sábado, 8 de agosto de 2026

Soberanías del secreto, cuerpos que no callan

Bajo el título "El género en la encrucijada y la necesidad de un diálogo interdisciplinar", la Mesa 3 del Congreso de Filosofía UNSa 2026 reunió ocho ponencias que recorrieron, en una misma mañana, la mitología clásica, la teoría queer, el derecho penal, el capitalismo de plataformas y la vigilancia digital. Sobre un eje mayoritariamente centrado en la denuncia de las asimetrías patriarcales, la propuesta de Fernando Pequeño Ragone —"Soberanías del secreto: mandos afectivos y vigilancia en el Departamento de Anta"— introdujo un descentramiento: desplazó la mirada de la víctima del dispositivo de poder hacia las micropolíticas con que el deseo y la masculinidad rural lo eluden, defendiendo el secreto como tecnología legítima de protección frente a la transparencia neoliberal. El recorrido —de Filomela y el telar mudo a los algoritmos de la manósfera, pasando por el desmantelamiento del Ministerio de las Mujeres— compone un diagnóstico de época: mientras las políticas públicas de género retroceden, la violencia digital se expande como su reverso tecnológico, y la universidad pública insiste en sostener la pregunta por los cuerpos que la historia continúa intentando silenciar. 


Soberanías del secreto, cuerpos que no callan

Notas sobre la Mesa 3 de Género en las XX Jornadas de Filosofía del NOA
Congreso de Filosofía UNSa 2026 — Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Salta

 

Contenidos

I.Una mesa dentro de un congreso: el marco institucional

II.El eje matriz de la mesa y el descentramiento que propone Pequeño Ragone

III.Las ocho exposiciones: un recorrido

1.Genealogía del silencio y sororidad radical en la Antigüedad

2.Micropolítica del deseo y descolonización del inconsciente

3.Jerarquías ontológicas y el cuerpo negro feminizado

4.El amor romántico en la red: vigilancia y nuevos mitos

5.Epistemologías de la incomodidad y poder en el territorio

6.Acoso sexual y asimetría epistémica en la Universidad

7.El desmantelamiento de las políticas de género en Argentina

8.Metafísica del odio y la manósfera

IV.A modo de cierre: pensar el género en tiempos de repliegue

 

Sintesis auditiva


I. Una mesa dentro de un congreso: el marco institucional

Entre el 5 y el 7 de agosto de 2026, la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta fue sede de las XX Jornadas de Filosofía del NOA, bajo el título “Filosofía, Universidad y Región: problemáticas y desafíos”. Son dos décadas de continuidad institucional colocan a estas jornadas entre los espacios más estables de producción filosófica del norte argentino, un ámbito donde la disciplina no se practica como ejercicio abstracto sino como intervención situada sobre los problemas de una región concreta. Es en ese marco —regional, universitario, acumulado en el tiempo— donde se inscribe la Mesa 3, dedicada al género, desarrollada la mañana del viernes 7 de agosto en el anfiteatro O bajo el título “El género en la encrucijada y la necesidad de un diálogo interdisciplinar”.

El título de la mesa merece detenerse un instante, porque anuncia dos operaciones distintas y las funde en una sola convocatoria. “La encrucijada” supone una crisis o un cruce de caminos: el género, dice el título, no es un campo resuelto sino un nudo problemático que exige decisiones. Y “el diálogo interdisciplinar” propone el método para transitar esa encrucijada: ninguna disciplina aislada —ni el derecho, ni la filosofía clásica, ni la sociología digital— alcanza para dar cuenta de un fenómeno que atraviesa la mitología antigua, las políticas públicas contemporáneas y los algoritmos de las redes sociales al mismo tiempo. Ocho ponencias, presentadas en dos sesiones consecutivas, respondieron a ese llamado con una amplitud de registros que va de la filología clásica al análisis de encuestas sobre vínculos digitalizados, pasando por la filosofía política, la teoría queer, el derecho penal y la crítica al capitalismo de plataformas.

II. El eje matriz de la mesa y el descentramiento que propone Pequeño Ragone

La línea matriz que organiza el conjunto de las ponencias se articula, mayoritariamente, en torno a la denuncia y el análisis de las asimetrías, las opresiones y las instituciones patriarcales que subordinan o invisibilizan a la mujer y a lo femenino. Las exposiciones recorren un eje eminentemente defensivo y crítico frente a la sujeción: la revisión filosófico-histórica del silenciamiento y la exclusión —presente en los trabajos sobre la mitología clásica y la herencia platónica—, la opresión estructural o la falta de derechos en sectores específicos, y la respuesta ante las dinámicas de poder institucional, digital o estatal que se despliegan en las ponencias sobre vínculos románticos en red, políticas públicas de género y violencia política digital.

Sobre ese fondo compartido, la propuesta que Fernando Pequeño Ragone introdujo —bajo el título original “Soberanías del secreto y picadas del deseo: una epistemología de la incomodidad frente a la vigilancia patriarcal-capitalista en el NOA”— genera una tensión epistemológica y política concreta con el eje hegemónico de la mesa. No se trata de una tensión de oposición frontal, sino de lo que cabría llamar un descentramiento: mientras el grueso de las exposiciones aborda el impacto directo del dispositivo de poder patriarcal sobre las mujeres y las corporalidades feminizadas, la ponencia de Pequeño Ragone desplaza el foco hacia los modos en que el deseo y la masculinidad o subjetividad local negocian, eluden o fisuran ese mismo control. Expresiones como “soberanías del secreto” y “picadas del deseo” —esta última tomada del léxico rural, donde la picada nombra el sendero angosto que atraviesa el monte— señalan un abordaje territorial e informal en el que el sujeto no solo padece la norma patriarcal, sino que habita zonas de opacidad, de “incomodidad”, sustraídas al ojo vigilante del sistema.

El segundo movimiento de ese descentramiento es de orden epistemológico: mientras trabajos como los dedicados al desmantelamiento institucional de las políticas de género, a la opresión estructural o a las dinámicas universitarias analizan marcos del derecho, de la universidad o de las políticas públicas, Pequeño Ragone propone una “epistemología de la incomodidad” radicada específicamente en el NOA. Ello interpela de manera directa a las teorías de género más tradicionales, en la medida en que no se limita a un análisis del daño o de las políticas institucionales de reparación, sino que indaga en las complejidades, las contradicciones y las territorialidades propias de los varones y las subjetividades que transitan la vigilancia patriarcal-capitalista en la región.

Cabría subrayar, con todo, que esta tensión no clausura el diálogo interdisciplinar que la mesa se propuso como programa, sino que lo exige con mayor urgencia. Al introducir las fisuras del deseo y la vigilancia desde un enfoque crítico de la masculinidad y de lo cotidiano en el NOA, el trabajo de Pequeño Ragone demanda que ese diálogo no se reduzca únicamente al estudio de las consecuencias del patriarcado sobre la mujer, sino que incorpore, de manera urgente, las dinámicas del sujeto que sostiene, padece o distorsiona el propio mandato de masculinidad. En ese sentido, la ponencia funciona menos como una objeción externa que como un pliegue interno de la misma pregunta que convocó a la mesa.

III. Las ocho exposiciones: un recorrido

La jornada estuvo articulada, en su conjunto, por una tensión ontológica de fondo: la dialéctica entre los dispositivos de captura —institucionales, mitológicos y algorítmicos— y aquellas potencias de fuga que emergen desde la subalternidad para reclamar el derecho a la existencia. Lo que allí se puso en juego fue, en última instancia, la capacidad de la filosofía para desnaturalizar las estructuras de dominación que, bajo el velo de la transparencia digital o de la tradición clásica, persiguen la domesticación de los cuerpos. Ese hilo conductor permite recorrer, ponencia por ponencia, un arco que va de la Antigüedad clásica a los algoritmos contemporáneos.

1. Genealogía del silencio y sororidad radical en la Antigüedad

La primera ponencia, titulada “La voz del telar: dispositivos de poder y huelga ontológica en la mitología clásica”, recurrió a la “caja de herramientas” teórica de la filósofa argentina María Cecilia Colombani, articulada con la matriz genealógica de Michel Foucault, para desmenuzar la violencia soberana en la Antigüedad. El análisis de los mitos de Filomela e Iole reveló que la violación y la mutilación de la lengua no constituyen desórdenes individuales, sino un suplicio anatomopolítico destinado a garantizar el monopolio de la palabra oficial, reduciendo la feminidad a la mudez del oikos.

Un punto de inflexión analítico particularmente fecundo fue el debate sobre la violencia epistémica alojada en la traducción del latín. Se discutió cómo la interpretación de la partícula “ut + subjuntivo” —como cláusula concesiva o como cláusula final— altera radicalmente la percepción del poder en juego: mientras una traducción tradicional centra la agencia en la primacía de Hércules, una lectura crítica permite vislumbrar el silencio de Iole como una forma de resistencia imperturbable. Frente a la clausura del logos emerge así la noción de “huelga ontológica”: una sustracción activa que bloquea al opresor. El telar de Filomela reconvierte, en esta lectura, la techné en un contradiscurso material que funda una sororidad radical, fracturando el canon biopolítico a través de lo que la ponencia denominó infanticidio genealógico. En el intercambio con el público se destacó, además, la figura de Baco o Dioniso como el “dios sin forma”, cuyo éxtasis permite que el cuerpo escape a su estatuto de botín o de procreador, fracturando la estabilidad de la física antigua para proponer una ética del desborde.

2. Micropolítica del deseo y descolonización del inconsciente

María Bernardita Bencenialvo presentó “Lo torcidito: la potencia creadora frente al capitalismo mundial integrado”, a partir del análisis de la obra de la actriz trans Eva Parra. Aplicando las categorías de Gilles Deleuze, Félix Guattari y Suely Rolnik, la exposición cartografió la micropolítica del deseo y denunció cómo el Capitalismo Mundial Integrado opera mediante lo que la ponencia llamó el “caifaceo de la pulsión vital”: un proceso que despoja a la creación de su destino ético para transformarla en mera creatividad mercantilizada. El sistema busca, en esta lectura, “enderezar lo torcido” o directamente extirparlo, imponiendo una rufiantización de la subjetividad.

La ponencia distinguió tres sentidos de la cultura —cultura-valor, de carácter segregatorio; cultura-alma, de carácter aislante, y cultura-mercancía, de carácter serializado— y presentó el “devenir-mujer” y el “devenir-homosexual” como líneas de fuga que desafían el palocratismo dominante. Un momento de particular tensión política fue la referencia al registro de la obra de Eva Parra en el Instituto Nacional del Teatro, donde la burocracia institucional borra su identidad de género al inscribirla bajo su nombre de varón, evidenciando que la institución continúa operando como un espacio patriarcal que neutraliza la potencia creadora. La exposición concluyó con un llamado a la descolonización del inconsciente, como condición para evitar que la singularidad quede confinada en guetos.

3. Jerarquías ontológicas y el cuerpo negro feminizado

Bárbara desarrolló “Más allá del icono: simulacros y zonas de no-ser en la herencia platónica”, una crítica radical a la ontología platónica en La República. La ponencia sostuvo que la distinción entre iconos —copias legítimas— y simulacros —fantasmas que quiebran la correspondencia con la idea— constituye la piedra angular de las exclusiones políticas contemporáneas, en la medida en que la dialéctica platónica funciona como un ejercicio de purificación orientado al triunfo de la semejanza sobre la diferencia.

Recuperando a Frantz Fanon, la expositora analizó cómo esa jerarquía condena al cuerpo negro feminizado a lo que denominó la “región del no-ser”. El ideal de “blanquitud” opera, en esta lectura, como criterio de humanidad que desplaza lo racializado hacia lo defectuoso, convirtiendo la reproducción en un laboratorio de blanqueamiento destinado a que la descendencia habite la zona del ser. La interacción con el público subrayó, además, la epistemología de la corporalidad presente en la gestualidad de la propia expositora —cuya impronta evocó, para parte de la audiencia, la figura de Dora Barrancos—, mostrando que el cuerpo habla allí donde el logos intenta callar. La conclusión formuló un imperativo ético: romper con la economía afectiva del amo e inventar formas de vida que escapen al veredicto ontológico de Occidente.

4. El amor romántico en la red: vigilancia y nuevos mitos

Marina Coronado y María de la Paz Porcar presentaron “Vínculos datificados: la persistencia del mito romántico en los entornos digitales del NOA”, basada en un relevamiento estratégico de ciento treinta y ocho encuestas realizadas en Salta y Jujuy. La ponencia expuso la persistencia de los mitos románticos, ahora virtualizados bajo nuevas herramientas de control: aunque el discurso formal de las y los encuestados pregona la “deconstrucción”, las prácticas relevadas revelan una profunda ansiedad ante el ghosting y una presión por la espectacularización de la pareja en redes sociales como forma de validación del afecto.

El análisis destacó cómo el sistema neoliberal opera una erradicación de la vulnerabilidad, transformando el amor en una transacción de visibilidad o en un riesgo que el algoritmo debe gestionar. El control se desplaza, en esta descripción, hacia la vigilancia de la última conexión y la ubicación compartida, creando una identidad digital de pareja que funciona como una nueva forma de subordinación. Las redes, concluyeron las expositoras, no han eliminado el mito romántico: lo han dotado de una infraestructura de vigilancia que mercantiliza la intimidad y penaliza la opacidad afectiva.

5. Epistemologías de la incomodidad y poder en el territorio

Fernando Pequeño Ragone presentó “Soberanías del secreto: mandos afectivos y vigilancia en el Departamento de Anta”, introduciendo la noción de “epistemología de la incomodidad” y recurriendo al uso de modelos de inteligencia artificial —Gemini y Claude— como herramientas de asedio analítico para tensionar las estructuras de poder en el Departamento de Anta, en las cercanías del pueblo de Las Lajitas y del Parque Nacional El Rey. El estudio contrastó el mando patriarcal de finca, propio de la organización rural tradicional, con una propuesta de poder basada en el cuidado y la afectividad situada.

La exposición problematizó de manera visceral el límite de la insinuación erótica en relaciones asimétricas —patrón y peón—, advirtiendo que cualquier avance del deseo en esos contextos corre el riesgo de reeditar el llamado “derecho de pernada” (droit du seigneur), una herencia colonial que continúa acechando a los territorios rurales. Asimismo, se defendió el secreto como una tecnología de protección frente a la exigencia de transparencia total propia del neoliberalismo. Esta escala micro se articuló con la macroeconomía de los bonos de carbono, en la que organizaciones no gubernamentales conservacionistas privatizan el territorio y criminalizan a los pobladores locales que van a pescar al río. La conclusión validó la importancia de las “zonas opacas” como defensa frente a un sistema que busca convertir todo cuerpo y todo territorio en un dato administrable.

6. Acoso sexual y asimetría epistémica en la Universidad

Beatriz expuso “La ética académica en jaque: taxonomías del acoso y el fracaso pedagógico”, abordando el acoso sexual como un problema de integridad institucional. Siguiendo la distinción de Catherine MacKinnon, diferenció entre el “quid pro quo” y el “acoso por ambiente” —esta última modalidad capaz de degradar el desempeño sin necesidad de una condición explícita—, y recuperó a Amia Srinivasan para desarmar la noción de consentimiento bajo condiciones de asimetría epistémica: el docente que instrumentaliza la transferencia erótica de la alumna incurre, en esta lectura, en un fracaso pedagógico antes que meramente ético.

La ponencia presentó una taxonomía del “profesor lascivo”, distinguiendo entre el acosador público —caracterizado como “el buen tipo”— y el privado —el conservador que utiliza el atril como barrera—, y señaló roles específicos como el del “seductor intelectual”, que se sirve de contenidos de humanidades o de psicología para extraer vulnerabilidades. El debate posterior reafirmó que la igualdad de género no constituye una formalidad administrativa, sino la condición misma de posibilidad de la vida académica, exigiendo que la energía erótica sea redirigida hacia el conocimiento y no hacia la apropiación personal.

7. El desmantelamiento de las políticas de género en Argentina

Gabriela Gaspar desarrolló “Del Ministerio a la resistencia: retrocesos institucionales y violencia política digital”, analizando el impacto del cambio de gobierno de diciembre de 2023, caracterizado por la desaparición del Ministerio de las Mujeres y el desmantelamiento de programas como el Acompañar y la Línea 144. Este retroceso institucional deja a las mujeres, sostuvo la exposición, en un desamparo material absoluto, en la medida en que la autonomía física resulta imposible sin autonomía económica.

La ponencia denunció, además, la emergencia de una “muerte civil” digital: un hostigamiento organizado —doxeo, troleo— destinado a silenciar a mujeres políticas y periodistas. Esa violencia política digital atenta contra la pluralidad democrática al forzar el retiro de las voces disidentes del debate público. En el plano local, se alertó sobre la fragilidad de la paridad de género en Salta, advirtiendo que, sin representatividad real en las cabezas de lista, los marcos normativos se vuelven letra muerta frente a un sistema que utiliza la virtualidad para anular la disidencia.

8. Metafísica del odio y la manósfera

La ponencia de cierre, a cargo de Luisa Sánchez junto a un colega, se tituló “Algoritmos de la reacción: la manósfera y la capitalización del malestar masculino” y definió la “metafísica del odio” como la anulación de la otredad al servicio de la sostenimiento de una identidad colectiva. El foco se puso en la manósfera —incels, MGTOW—, comunidades que capitalizan la soledad de los varones jóvenes, y se destacó el papel ideológico de Peter Thiel y de un ecosistema de Silicon Valley reaccionario y anarcocapitalista, orientado a predecir y monetizar el comportamiento humano a través de lo que la ponencia denominó el “Gemelo Digital Social”.

Este sistema, sostuvieron los expositores, no solo promueve la misoginia organizada, sino que ofrece una narrativa de victimización masculina frente al avance de derechos. La conclusión subrayó que la manósfera constituye el brazo digital de un patriarcado renovado que se sirve de algoritmos para restablecer un orden natural percibido como vulnerado, enfatizando la necesidad urgente de una alfabetización digital que permita a los varones gestionar su afectividad por fuera de los esquemas del odio organizado.

IV. A modo de cierre: pensar el género en tiempos de repliegue

Leída en conjunto, la Mesa 3 no puede desprenderse del contexto político en el que se celebró. Sus propias ponencias lo hicieron explícito: el análisis de Gabriela Gaspar sobre la desaparición del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, el desmantelamiento del programa Acompañar y de la Línea 144, así como la fragilidad de la paridad de género en Salta, describen un escenario de repliegue institucional que no es un telón de fondo abstracto, sino la condición material sobre la que se produjo cada una de las ocho exposiciones. En ese sentido, cabría sostener que la mesa funcionó, en la aula universitaria, como una suerte de contrapeso discursivo frente a la retracción de las políticas públicas de género en la Argentina contemporánea: allí donde el Estado retira estructuras de protección y financiamiento, la universidad pública —y particularmente un espacio como este, sostenido durante veinte ediciones— retiene y produce marcos conceptuales que permiten nombrar lo que las políticas dejan de nombrar.

El segundo emergente que atraviesa transversalmente la jornada es el de la violencia digital, presente no como un tema aislado en una única ponencia sino como un hilo que conecta casi la totalidad de las exposiciones de la segunda sesión. Los vínculos datificados y la vigilancia de pareja que describieron Coronado y Porcar, la muerte civil digital y el doxeo que denunció Gaspar, la manósfera y el Gemelo Digital Social que analizaron Sánchez y su colega, y las propias “vigilancia patriarcal-capitalista” y “transparencia totalitaria del algoritmo” que Pequeño Ragone situó en la escala rural del Departamento de Anta, componen entre todas un mapa de un mismo fenómeno observado desde distintas latitudes: la digitalización no ha disuelto las estructuras patriarcales, sino que les ha provisto de una infraestructura nueva, más difusa y más difícil de nombrar que la violencia institucional tradicional, precisamente porque opera bajo la promesa de la transparencia y de la conexión.

Frente a ese doble movimiento —el repliegue de las políticas públicas y la expansión de la vigilancia digital—, podría pensarse que la propuesta de Pequeño Ragone adquiere una relevancia particular, en la medida en que no se limita a describir el fenómeno desde la perspectiva de quien lo padece, sino que ensaya una defensa del secreto y de la opacidad como formas legítimas de resistencia. Esta hipótesis, cabe advertirlo, no está exenta de tensión: la reivindicación del secreto en contextos de asimetría —como el vínculo patrón-peón que la propia ponencia problematiza— exige un cuidado analítico constante, ya que la misma opacidad que protege a un sujeto de la vigilancia estatal o corporativa podría, en otras condiciones, encubrir relaciones de poder no resueltas. El propio expositor pareció ser consciente de ese riesgo al advertir explícitamente sobre la posible reedición del derecho de pernada, lo cual sugiere que su propuesta no busca una defensa incondicional del secreto, sino una distinción situada entre la opacidad que protege y la opacidad que encubre.

En la síntesis final que cerró la jornada se sostuvo que el silenciamiento de los cuerpos sigue siendo el cimiento del poder político, pero que la alianza colectiva encuentra siempre fisuras para hacer estallar el monopolio de la palabra oficial. Frente a la transparencia totalitaria del algoritmo y la vigilancia digital, se afirmó, la universidad pública se reafirma como el espacio donde “el secreto” y “lo opaco” operan como mecanismos de defensa legítimos para las subjetividades subalternas. Sin pretender zanjar aquí una discusión que las propias ponencias dejaron abierta, puede decirse que la Mesa 3 del Congreso de Filosofía del NOA 2026 documenta, con la diversidad de sus ocho voces, un mismo diagnóstico de época: en un momento en que las políticas públicas de género retroceden y la violencia digital se expande como su reverso tecnológico, el pensamiento crítico producido desde una universidad regional del norte argentino insiste en sostener, entre el mito clásico y el algoritmo contemporáneo, la pregunta por los cuerpos que la historia —y la actualidad— continúan intentando silenciar.



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