Fernando Pequeño, Salta, Argentina, 2026
Nota de transparencia: Este ensayo fue
co-escrito mediante un proceso de colaboración entre el autor Fernando Pequeño
y herramientas de inteligencia artificial (Claude, de Anthropic), bajo
supervisión editorial integral del autor, en enero-marzo de 2026. La premisa de
la transparencia radical no es solo el objeto de estudio: es el método mismo.
I. Introducción: La Crisis de la Autoría en el
Espejo de la Máquina
Escribo
desde Salta, en 2026, en el cruce de memorias kirchneristas, disputas por
derechos humanos y la frontera interior de la masculinidad post-hegemónica.
Esta frase no es una declaración retórica: es la condición de posibilidad de
todo lo que sigue. Quien escribe lo hace desde algún lugar, desde algún tiempo,
desde alguna cicatriz. El ensayo que el lector tiene ante sí nació de una
pregunta que me hice al recibir elogios por textos que yo sabía co-escritos con
inteligencia artificial: ¿de quién es, en verdad, esta voz?
La pregunta no es nueva, pero su urgencia sí lo es. En esta tercera década del siglo XXI, la proliferación de herramientas generativas de lenguaje ha desplazado el debate sobre la autoría desde los márgenes académicos al centro de la práctica creativa cotidiana. Escritores, periodistas, académicos y memoristas se encuentran en el mismo lugar: ante textos que emergen de una conversación entre su intención y el cálculo de una máquina.
Mis escritos
personales desde mi diario íntimo a variedad de blogs temáticos; abarcan desde
el análisis de mi relación con un padre difícil hasta la lucha por la memoria
de Miguel Ragone, gobernador salteño desaparecido por la última dictadura
militar argentina y figura fundamental de la Asociación que lleva su nombre. En
esos textos conviven la terapia psicoanalítica, el diario personal, la
reflexión política sobre la seguridad y la frontera noroeste, y los testimonios
sobre derechos humanos. La IA no inventó esos cuadernos: los ayudó a
articularse en una escritura que pudiera ser leída por otros. El problema —y
también la apuesta— es que esa articulación no ocurrió en silencio.
La tesis que
pretendo exponer y defender puede enunciarse con precisión: la irrupción de la
inteligencia artificial en la escritura autobiográfica no disuelve la autoría,
sino que la reconfigura hacia una forma más exigente y potencialmente más
honesta de la misma, una autoría que exige transparencia radical del contexto
situado como condición ética para interpelar auténticamente a los lectores.
Lejos de ser una amenaza a la voz propia, la IA mediada por supervisión humana
puede convertirse en una herramienta liberadora, en particular para aquellos
escritores que operan desde los márgenes geográficos, políticos y culturales
del sistema literario hegemónico, como es el caso del Noroeste Argentino.
Organizo
este ensayo en tres movimientos. Primero, el contexto histórico y situado que
hace posible y urgente esta reflexión desde Salta en 2026. Segundo, el núcleo
filosófico y metodológico: un análisis multidimensional de la reconfiguración
de la autoría y la identidad en la narrativa autobiográfica mediada por IA,
articulado en cinco subsecciones que van desde la crítica del romanticismo
autorial hasta la defensa filosófica de la escritura asistida. Tercero, las
conclusiones y apuestas futuras para escritores latinoamericanos que, como yo,
escriben desde coordenadas que el mapa literario dominante todavía no ha
terminado de dibujar.
Síntesis uno
II. Contexto Histórico y Situado: Salta, el NOA
Digital y la Frontera Interior como Epistemología
Para
comprender lo que está en juego en la escritura autobiográfica mediada por IA
en el contexto latinoamericano, es necesario situar el momento con precisión.
Vivimos en el período posterior a la pandemia de COVID-19, una crisis que,
entre sus múltiples efectos, aceleró la digitalización de prácticas culturales
que habían resistido durante décadas. En América Latina, este proceso fue
particularmente contradictorio: mientras las infraestructuras digitales se
consolidaban en los centros urbanos, las periferias geográficas —como el
Noroeste Argentino— continuaban operando con conectividades precarias y
asimetrías profundas en el acceso a las herramientas tecnológicas más
recientes.
Salta en
2026 es una ciudad que porta en su geografía las tensiones que llevo en mi escritura. Es la capital de una provincia de
frontera —limítrofe con Bolivia, Chile y Paraguay—, con una economía ligada
históricamente a la explotación de recursos naturales y a formas patriarcales
de organización social que persisten con tenacidad. Al mismo tiempo, es una
ciudad con una vigorosa tradición de lucha por derechos humanos, representada
emblemáticamente por la figura de Miguel Ragone, el gobernador constitucional
elegido en 1973 y desaparecido en marzo de 1976 por la última dictadura
cívico-militar. La Asociación Miguel Ragone, activa hasta hoy, sigue siendo un
nodo de memoria, verdad y justicia en la ciudad y en mi vida.
En este
escenario, la tensión política es constante. Los movimientos sociales que
reclaman paridad de género en las instituciones de seguridad, los organismos de
derechos humanos que han sostenido los juicios de lesa humanidad, y las
comunidades que resisten los desalojos de territorios ancestrales conviven con
gobiernos provinciales de signo conservador y con las presiones del ajuste
económico nacional. Las humanidades en el NOA no son un lujo académico: son una
forma de supervivencia simbólica. Escribir desde aquí no es escribir desde
ningún lado; es escribir desde un lugar que ha aprendido, a fuerza de historias
truncadas, que nombrar las cosas es el primer acto de resistencia.
Es en este
contexto donde mi escritura adquiere su dimensión política. El análisis
clínico-político presente en mi producción de textos actuales se sostiene en
antiguos textos auto-biográficos entretejidos en una estructura moebiana donde
lo íntimo y lo público son la misma banda. La herencia de la finca familiar
—espacio de un mandato patriarcal que intento transformar en reserva natural—
es también una reflexión sobre las instituciones de seguridad salteñas y sobre
el trauma de la desaparición de Ragone. Desde el análisis psicoanalítico me
encuentro atravesado por una doble herencia paterna: el Padre Privado
(Narcisista) que rechaza y excluye, y el Padre Público/Abuelo
(Simbólico/Mártir), Miguel Ragone, que representa la Ley ideal, el sacrificio y
la ética política.
Esta doble
herencia no es solo un dato biográfico: es una epistemología. Escribir desde
Salta, en 2026, con la IA como herramienta, implica asumir que la escritura
autobiográfica no ocurre en el vacío sino en la intersección de una historia
familiar, una memoria política y una geografía de fronteras —interior y
exterior— que definen qué se puede decir, cómo se puede decir, y a quién se le
puede decir. La transparencia de ese contexto no es una virtud añadida: es la
condición sin la cual ninguna interpelación auténtica a quienes se interesen
por leerme es posible.
III. La Reconfiguración de la Autoría y la
Identidad en la Narrativa Autobiográfica Mediada por Inteligencia Artificial:
Un Análisis Multidimensional
III.1. De la Autoría Romántica a la Hibridez
IA-Humana
El concepto
moderno de autoría que heredamos es, en buena medida, un invento del
Romanticismo europeo del siglo XVIII. La figura del autor como genio solitario
—aquel que extrae de las profundidades de su individualidad una obra que no
existiría sin él— fue construida en simultáneo con los sistemas legales de
propiedad intelectual y con los mercados editoriales emergentes. Foucault, en
su célebre conferencia ¿Qué es un autor? (1969), ya advirtió que la
función-autor es una construcción discursiva e histórica, no una verdad
natural. El autor, escribió Foucault, es una función del texto antes que su
origen.
Sin embargo,
en la práctica de la escritura autobiográfica, el mito romántico del autor
persiste con una fuerza particular, porque en este género la identidad del
autor y la del narrador se solapan programáticamente. Philippe Lejeune llamó a
esto el "pacto autobiográfico": el acuerdo tácito entre autor y
lector de que el yo que narra es el mismo yo que vivió. La entrada de la IA en
este espacio no disuelve el pacto, pero lo complica de manera decisiva. Si
parte de la prosa fue generada por un algoritmo, ¿qué ocurre con la identidad
que esa prosa construye? ¿Sigue siendo válido el pacto?
El marco de
Human-AI Collaboration in Writing (Carrera et al., 2025) identifica al menos
cuatro ejes de colaboración: la generación de contenido, la asistencia
estructural, la aportación creativa y la contribución analítica. En cada uno de
estos ejes, el autor humano conserva una función insustituible: la de árbitro
final de la verdad y la relevancia. Esta distinción es crucial. La IA, en mi escritura
no inventa el conflicto edípico con mi padre, no construye el vínculo con la
memoria de Ragone, no decide que la finca debía convertirse en reserva natural.
Esos contenidos emergen de mi experiencia vivida. Lo que la IA hizo —bajo mi supervisión
editorial constante— fue ayudar a articular esa experiencia en una prosa que
pudiera ser comunicada.
Esta
distinción entre la experiencia vivida (irreductiblemente humana) y la
elaboración lingüística (potencialmente asistida) es el fundamento de una nueva
concepción de la autoría híbrida. El autor ya no es el productor exclusivo de
cada palabra, sino el curador y supervisor de la totalidad de la obra. Como
señala el Informe Integral (2026): "No es cuántas palabras escribiste. Es
cuántas supervisaste." Esta reconfiguración no empobrece la autoría; la
complejiza y, en cierto sentido, la hace más exigente. La curaduría inteligente
requiere tanto o más juicio creativo que la escritura en bruto.
III.2. Transparencia Como Ética Posmoderna: La
Condición Situada
Si la
autoría romántica ocultaba sus condiciones de producción bajo el manto del
genio individual, la autoría posmoderna y situada las expone como condición de
posibilidad de cualquier afirmación de verdad. Esta es la apuesta ética central
de este ensayo. La transparencia no es una concesión al lector desconfiado ni
una estrategia de márketing editorial; es la única forma de hacer posible una
interpelación auténtica.
El Informe
Integral (2026) recoge datos de investigación periodística que muestran que el
94% de los lectores exigen saber cuándo se usa IA en la producción de textos de
no-ficción. Pero el mismo estudio señala algo más interesante: la transparencia
no disminuye la confianza, la funda. Cuando el autor declara su proceso
—incluyendo sus herramientas, sus limitaciones y sus decisiones—, no se
debilita frente al lector; establece con él una nueva forma de vínculo, más
honesto y más igualitario. "La transparencia —concluye el informe— es un
acto de poder, no una confesión de culpa" (Informe Integral, 2026, p. 5).
Esta
posición tiene antecedentes filosóficos sólidos. La epistemología feminista de
Sandra Harding y Donna Haraway, desarrollada desde los años ochenta, argumentó
sistemáticamente que el conocimiento es siempre situado: no hay perspectiva
desde ningún lugar, solo perspectivas desde algún lugar. La objetividad, en
esta tradición, no es la ausencia de posición sino la explicitud de la
posición. Aplicada a la escritura autobiográfica mediada por IA, esta
epistemología exige que el autor declare no solo su lugar de enunciación
geográfico e histórico, sino también sus herramientas y sus límites.
En Mi
Frontera Interior, esta transparencia opera en varios niveles simultáneos. Declaro
mi historia clínica (el análisis psicoanalítico), mi historia política (la
militancia en derechos humanos, el vínculo con la memoria de Ragone), mi
historia familiar (el conflicto con el padre, la herencia de la finca), y
ahora, en este ensayo, mi historia metodológica: la co-escritura con IA. Cada
una de estas declaraciones no debilita la voz autobiográfica; la ancla en la
realidad. El lector que me lee sabe que está leyendo a alguien con cicatrices
específicas, en un lugar específico, en un momento específico. Eso hace posible
la empatía, que es la condición de posibilidad de toda literatura.
III.3. La Inteligencia Artificial como Co-Autor y
Amplificador de la Voz Situada
Uno de los
argumentos más frecuentes contra la escritura asistida por IA es el de la
homogeneización estilística: los modelos de lenguaje, entrenados en corpus
masivos que tienden a reproducir las normas del centro, producirían textos que
borran las singularidades periféricas. Esta objeción es seria y merece ser
tomada en consideración. El documento Topología de la Frontera (2026) describe,
desde el análisis psicoanalítico, el riesgo de que la escritura quede capturada
en la "tendencias medias" de los datos de entrenamiento. Sin embargo,
esta objeción confunde la herramienta con su uso.
Cuando la IA
se usa bajo supervisión editorial estricta, no como generador autónomo sino
como amplificador de una voz pre-existente, el efecto puede ser exactamente el
opuesto: permite que voces que carecen del capital cultural o del tiempo para
producir una prosa pulida en forma autónoma puedan sin embargo acceder a la
articulación de sus experiencias más profundas. En el caso de Mi Frontera
Interior, la IA no impuso su voz media sobre mi voz salteña, mi posición
política y mi experiencia psicoanalítica ; ayudó a esa voz a encontrar la
estructura que le permitiera ser escuchada. La diferencia es fundamental.
El Informe
Integral (2026) cita la investigación de Carrera et al. (2025) para argumentar
que los creadores que mantienen supervisión total de las decisiones creativas
fundamentales sienten autoría; los que delegan esas decisiones, no. En la
práctica de escritura de Mi Frontera Interior, esto se tradujo en una
metodología precisa: yo aporto la experiencia vivida, los conceptos centrales,
las decisiones de estructura y el criterio de verdad final; la IA aportaba
alternativas de formulación, conexiones entre fragmentos, y coherencia
narrativa. Ninguna frase del texto final fue aceptada sin revisión crítica de
este autor. Es una escritura generada en proceso de co-escritura con IA bajo
supervisión editorial mía, situada en mi trayectoria vital y desde Salta.
Esta
metodología permite pensar la IA no como un sustituto del autor sino como una
prótesis comunicativa —para usar el término que aparece en el Informe Integral
(2026)— que extiende las capacidades expresivas del autor sin reemplazar su
agencia. La metáfora de la prótesis es más precisa que la del fantasma o el
plagiario: una prótesis amplía las capacidades de quien la usa, pero no camina
sola. El que camina sigue siendo el sujeto.
III.4. Intersecciones Epistemológicas: Género,
Memoria y Lugar
La
reconfiguración de la autoría que pienso en este texto no puede ser pensada en
abstracto: debe ser anclada en las intersecciones específicas que definen mi
voz. Tres de esas intersecciones son particularmente relevantes: el género, la
memoria histórica y el lugar.
En cuanto al
género, escribo abordando explícitamente la construcción de una masculinidad
post-hegemónica. Lo formulo en términos lacanianos: el sujeto transita desde el
"goce fálico" de la masculinidad dominante —representada por el padre
narcisista y el hermano— hacia un "goce del cuidado" que se
manifiesta en la transformación de la finca en reserva natural. Esta transición
no es solo terapéutica; es política. En un contexto como el salteño, donde las
instituciones de seguridad reproducen sistemáticamente la lógica patriarcal,
escribir sobre la propia masculinidad desde una perspectiva crítica es ya una
intervención en el debate público.
En cuanto a
la memoria, instalo el duelo privado por la figura de Miguel Ragone en la
continuidad del duelo colectivo por los 30.000 desaparecidos de la dictadura.
Esta operación es lo que denomino la "colectivización del duelo": el
dolor individual se inscribe en una cadena de sentido que lo trasciende y lo
vuelve transmisible. La escritura autobiográfica, en este contexto, no es un
ejercicio narcisista sino un acto de memoria activa. La IA, que puede ayudar a
organizar y articular esa memoria, deviene una herramienta al servicio de la
justicia histórica.
En cuanto al
lugar, Salta no es solo un escenario sino una epistemología. Las humanidades
del Noroeste Argentino se han construido históricamente en tensión con los
centros académicos y culturales de Buenos Aires, en una relación que replica, a
escala nacional, las asimetrías que existen a escala global entre el Norte y el
Sur del mundo. Escribir autobiografía mediada por IA desde Salta implica
intervenir en esa asimetría: usar las herramientas del centro para narrar las
experiencias de la periferia, en una inversión que es a la vez estética y
política. El NOA digital, para usar la metáfora que propone este ensayo, no es
simplemente el NOA conectado a Internet; es el NOA que usa las redes para
contar sus propias historias en sus propios términos.
III.5. Defensa Metodológica de la IA en
Autobiografía: Una Apuesta Filosófica Personal
Quiero ser
explícito sobre mi apuesta personal, porque creo que la transparencia lo exige.
Uso herramientas de inteligencia artificial en mi escritura autobiográfica por
razones que son a la vez prácticas y filosóficas. Las razones prácticas son las
que menos me interesan aquí: la velocidad, la posibilidad de explorar
formulaciones alternativas, la ayuda para organizar materiales que en bruto son
voluminosos y caóticos. Las razones filosóficas son las que sostengo como
fundamento de una ética de la escritura.
La primera
razón filosófica es que la escritura nunca fue solitaria. Los escritores
siempre tuvieron editores, correctores, lectores de confianza, referentes
intelectuales que influyeron en sus textos. La historia literaria ha ocultado
sistemáticamente esas colaboraciones para mantener el mito del genio
individual. Usar la IA de manera transparente es una forma de romper con esa
ocultación y mostrar la escritura como lo que siempre fue: un proceso social y
relacional. El Informe Integral (2026) señala precisamente esta paradoja
histórica: "Históricamente, escritores siempre ocultaron editores,
asistentes, lectores de confianza. ¿Por qué ahora queremos transparencia sobre
IA? Porque la IA es agente, no solo herramienta. Toma decisiones."
Esta última
distinción —la IA como agente que toma decisiones— es, paradójicamente, la que
justifica la transparencia pero no la que invalida el uso. Si la IA toma
decisiones, entonces declararla como co-participante del proceso es un
imperativo ético. Pero ese imperativo no exige la renuncia a su uso; exige la
responsabilización respecto de ese uso. El marco ético propuesto por el Informe
Integral (2026) es preciso en este punto:soy responsable de la veracidad de lo
que afirmo que pasó, de mi intención y de mi honestidad; pero no me siento
culpable de usar herramientas para ayudarme a narrar esa veracidad.
La segunda
razón filosófica es que en el caso específico de la escritura autobiográfica
desde contextos traumáticos —como la lucha por la memoria de la dictadura o el
trabajo sobre una masculinidad dañada—, la IA puede ser una herramienta de
elaboración del dolor que complementa, sin reemplazar, el trabajo terapéutico y
político. Mi escritura al respecto documenta el trabajo de duelo como
inscripción, no como olvido. La escritura, en ese marco, es parte del proceso
de simbolización de lo traumático. La IA, al ayudar a dar forma a ese proceso,
no lo trivializa; lo sostiene.
Anticipo el
contraargumento más serio: el que sostiene que la IA produce textos genéricos
que carecen de la singularidad estilística que hace de una autobiografía una
obra literaria y no simplemente un testimonio. El crítico Ted Chiang ha
argumentado que el arte es la acumulación de miles de pequeñas decisiones
conscientes que un algoritmo de autocompletado no puede replicar. Esta objeción
es válida para un uso de la IA en el que el autor delega las decisiones
centrales. No es válida para el uso que defiendo aquí, en el que yo conservo el
criterio de verdad final sobre cada frase. La diferencia entre un texto
genérico y un texto singular no está en si las palabras fueron generadas por un
humano o una máquina; está en si las decisiones sobre qué decir, cómo decirlo y
para quién decirlo fueron tomadas por alguien con una experiencia vivida
específica y una responsabilidad ética hacia sus lectores.
El Documento
Topología de la Frontera (2026) introduce en este contexto el concepto de
"rectificación subjetiva": el movimiento por el que el sujeto, en
lugar de repetir compulsivamente el dolor heredado, construye un borde que lo
contenga sin negarlo. La escritura de Mi Frontera Interior es, en este sentido,
una práctica de rectificación: no niego el mandato patriarcal de mi padre, no
niego el trauma de la desaparición de Ragone, no niego el silencio
institucional sobre la violencia de género en las fuerzas de seguridad. Los
inscribo. Los articulo. Los transmito. La IA me ayuda en esa inscripción, pero
la responsabilidad de inscribir es mía.
IV. Conclusiones y Apuestas Futuras: Una
Interpelación desde el NOA Digital
El argumento
central de este texto puede sintetizarse en tres proposiciones. Primera: la
autoría en la escritura autobiográfica mediada por IA no desaparece, sino que
se reconfigura hacia una función de curaduría, supervisión y responsabilización
que es tan exigente —o más— que la escritura autónoma tradicional. Segunda: la
transparencia radical del contexto situado —geográfico, histórico,
metodológico, personal— no debilita esa autoría; la funda como práctica ética y
la hace posible como interpelación auténtica al lector. Tercera: en el contexto
latinoamericano, y en particular en el Noroeste Argentino de 2026, la escritura
autobiográfica mediada por IA puede ser una herramienta de democratización de
la expresión, de transmisión de memorias traumáticas y de elaboración política
de identidades situadas, siempre y cuando sea ejercida con la responsabilidad
que la transparencia radical exige.
Las
implicancias de este argumento para escritores latinoamericanos son concretas.
La escritura autobiográfica tiene una larga y poderosa tradición en América
Latina: de las crónicas de Indias a los testimonios de los sobrevivientes de
las dictaduras, pasando por las memorias de los movimientos sociales y los
relatos de migración, el continente ha producido una literatura del yo que es
también una literatura del nosotros. La IA no amenaza esa tradición si se usa
al servicio de la experiencia vivida y no en su reemplazo. Lo que la amenaza es
la ocultación: usar la IA sin declararla es repetir, en un nuevo registro
tecnológico, la vieja operación de borrar las condiciones de producción del
texto para simular una autenticidad que nunca fue pura.
Para los
escritores como yo que operan desde la periferia —geográfica, económica,
cultural— la transparencia tiene una dimensión adicional de empoderamiento.
Declarar que se usa IA no es confesar una debilidad; es reclamar el derecho a
usar las mejores herramientas disponibles para narrar experiencias que de otro
modo podrían quedar silenciadas por las asimetrías del capital cultural y el
tiempo. En ese sentido, Mi Frontera Interior no es solo una obra sobre la
frontera interior de una subjetividad masculina en transformación: es una demostración
práctica de que es posible escribir desde la periferia, sobre la memoria
traumática, sobre el género y sobre el cuerpo político, con herramientas del
siglo XXI y una ética del siglo de los derechos humanos.
Las apuestas
futuras que se derivan de este argumento son múltiples. En el campo académico,
es urgente desarrollar marcos metodológicos específicos para la escritura
autobiográfica mediada por IA en contextos latinoamericanos, que atiendan a las
asimetrías de acceso tecnológico y a las particularidades culturales de las
tradiciones testimoniales regionales. En el campo editorial, es necesario crear
convenciones de declaración del uso de IA que sean claras, accesibles y no
punitivas, que fomenten la transparencia sin estigmatizar a los escritores que
usan estas herramientas. En el campo político, es fundamental que las
instituciones de memoria —como la Asociación Miguel Ragone— incorporen la
discusión sobre herramientas digitales de archivo, narración y transmisión de
la memoria histórica.
Termino con
una interpelación directa. Lector, lectora: ¿desde dónde lees esto? ¿Qué
cicatrices porta tu lugar? ¿Qué memorias lleva tu nombre? La pregunta por la
autoría en la era de la IA es, en el fondo, la misma de siempre: ¿quién
responde por las palabras? Mi respuesta, desde Salta, en 2026, en el cruce de
una herencia familiar difícil, de la memoria de un abuelo político
desaparecido, de la lucha por una masculinidad que no haga daño, y de una
escritura co-asistida que no esconde sus herramientas, es: yo respondo. Y al
hacerlo, te invito a que tú también respondas por las tuyas.
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