ni el
silencio cómplice que renuncia a nombrarlos del todo.
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jueves, 17 de julio de 2025
Propuesta: Sublimación, Subalternidad y Asedio: Herramientas Conceptuales para una Etnografía Disruptiva de las Masculinidades.
Propuesta en la Mesa: Género y Ciencias Sociales.
27, 28 y 29 de agosto
Autor: Fernando Pequeño Ragone
Palabras clave: Sublimación, Subalternidad, Asedio,
Inmanencia, Masculinidades
La presente propuesta fue pensada a partir de mis clases con estudiantes de licenciaturas en la Universidad Nacional de Salta durante mayo y junio del corriente año. Con una inscripción de 60 estudiantes —entre ellos, apenas unos pocos varones—, nunca llegué a oír sus voces a lo largo de todo el cursado. Al mismo tiempo, participaba de un grupo de varones que buscan construir su "autenticidad" a partir de la posibilidad de dejarse "conmover". Entre ellos nunca pude escuchar palabras sus sexualidades y el reconocimiento de la comunidad y la vida política. En tercer lugar, en una experiencia de diplomatura en masculinidades que comparto este ano, escuche del docente Rubén Campero (Uruguay) su propuesta sobre el "asedio" derrideano. No estaba él convencido de mirarlo en complemento con la "sublimación" freudiana, a riesgo de caer en ciertas justificaciones de la violencia masculina. Fueron nudos para pensar lo que aquí busco promover en la discusión.
Resumen: Se propone un marco epistemológico innovador para los estudios de género, articulando la "sublimación" (Freud), el "subalterno" (Spivak), el "asedio" (Derrida) y la "inmanencia" (Spinoza, Deleuze). Este enfoque busca abordar las masculinidades desde una perspectiva compleja, especialmente aquellas en el límite entre la hegemonía, la violencia y la vulnerabilidad, trascendiendo la mera condena.
La sublimación actúa como una herramienta epistemológica y
ética para el investigador, permitiéndole transformar prejuicios y juicios
morales en una búsqueda de conocimiento más profunda y desapasionada. Este
proceso, considerado una operación psíquica "saludable", es crucial
para entender el sufrimiento en contextos complejos. La subalternidad permite
visibilizar y reconocer las diversas experiencias masculinas marginales,
evitando la "violencia epistémica" y las visiones monolíticas. El
asedio derridiano, entendido como la presencia persistente de lo inasimilable,
fuerza al investigador a confrontar y deconstruir las "creencias
férreas" académicas y las verdades establecidas. La inmanencia se suma
para comprender que la sublimación es un proceso incompleto, donde la energía
pulsional se mantiene inmanente, impulsando la continua transformación y
creación.
Este marco busca desestabilizar el patriarcado y las
narrativas hegemónicas, generando un conocimiento que informe políticas
públicas para disminuir la violencia y promover masculinidades más saludables y
socialmente comprometidas. Ejemplos como la paternidad sublimada o el activismo
de varones gays demuestran cómo las pulsiones pueden canalizarse hacia el
desarrollo comunitario y la construcción de identidades complejas, abriendo
caminos para la transformación social.
sábado, 28 de octubre de 2023
Notas para memorias del 'Primer encuentro Trans' organizado por GTS Salta y ATTA Salta en 2009
2023-10-27
Notas provisorias.
| Mesa en el Primer encuentro Trans organizado por GTS Salta, 7-nov-2009, Salón de la Cruz Roja |
En estos días de fines de octubre de 2023, a 14 años de distancia de este evento al que pretendemos "hacer presente", conversamos con el militante Pablo Cutipa, quien participó del encuentro siendo Hade Zahir. Surgió de su inquietud por hacer memoria, esta iniciativa para poner en valor a algunxs militantes del ámbito de la diversidad sexo - afectiva en Salta. Y consiguientemente repasar los logros en derechos de ciudadanía que el colectivo consiguió desde entonces. Y ponderar lo mucho que aún queda por hacer, en el especial contexto del tiempo electoral presidencial al que asistimos y el debate sobre dos modelos posibles de país que se discuten.
Articular memorias de ciudadanía sexo afectiva entre regiones geográficas de la provincia de Salta.
- Recuperar voces de militantes que asistieron al encuentro:
- Recuperar voces de funcionarios/as estatales relacionados a áreas derechos humanos, justicia, seguridad y organismos autárquicos como INADI hacia 2009 cuando se realiza el encuentro
- Establecer contrapuntos con funcionarios actuales
- Establecer contrapuntos con militantes que viven en los municipios
- Contextualizar las luchas por la ciudadanía sexual en el actual contexto de elecciones presidenciales en Argentina, en el marco de la discusión de dos modelos antagónicos de pais.
- Homenajear a la fallecida militante jujeña Aylen Chambi, dinamizadora central del encuentro que se conmemora.
- Mención de las militantes cafayateñas y jujeñas que estuvieron presentes.
- Entrevista a Mary Robles, presidenta y fundadora de GTS Salta
- Entrevista a dirigentes sociales, militantes y funcionarios posibles de contactarse, participantes de la reunión:
- Joaquín Lopez
- Celiana Spaventa
- Verónica Spaventa
- Inés Bocanera
- Gustavo Farqhuarson
- Petra, militante jujeña
- Pahola Bracho, militante jujeño
- Publicación fotográfica sobre el encuentro.
Conversacion "disparadora" de la idea con Pablo Cutipa
Los intercambios matutinos con Pablo desde ese Cafayate que alguna vez fue "La tierra donde vive el sol", han sido la inspiración de este emprendimiento de memoria por los derechos y por la identidad. Todo comenzó asi,
| Pablo Cutipa, militante cafayateño durante el encuentro |
[23:31, 27/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Mary entrego certificado que decía el primer congreso trans. Mary había subido esa vez fotos en su Facebook. Estuvieron estuvo autoridades policiales y de derechos humanos .
[23:32, 27/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Ok
[23:46, 27/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Además de hiv era también el primer encuentro trans provincial
[23:47, 27/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Por esa razón viaje acompañando a la delegación de cafayate .para asistir a este encuentro con mi nombre de hade zahir.
[23:48, 27/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Y mary me entrega el certificado con el nombre hade zahir
[0:02, 28/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Yo asisti para intercambiar experiencias y para ponerme al tanto sobre la lucha que se llevaba a cabo en diferentes lugares de la provincia . Mary había invitado al interior y las jóvenes trangeneros de mi pueblo hicieron extensiva la invitacion . Ellas me pidieron que asistiera a ese encuentro con el nombre de Hade zahir . Con ese nombre represente a cafayate ese día. Nuestras referentes cercana a Mary era Marcia Cutipa y PAMELA que estaban en contacto con ella a menudo.
[0:03, 28/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Mi certificado dice hade zahir
[0:05, 28/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Para mi fue el primer encuentro trans provincial como dice la carpeta que se entrego a los asistente además de la charla de hiv.
[0:05, 28/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Besitos
[0:15, 28/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: En este encuentro se hablo sobre derecho, educación, salud, el comportamiento policial en cada contexto. Se hablo de las leyes existente y las que vendrían como ley de identidad de géneros y otras se contaban experiencias de cada lugar. Y Mary fue considerada por nosotras como la defensora de los derechos y apoyo de nuestras jovenes que emigraban a Salta Capital Fue muy enriquecedora esa charla
[0:17, 28/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Luego asisti a otros encuentro donde estaba pía y Alba rueda pero el primero encuentro para mí fue el de Mary
[9:32, 28/10/2023] Pablo (de Cafayate) Cutipa: Nuestras referentes Cafayateña eran Marcia cutipa, Pamela Cutipa y Anita Yanez. La que hicieron historia en Cafayate y estuvieron en constante comunicación con Mary .
| Fallecida militante jujeña junto a Mary Robles, presidenta GTS Salta. |
Materiales para la construcción del documento papel y el documental video.
Ver todas las fotos del encuentro
Video recuperado del momentos del encuentro en 2009. (8 min aprox)
Artículos en diarios de época
https://salta21.com/dos-mil-personas-en-la-vi-marcha/
Entrevistas realizadas
A Mary Robles
A Celiana Spaventa
A Joaquín Lopez
A Inés Bocanera





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