miércoles, 9 de septiembre de 2026

Conducción política de las Fuerzas de Seguridad

 

Segunda clase de ocho.
Desarrollada por Sabrina Fredric.  

Análisis Integral de la Conducción Política y la Democratización de las Fuerzas de Seguridad: La Perspectiva de Sabrina Frederic

 

Contenidos:

1. Contexto Histórico y la Necesidad de la Conducción Política

2.El Modelo de Reforma de Arslanian: Intervención y Profesionalización

Comparativa de Modelos de Conducción Institucional

3.El Paradigma de Nilda Garré: Derechos Humanos y Protocolos de Actuación

4.El Crecimiento de la Gendarmería Nacional: Una Decisión Estratégica Híbrida

5.Análisis del Operativo en Cushamen y el Caso Santiago Maldonado

6. Deudas de la Democracia: El Sistema Disciplinario y el Control Civil Real

7.Diálogo con los Cursantes: Presión Social, Intereses Privados y Control Civil

7.1La consulta de Fernando Pequeño Ragone sobre la presión de la opinión pública

8.Valoraciones Finales y Conclusiones: La Deuda Estructural del SistemaDisciplinario

 

 

1. Contexto Histórico y la Necesidad de la Conducción Política

La transición democrática argentina no representó únicamente un relevo de autoridades en la Casa Rosada; fue, ante todo, el inicio de un proceso estratégico para subordinar el brazo armado y de seguridad del Estado a la autoridad civil. Durante décadas, la estructura de seguridad federal estuvo bajo la tutela directa del Ejército Argentino, una relación de dependencia orgánica que se mantuvo inalterada hasta 1983. En aquel entonces, la Gendarmería Nacional, la Prefectura Naval y la Policía Federal (PFA) funcionaban como satélites de la conducción militar, una inercia que el gobierno de Alfonsín comenzó a revertir al trasladar estas fuerzas a la órbita del Ministerio del Interior. Sin embargo, la verdadera conducción política —aquella que trasciende la gestión administrativa para intervenir en la doctrina y el despliegue— tardó casi dos décadas en emerger como un debate central de la agenda pública.

El agotamiento del modelo de autonomía policial cobró fuerza en los años 90, impulsado por una crisis de legitimidad terminal y el desborde de la violencia institucional. Algunos hitos fundamentales de este periodo fueron:

  • Impacto Cultural y Mediático: La publicación del libro y posterior película "La Bonaerense", que expuso descarnadamente las tramas de corrupción y la autonomía corporativa de la fuerza más grande del país.
  • Crisis de Eficiencia: El incremento sostenido de homicidios y delitos entre 1997 y el año 2000, que evidenció que el modelo de "autogobierno" no garantizaba la seguridad ciudadana.
  • Agotamiento de la Gestión de Cuadros: La constatación de que el poder político se limitaba a una "abdicación de la supervisión civil sobre el núcleo administrativo", limitándose a nombrar jefes que luego gestionaban de forma autónoma la educación, la logística y los protocolos internos.

¿Por qué es relevante este análisis? Históricamente, la designación de jefes policiales por parte de los políticos fue un mecanismo de control superficial. Al no intervenir en las capas intermedias ni en los procesos formativos, el Estado permitió que las fuerzas mantuvieran una impermeabilidad institucional absoluta. Esta falta de intervención profunda preparó el escenario para que, ante crisis de legitimidad provocadas por crímenes de alto impacto, surgieran modelos de reforma que buscaron romper la delegación del monopolio de la fuerza en la corporación policial.

2. El Modelo de Reforma de Arslanian: Intervención y Profesionalización

Las dos gestiones de León Carlos Arslanian en la provincia de Buenos Aires (1997 y 2004) constituyeron respuestas estratégicas a crisis de legitimidad terminales: el asesinato del periodista José Luis Cabezas y el secuestro y asesinato de Axel Blumberg. Arslanian comprendió que la conducción política no es una declaración de principios, sino una práctica de intervención directa en la cadena de mandos y en la matriz identitaria de la institución.

Durante su gestión, Arslanian ejecutó acciones disruptivas como la depuración masiva de cuadros, la descentralización de la Escuela Vucetich para permeabilizar la formación y la creación de foros de seguridad. Un hito fundamental fue la disolución de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA), cuyos archivos fueron transferidos para crear la Comisión Provincial de la Memoria, rompiendo el vínculo operacional con las prácticas de la dictadura.

Comparativa de Modelos de Conducción Institucional

Característica

Modelo Arslanian (Conducción Radial)

Modelo Stornelli/Scioli (Conducción Limitada)

Relación con la Jefatura

El Ministro asume la jefatura de facto; intervención directa en segundas líneas.

Delegación en el Jefe de Policía; relación jerárquica cerrada ("jefe a jefe").

Capilaridad Política

Diálogo fluido de funcionarios civiles con mandos intermedios y operativos.

Estructura estanca; el poder político no se involucra en la vida interna de la fuerza.

Formación Profesional

Apertura a cuadros civiles y convenios universitarios (ej. UNLa).

Formación endogámica; resistencia al conocimiento académico externo.

Inteligencia Estructural

Disolución de la DIPBA; creación del Archivo de la Comisión por la Memoria.

Restablecimiento de la autonomía informativa y estructuras de inteligencia opacas.

¿Por qué es relevante este análisis? La creación de la Licenciatura en Seguridad en la Universidad de Lanús (UNLa) y la incorporación de profesionales de las ciencias sociales buscaron romper la impermeabilidad corporativa. Estas reformas enfrentaron resistencias feroces —denominadas "contrarreformas"—, que demostraron cómo la corporación policial reacciona ante la pérdida de sus prerrogativas de autogobierno.

3. El Paradigma de Nilda Garré: Derechos Humanos y Protocolos de Actuación

La creación del Ministerio de Seguridad de la Nación en 2010 marcó la consolidación de la "conducción capilar". Bajo la gestión de Nilda Garré, se estableció que la autoridad civil no debía residir únicamente en el despacho ministerial, sino manifestarse en el territorio y en el control de las decisiones tácticas. Este modelo priorizó la profesionalización civil de los mandos intermedios para auditar el funcionamiento cotidiano de las fuerzas federales.

Un pilar de esta doctrina fue la Resolución 210 de 2011 (Protocolo de Actuación en Manifestaciones Públicas), que estableció estándares de transparencia inéditos:

  1. Prohibición de armas de fuego: Restricción absoluta de armas de fuego y munición de plomo para el personal en contacto directo con manifestantes.
  2. Identificación visible: Obligatoriedad de portar nombre y legajo de manera clara sobre el uniforme.
  3. Uso progresivo y proporcional de la fuerza: Prioridad al diálogo y la negociación, con la presencia necesaria de funcionarios políticos en el lugar.
  4. Protección de la prensa: Garantía de no interferencia en el trabajo periodístico y prohibición de detenciones a reporteros gráficos.
  5. Asistencia médica obligatoria: Presencia de servicios de salud en el lugar del operativo para atención inmediata.
  6. Control político y registro táctico: Centralización de decisiones en autoridades civiles y registro detallado de todas las modulaciones y municiones (no letales) asignadas.

Este cambio de doctrina se materializó en la creación de la DOUCA/DUCA, un cuerpo de infantería entrenado específicamente bajo el concepto de "contención" (soportar agresiones sin escalar la violencia) en contraposición al paradigma tradicional de la "represión".

¿Por qué es relevante este análisis? El registro de operativos y la identificación del personal son mecanismos de rendición de cuentas que transforman la gestión policial en un acto público auditable. Sin estos dispositivos, la conducción política es una cáscara vacía ante la posibilidad de abusos sistémicos.

4. El Crecimiento de la Gendarmería Nacional: Una Decisión Estratégica Híbrida

Resulta una paradoja institucional que, durante gobiernos de tinte progresista, la fuerza que experimentó el mayor fortalecimiento haya sido la Gendarmería Nacional. Entre 2004 y 2012, esta institución pasó de 17,000 a 38,000 efectivos. Su despliegue en barrios populares (Operativos Centinela y Cinturón Sur) respondió a tres factores críticos: el inminente traspaso de la PFA a la Ciudad de Buenos Aires, la desconfianza política hacia la PFA post-2001 y, fundamentalmente, el peso simbólico del "uniforme verde" como representación de una autoridad disciplinada y militarizada que ciertos sectores sociales percibían como más íntegra.

Para este despliegue, se potenciaron los Móviles Antidisturbios, unidades especiales con una formación fuertemente militarizada, distribuidas estratégicamente:

  • Móvil 1: Campo de Mayo (Buenos Aires).
  • Móvil 2: Rosario (Santa Fe).
  • Móvil 3: Córdoba.
  • Móvil 4: General Acha (La Pampa).
  • Móvil 5: Santiago del Estero.
  • Móvil 6: Ezeiza (Buenos Aires).

¿Por qué es relevante este análisis? La Gendarmería es una fuerza con régimen militar y su eficiencia operativa depende estrictamente de la orden política. Bajo una orden de contención, es una fuerza profesional; sin embargo, su naturaleza verticalista la vuelve letal si la conducción política "suelta la cadena". El riesgo reside en desplegar una fuerza de combate en contextos de protesta social urbana, donde la lógica del "enemigo" puede desplazar al protocolo de seguridad ciudadana.

5. Análisis del Operativo en Cushamen y el Caso Santiago Maldonado

El operativo de 2017 en la Patagonia representa el quiebre absoluto de la cadena de mando legal y la delegación de la conducción en figuras administrativas. El rol de Pablo Noceti (Jefe de Gabinete del Ministerio) fue central: intervino en la cadena operativa sin tener facultades legales de mando, saltando sobre la autoridad del Director Nacional de la fuerza.

La investigación disciplinaria posterior, bajo la gestión de Sabrina Frederic, detectó un "descalabro" operativo derivado de decisiones políticas negligentes:

  • Fragmentación del Mando: El jefe de la agrupación estuvo ausente y los jefes de escuadrón no coordinaron, dejando el operativo en manos de oficiales que no conocían a la tropa.
  • Ruptura del "Esprit de Corps" Profesional: Se mezcló personal de distintos escuadrones que no se conocían entre sí, lo que impidió la cohesión táctica necesaria para un uso controlado de la fuerza y derivó en violencia desenfrenada (incluyendo gendarmes lanzando piedras).
  • Violación Normativa: Se ignoró el protocolo de 2011, todavía vigente legalmente, favoreciendo una lógica de persecución por sobre la de despeje de ruta.

¿Por qué es relevante este análisis? El caso demuestra cómo la "construcción de la noticia inevitable" en los medios prepara el terreno para la represión. Cuando los intereses económicos (mineros e inmobiliarios) presionan, el poder político utiliza a las fuerzas como brazo ejecutor, sacrificando los protocolos acumulados durante décadas de democracia.

6. Deudas de la Democracia: El Sistema Disciplinario y el Control Civil Real

La gran deuda pendiente es la reforma del "Frankenstein" legal que rige el disciplinamiento. La mayoría de las fuerzas federales se rigen por estatutos y leyes orgánicas obsoletas que vinculan su disciplina a códigos militares, lo que crea paradojas jerárquicas infranqueables para el poder político.

Un ejemplo crítico fue el intento de sanción al Director Nacional Gerardo Otero. Al regirse la Gendarmería por el Código de Disciplina del Ejército, se produjo una "trampa jerárquica": para sancionar a un jefe de máxima antigüedad (incluso retirado), el sistema exigía que el tribunal estuviera integrado por oficiales de igual o mayor jerarquía. Dado que el director activo (Severino) era de una jerarquía inferior, la autoridad política se vio legalmente incapacitada para aplicar sanciones directas, debiendo recurrir a un sistema burocrático que termina delegando la justicia en la propia corporación armada.

Solo la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) posee una estructura orgánica donde el control disciplinario es plenamente civil, una excepción que no alcanza a las fuerzas mayoritarias.

¿Por qué es relevante este análisis? Existe una preocupante "corresponsabilidad judicial-política". A menudo, las autoridades políticas y los jueces federales locales —unidos por vínculos de proximidad social en el interior del país— fabrican las condiciones de necesidad para la represión, utilizando al Poder Judicial como escudo para evitar la responsabilidad política de los abusos. El control disciplinario real es la piedra angular de la conducción política; sin él, el ministro es un espectador de la arbitrariedad interna.

 

7. Diálogo con los Cursantes: Presión Social, Intereses Privados y Control Civil

El intercambio académico permitió profundizar en las tensiones entre la demanda social y la legalidad democrática. Se destaca la premisa: "no hay represión sin orden política", aclarando que el fenómeno de la “cadena suelta” operativa ocurre cuando las órdenes políticas son vagas o habilitan la desproporcionalidad. Principales inquietudes de los cursantes:

●       Fernando Pequeño:  Consultó sobre la presión de la opinión pública. La respuesta subrayó que el endurecimiento de la sociedad hacia la "mano dura" dificulta la fiscalización civil y vuelve crípticas a las instituciones.

●       Sergio Maldonado:  Indagó sobre la posibilidad de apartar gendarmes. Se explicó que, aunque existió la voluntad política en 2020, el vencimiento de plazos administrativos heredado impidió la desafectación legal, dejando como única opción el no ascenso y el traslado a destinos irrelevantes.

●       Noelia Luque:  Preguntó sobre tácticas como el "corte de luz" en operativos. Se aclaró que son decisiones tácticas para evitar el registro periodístico y alcanzar objetivos políticos de despeje rápido.

●       Fabián Venier:  Recordó los conflictos rurales de 2008. Se analizó cómo la connivencia entre el poder judicial local y las fuerzas de seguridad genera un cerco de protección a intereses privados, como empresas mineras u ONGs que operan en la "privatización de la naturaleza".

7.1 La consulta de Fernando Pequeño Ragone sobre la presión de la opinión pública

1. Consulta de Fernando Pequeño (Salta)

Fernando Pequeño Ragone (militante social de Salta) estructuró su consulta problematizando el control civil sobre las fuerzas de seguridad en un contexto social y político adverso, articulando su inquietud en tres dimensiones clave:

  • Presión de la opinión pública y giro punitivo: Cuestionó la viabilidad y efectividad del control o interés de la sociedad civil sobre el accionar policial en un escenario marcado por el endurecimiento de la opinión pública hacia posturas de "mano dura". Señaló que, salvo por la labor de los organismos tradicionales de derechos humanos, la sociedad civil ha perdido el interés por fiscalizar el interior de las instituciones policiales, retrocediendo respecto a los niveles de apertura logrados en etapas anteriores.
  • Hermetismo estatal y desincentivo a la participación: Preguntó cómo se puede motivar e incentivar la organización comunitaria en un contexto donde el propio Estado y los ministerios de seguridad han cerrado los canales de diálogo previamente construidos, volviéndose de nuevo estructuras crípticas e inaccesibles.
  • Descontrol de la policía rural y subordinación al poder corporativo: Expuso la situación de los pueblos del interior de Salta (como Joaquín V. González, El Quebrachal y Las Lajitas), pertenecientes al núcleo de la matriz agroexportadora, donde la policía opera con una conducción política sumamente escasa. Ilustró esto con el caso de una ONG que privatiza bienes naturales, la cual logró que la policía encarcelara a seis jóvenes que pescaban en la zona y posteriormente impartió capacitaciones a la propia policía rural para validar dicha estrategia de disciplinamiento. Ante esto, indagó cómo hacer escuchar voces alternativas dentro de la policía local para que reconozcan a esos jóvenes como sus propios vecinos y no como delincuentes.

 

2. Respuesta y desarrollo analítico de Sabrina Frederic

La exministra de Seguridad estructuró su respuesta abordando el alcance del control civil, las dinámicas de alianza entre la policía y los poderes locales, y las vías de contrapeso institucional:

A. Aportes, tipologías y límites del control civil

  • Control reactivo vs. control preventivo: Frederic sostuvo que la fiscalización ciudadana es válida pero insuficiente por sí sola. Diferenció el control ejercido por organizaciones especializadas ante casos de violencia institucional (como CORREPI, CELS, APDH, la Liga por los Derechos del Hombre o la Gremial de Abogados) del control preventivo, el cual resulta el dispositivo más crítico para evitar la producción del daño antes de que los abusos ocurran.
  • Claroscuros de los dispositivos comunitarios:
    • Foros de Seguridad: Recordó la experiencia de los foros creados por ley en la provincia de Buenos Aires. Advirtió que suelen presentar limitaciones cuando sus integrantes entran en dinámicas endogámicas o de excesiva proximidad con los comisarios locales, perdiendo su capacidad fiscalizadora.
    • Herramientas autogestivas y tecnológicas: Destacó iniciativas participativas contemporáneas como el Mapa de la Policía (recolección comunitaria de evidencia audiovisual en manifestaciones) y el control territorial directo desarrollado por organizaciones populares como La Garganta Poderosa en la Villa 21-24 / Zavaleta (con respaldo del CELS y Zaffaroni) para monitorear a las fuerzas de seguridad. No obstante, remarcó la enorme dificultad de sostener estas estructuras en el tiempo.

B. Hermetismo institucional, alianza judicial y la figura del "patrón del pueblo"

  • Subordinación policial al Poder Judicial: Explicó que las policías suelen mostrar una subordinación más estable hacia la Justicia (jueces y fiscales) que hacia las autoridades políticas de turno, debido a que los funcionarios judiciales permanecen en sus cargos a lo largo del tiempo mientras que las conducciones políticas rotan.
  • Captura del poder de policía por intereses privados: En el interior del país y en contextos rurales, la justicia/fiscalía federal y la policía local se entraman social e informalmente con los sectores económicos dominantes o el "patrón del pueblo". Esta cercanía provoca que la policía local responda directamente al dueño de la empresa o finca antes que a la jefatura central de la provincia o al ministerio.

C. Estrategias y contrapesos institucionales

  • Articulación en el plano municipal: Ante el repliegue del Estado central, propuso buscar contrapesos institucionales a nivel local, por ejemplo a través de los Consejos Deliberantes municipales, evaluando las correlaciones de fuerza políticas locales para fiscalizar la actuación de la policía en el territorio.
  • Mesas de trabajo multiactorales: Enfatizó que el control efectivo requiere la conformación de mesas institucionales donde se obligue a participar a jueces y fiscales junto a las autoridades locales, evitando que la policía actúe bajo el arbitrio exclusivo del poder económico privado. 

 

8. Valoraciones Finales y Conclusiones: La Deuda Estructural del Sistema Disciplinario

El cierre del análisis subraya la urgencia de reformar los sistemas de castigo y recompensa. Argentina convive con un “Frankenstein" normativo donde leyes orgánicas obsoletas rigen el comportamiento civil de las fuerzas. Un caso testigo es el del director Otero (GNA) y el contrabando de municiones a Bolivia. Debido a que Otero era "más antiguo" (de mayor rango) que el director en funciones (Severino), el código militar impedía que un subordinado lo disciplinara, requiriendo convocar a las Fuerzas Armadas para un proceso que el Ministerio de Seguridad no controlaba plenamente. Esta autonomía disciplinaria genera injusticias internas y garantiza la impunidad externa. En conclusión, la represión en Cushamen y el destino de Santiago Maldonado funcionaron como un “disciplinamiento feroz” contra la militancia social y la defensa de la tierra. Mientras el poder político no controle el proceso disciplinario completo —superando la mera firma de la exoneración —, la seguridad seguirá siendo una herramienta al servicio de intereses extractivistas y rentistas, postergando la deuda democrática con la ciudadanía.

Actualmente, Argentina enfrenta una regresión normativa alarmante. La derogación de los protocolos de protección de derechos humanos y la implementación de leyes de corte "antimafia" buscan calificar la protesta social como sedición o asociación ilícita. Este escenario "suelta la cadena" de las fuerzas, forzándolas a cumplir órdenes que contradicen su formación democrática y los estándares internacionales.

La degradación institucional se manifiesta también en el interior de las fuerzas: las elevadas tasas de suicidio y el deterioro de la salud mental del personal son síntomas de un sistema que exige violencia a una tropa mal remunerada y despojada de defensas civiles. El caso de Santiago Maldonado permanece como una lección de "disciplinamiento feroz" contra la militancia y la defensa del territorio.

La democratización de las fuerzas de seguridad no es un proceso lineal ni irreversible. Requiere una vigilancia constante de la sociedad civil y, sobre todo, una voluntad política que no abdique de su responsabilidad de conducir, sancionar y auditar el uso de la fuerza pública en un Estado de Derecho.

 

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